No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar. Se equivoca el agua, que por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna. No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta; se equivoca la que, por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.
No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo; se
equivoca aquél que por temor a caerse renuncia a volar por la seguridad
del nido. No se equivoca el hombre que ensaya distintos
caminos para alcanzar sus metas; se equivoca aquél que por temor a
equivocarse nunca acciona. Pienso que se equivocan aquellos
que no aceptan que ser hombre es buscarse a sí mismo cada día, sin
encontrarse nunca plenamente. Creo que al final del camino no te premiarán por lo que encuentres, sino por aquello que hayas buscado honestamente. El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.
Imagina
una mujer que cree que es correcto y bueno que ella sea mujer. Una
mujer que honra su experiencia y cuenta sus historias. Que no acepta
cargar con los pecados de otros en su cuerpo y su vida.
Imagina
una mujer que cree que ella es buena. Una mujer que confía en sí misma y
se respeta. Que escucha sus necesidades y deseos y los abraza con
ternura y gracia.
Imagina una mujer que ha reconocido la influencia del pasado en el presente. Una mujer que ha recorrido su pasado. Que ha sanado en el presente.
Imagina una mujer autora de su propia vida. Una mujer que inicia, se
esfuerza y se mueve en su propio nombre. Que no acepta rendirse, excepto
a su Ser más verdadero y a su voz más sabia.
Imagina una mujer
que nombra a sus propios dioses. Una mujer que imagina la divinidad a
su imagen y semejanza. Que diseña su propia espiritualidad y permite que
ella le informe su vida diaria.
Imagina una mujer enamorada de
su propio cuerpo. Una mujer que cree que su cuerpo es suficiente, tal
como es. Que celebra su cuerpo y sus ritmos y ciclos como un recurso
exquisito.
Imagina una mujer que honra el rostro de la Diosa en
su propio rostro cambiante. Una mujer que celebra la acumulación de sus
años y su sabiduría. Que se niega a usar una preciosa energía ocultando
los cambios en su cuerpo y en su vida.
Imagina una mujer que
valora a las mujeres en su vida. Una mujer que se sienta en círculos de
mujeres. Que le recuerdan la verdad sobre sí misma cuando ella olvida.
Durante las primeras etapas de la menopausia, algunas mujeres
experimentan un período de duelo que parece interminable. Este duelo es
una faceta de un poderoso proceso emocional de muerte y renacimiento. ¿Y
por qué la mujer debe pasar por un duelo durante esta fase de su vida? Experimenta un duelo porque muere psicológicamente y llora una pérdida porque suelta el dolor del mundo a través de su útero.
Si renuncia a identificarse con su fertilidad, con ser madre, amante,
esposa, secretaria, artista, recepcionista, mujer menstruante, conectará
cada vez más profundamente con el misterio intemporal de su propia
fuente interna.
La mujer es un insondable océano de amor,
un eterno manantial de devoción hacia la fuente de su Diosa interior. En
el fondo de su corazón desea de forma natural vivir en consonancia con
este lugar de amor devoto. Pero demasiado a menudo se ve obligada a
abandonar su santuario infinito de oscuridad lunar femenina para entrar
en la deslumbradora claridad solar del externo sueño mundano masculino.
Su realidad reside en la receptividad interna esencialmente yin. No es
la de la existencia, de los relojes, del tiempo y de las estructuras
lineales; sino que su realidad es innatamente cíclica, ovular, circular,
espiral. Cuando la mujer está demasiado ligada al mundo exterior de las
creencias irreales en torno a la menopausia, no puede abrazar
conscientemente el gozo y la libertad que hallaría si, en aquel momento,
entrase profundamente en su cuerpo.
Aunque el período
menopáusico significa un final, también ofrece la expansiva libertad de
los nuevos comienzos. Si la mujer se cree la tergiversación de la
sociedad moderna según la cual la menopausia es el fin de su vida como
mujer real, sufrirá. Por eso pasa por un proceso de duelo. Sufre
porque el mundo moderno no honra su poder gentil y misterioso, sufre
porque sabe, desde el fondo de su corazón, que ser mujer es mucho más
que la superficialidad de la sociedad contemporánea. Durante la
transición menopáusica, su universo interno de oscuridad la atrae
suavemente, gentilmente, profundamente y a menudo tumultuosamente hacia
si.
