..................................Cambiando Paradigmas .... Psicóloga. Verónica D. Montes ................
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martes, 18 de junio de 2013

los adictos al azúcar ... necesidad de ser amados

los adictos al azúcar ... necesidad de ser amados

El colapso general de nuestros chakras cardiacos, se debe a nuestra forma de vida en la que la alienación y la pérdida de valores, significa que muchos de nosotros experimentamos muy poco amor en nuestras vidas diarias.
Una razón de la confusión entre el azúcar y el amor es que el azúcar ocasiona un flujo de sangre al área cardiaca, y esto nos hace creer, a nivel incosnciente, que este chakra está siendo nutrido.
Ultimadamente, lo que el azúcar hace es debilitar las paredes del corazón y los vasos sanguíneos creando una tolerancia tal que necesitamos más y más azúcar para conseguir el mismo efecto.
El daño hecho en el chakra del corazón repercute fuertemente sobre el chakra del plexo solar.
La obstrucción de este centro conduce a sentimientos de autorechazo. Adicionalmente, cuando la energía del corazón está bloqueda, la persona no se siente amada, y los problemas del plexo solar se transladan a ello: "Debe haber algo malo en mí si nadie me ama."

El azúcar también tiene un poderoso efecto en el primer chakra, ya que toma la energía de éste para llevarla arriba y producir el efecto de energía en el corazón.

Las obstrucciones  del primer chakra pueden predisponer a problemas de aumento de peso o de alcoholismo.

El azúcar ES UNA DROGA, quizá no altere tu conciencia de una manera obvia e inmediata como el alcohol o las pastillas, pero produce cambios en el estado físico, emocional, mental y espiritual del usuario. Y como cualquier otra adicción, es devastadora en esos cuatro niveles.
Está en la naturaleza del todos los adictos negar que tienen una adicción.
Y también lo está apuntar hacia otros adictos y decir "Mi problema no es tan serio como ese". Especialmente los adictos al azúcar sufren de esta forma de negación, en parte porque en nuestra cultura se subestima grandemente el poder del azúcar como droga.
Los anuncios nos empujan a consumirla, las gigantes corporaciones alimenticias nos empujan a consumirla y las situaciones sociales nos empujan también. El azúcar se ha convertido en el mayor contaminante de nuestras comidas.
Por otra parte, la negación viene del hecho mismo de que el azúcar afecta el plexo solar, el asiento de la auto estima. Y para dar salida al auto odio resultante, los adictos al azúcar se comprometen en buscar fuera de ellos la adicción. Mantén una mente abierta acerca de esto.
Parte de esto quedará registrado y trabajará en tu conciencia superior, no importa cuan vehementemente lo rechaces a nivel conciente.

Cuando somos niños y nos enfermamos nos programan diciéndonos "Come -esto te dará fuerzas", aunque seguramente el ayuno nos iría mejor en tales situaciones. Entonces estamos programados desde la niñez para ver a la comida como una fuente de poder, y entre más fuerzas creemos necesitar para cumplir nuestra visión, más comemos buscando esta fuerza.
El combustible de nuestros cuerpos es la glucosa, nuestra primaria y más directa herramienta de poder.
Así es que el abuso de azúcar, que está estrechamente ligada a la glucosa, es parcialmente acerca de combustible, y nuestras comidas cada vez contienen menos energía debido a todo el procesamiento.
Confundimos comida con energía y comemos cuando nos sentimos drenados. Incluso los comerciales hacen ver al azúcar como una fuente instantánea de energía. Si la energía y la comida fuesen lo mismo, entre más comiésemos, más energía tendríamos.
Pero en lugar de ello, sobrepasarse comiendo causa un colapso de energía en todo el cuerpo.
La comida procesada ha perdido su energía, su fuerza de vida, y nosoros aún tenemos la expectativa de que la comida la contiene.


En muchas culturas y religiones, la comida se compartía en situaciones rituales. La comida era una declaración de amistad, un extraño que comía contigo se convertía en tu protegido.
El ritual de comunión en muchas religiones afirmaba la conexión de las almas cuando compartían el pan.

Hoy en día, comer juntos continúa siendo uno de nuestros principales actos sociales, aunque a menudo falte la comunión, falte la conexión entre los corazones y comamos de más para llenar el vacío.
sanando el vacío.. armonizar el centro energético plexo solar y corazón:
 El azúcar refinado es una forma cristalina, de manera que los adictos a ella pueden vibrar especialmente con los cristales, siendo el cuarzo transparente especialmente útil. Sin embargo, el cuarzo rosa es la piedra principal del chakra cardiaco , ten cerca un cuarzo rosa, medita con èl, duerme cerca de un cuarzo rosa.
cuando te den ganas de comer dulces: Necesitas una pieza de cuarzo rosa del tamaño de una nuez y una pieza de cristal transparente un poco menor. Sostén el cuarzo rosa en tu mano izquierda y el cuarzo transparente en la derecha. Cierra los puños y siente la energía subiendo por tus brazos hacia tu pecho. Abre el campo energético de tu corazón y estómago para que sea llenado por esta energía confortable y cálida.
 