En la mitología antigua, la mujer era la seductora sirena
del mar que cantaba dulcemente a los náufragos para seducirlos y
llevárselos hacia las oscuras cavernas de sus profundidades oceánicas.
Nuestra civilización actual, la civilización que ignora el poder
emergente de las mujeres menopáusicas, no puede captar su profundidad,
porque prospera en las aguas superficiales de la irrealidad. Cuando
el dolor del amor insatisfecho entra en su útero, sucede a menudo que la
mujer suprime el dulce perfume de su esencia, para poder enfrentarse al
mundo exterior. Puesto que eso requiere una fuerza ajena a su ritmo
cíclico femenino, crea un caparazón duro y, al mismo tiempo frágil, que
esconde su vulnerabilidad y gentil fuerza. Durante el viaje de la
menopausia, la mujer se desprende de muchos dolores reprimidos, de forma
que su sabiduría amorosa puede resplandecer a lo largo de esta fase de
la vida que le concede la capacidad de realizar tantas cosas.
Mientras, durante esta purificación única, la sabia y amorosa conciencia
interna de su útero busca la liberación, la mujer a menudo derramará
lágrimas de dolor y pena por la pérdida de todo lo que nunca más podrá
ser.
Desde que empezó a menstruar, su profunda relación con el
cuerpo ha cabalgado de forma innata y fluida con el ritmo cíclico de las
fases de las mareas, las estaciones y la luna. Como su amada madre
tierra, la mujer experimenta eternamente un ciclo infinito de
nacimiento, muerte y renovación. Cada mes es nutrida y colmada por la
sabiduría de su ciclo menstrual, y cada mes potencialmente profundiza
más en el misterio de su ser. Lágrimas de amor, de nostalgia y de
remordimiento a menudo afloran desde una pena profunda que ha formado
parte del espíritu femenino durante siglos. Si se trata de una madre que
ha puesto todo el amor en sus hijos, puede que ahora deba enfrentarse a
la realidad de un nido y un corazón vacíos, ahora que sus niños han
crecido de golpe, han desplegado sus alas y han volado.
Ahora bien, en el interior de su vacuidad tiene, esperándola, el tesoro.
En el silencio y la calma tiene, esperándola, el poder. En el desahogo
de su duelo tiene, esperándola, el gozo y la luz radiante. ¿Por qué
se lamenta, pues, la mujer? Se lamenta porque esta pérdida inexplicable
parece casi insoportable. Aún no sabe que las bendiciones que recibirá
serán abundantísimas, porque antes debe experimentar el vacío. Se
lamenta porque no ha sido reconocida, comprendida ni amada. Y cuando la
preciosa copa, el cáliz sagrado de su útero, se haya vaciado del duelo,
empezará a prepararse para una vida de sabiduría y de paz llena de
gracia. Empezará a llenar su copa con la riqueza abundante de nuevas
bendiciones.
El proceso de duelo de la mujer durante la
menopausia es una purificación que limpia el lastre del pasado que hay
en su corazón, cuerpo, espíritu y mente. Las aguas purificadoras de
sus lágrimas la obsequian con un sentido profundo de gozo, fuerza y
libertad. Su nueva vida no puede emerger plenamente hasta que suelte
conscientemente todo aquello que no pueda acarrear en su viaje de poder y
sabiduría. La mujer sufre un duelo porque ha acumulado capas de
pensamientos, emociones y creencias que no corresponden a lo que ella es
verdaderamente. El duelo consiste en desprenderse de aquello que no
es real en su cuerpo, en su corazón y en su psique. El duelo es la
puerta de entrada de la sabiduría, el poder y la libertad.
La
mujer al cruzar la menopausia, se abre la oportunidad de experimentarse a
sí misma de una manera renovada y profundamente poderosa. Al dejar
atrás el desconcierto y el temor generados por la presión cultural y al
abrirse a la verdad que mora en su interior, la mujer encuentra un
desafío increíble para el que está mucho mejor equipada que cualquier
otro bípedo. Le es posible sentarse en consejo y usar el poder de la
sangre ahora retenida para crear un mundo armonioso a su alrededor.