 
 

domingo, 19 de mayo de 2013

El proceso febril en la infancia desde la medicina antroposofica

Lo que durante generaciones fue natural para toda madre, hoy es inaudito
 
Uno de los síntomas más alarmantes, que delatan el distanciamiento de la naturaleza por el que atraviesa el hombre de nuestra época es el que, de día en día, va perdiendo más el sentido necesario para interpretar los hechos fundamentales de la vida, o sea, para comprender la relación que existe entre la salud y la enfermedad. Se encuentra desamparado ante los procesos de su propio organismo, al haber disminuido su instinto de discriminación entre lo saludable y lo nocivo. 
Tanto es así que, hoy en día la mayoría de la gente sólo ve en la enfermedad un suceso molesto, y con frecuencia hasta peligroso, que debe eliminarse cuanto antes, preferentemente empleando vacunas preventivas, o bien con medicamentos de efectos radicales, aún cuando sólo se trate de una inofensiva fiebre catarral. Aquello que durante generaciones ha sido evidente y natural para toda madre, al hombre de nuestro tiempo le parece un concepto totalmente nuevo e inaudito. 
Nos referimos al hecho de que toda enfermedad propiamente dicha, o bien sus síntomas de carácter secundario, como la fiebre, puede tener como motivo un fin oculto de vital trascendencia para el desarrollo físico y anímico del individuo.
 
El miedo a la fiebre
Especialmente en el caso de las enfermedades infantiles los padres, conscientes de su responsabilidad y en su afán de velar por un ser indefenso y dependiente de la ayuda de sus semejantes, ven con angustia y espanto los aspectos, al parecer sólo negativos y peligrosos, de las enfermedades. 
Muchos padres, ignorando la relación de los hechos fundamentales entre sí, exigen del médico que elimine la fiebre con la mayor rapidez posible y algunos, neciamente, incluso juzgan la aptitud de aquel en función de la velocidad con que logre reducirla o extinguirla. 
Esta actitud tiene su origen en la falsa suposición de que la fiebre es una enfermedad en sí misma.
En efecto, hoy en día el mercado ofrece numerosos medicamentos por medio de los cuales el médico está en condiciones de disminuir, e incluso eliminar la fiebre en el término de pocas horas. Pero, lamentablemente, se le presta muy poca atención al hecho de que se hace cada día más necesario poner en el mercado nuevas "drogas prodigiosas" más potentes, debido a que las anteriores dejan de surtir efecto. 
Sin embargo parece ser que la relación "drogas peligrosas-eliminación de la fiebre-curación" carece de fundamento. A qué se debe, si no, el que a pesar de todo los médicos cada día tengan más trabajo y los hospitales no den abasto? Sin duda alguna, gran número de enfermedades en estado agudo pierden rápidamente su carácter violento gracias a esa clase de medicamentos, pero después de estos tratamientos se ve con frecuencia que el paciente no ha sanado en la verdadera acepción de la palabra -no se restablece del todo- aquejándole, a veces muy pronto, otro tipo de trastornos, pues los anteriores no han sido curados realmente, sino sólo tratados sintomáticamente, es decir, reprimidos.
El motivo de que se presenten más y más enfermedades sin estados febriles, tal como se observa hoy en día, no residirá quizás en que el hombre ha perdido el hábito de generar la "fiebre curativa" a raíz del empleo de medicamentos violentos? 
Sea como fuere, es un hecho indiscutible que el hombre civilizado apenas conoce en la actualidad la sensación de disfrutar de plena salud, se encuentra en un continuo estado de "suspenso" entre una especie de "semienfermedad" y "semisalud".
Hasta hace poco esta evolución se había limitado a los adultos. 
Sin embargo, es de lamentar que los "éxitos" médicos descritos se vayan extendiendo paulatinamente a grupos de individuos de edades cada vez menores, es decir, a escolares e incluso a párvulos y lactantes. 
Hay actualmente niños de dos o tres años que no responden a estos tratamientos, debido a que han tenido ya amplio contacto con los antibióticos existentes, y como los diversos gérmenes se han ido haciendo resistentes a tales medicamentos, la fiebre no se deja reprimir. 
Cada dos o tres semanas vuelven a presentar alguna enfermedad febril aguda. En ese momento se puede percibir la desesperada vehemencia con la que el niño que ha nacido sano desea experimentar y hacerle frente a una enfermedad, aunque sólo sea por una vez. 
Ese niño está vacunado contra todo, pero a pesar de ello, quiere ponerse a prueba a sí mismo en una enfermedad, quiere que le dejen hacer uso de sus propias capacidades curativas para fortalecer con ello su constitución.
Es obvio que en los casos de abuso de medicamentos nos encontramos ante manifestaciones degenerativas de nuestra civilización, degeneraciones que, por el momento, aún no constituyen normas. Pero tampoco cabe duda de que estas tendencias van en ascenso, de que el número de esos desdichados niños es ya enorme y de que seguirá en aumento. 

Del sentido de la fiebre
 
En la historia de la Medicina probablemente no haya habido ningún gran médico que no haya instruido a sus discípulos con gran énfasis en el hecho de que la fiebre no es una enfermedad sino algo semejante a un arma, de la que dispone y que produce el enfermo en su lucha contra la enfermedad. 
Para el médico que trata a sus pacientes aplicando principios biológicos, este concepto es obvio y en los últimos tiempos ha sido totalmente confirmado por la Medicina Académica. El profesor O. Westphal de Friburgo, quien ha vuelto a investigar los procesos febriles, dice al respecto: 
"La fiebre es sólo uno de los síntomas de una enfermedad. Hoy sabemos con toda certeza que la fiebre en sí es todo lo contrario de una enfermedad, es decir, que la fiebre es parte de los mecanismos de defensa del organismo contra las enfermedades infecciosas."

Ya hemos destacado que se pueden presentar complicaciones y recaídas y, ante todo, una convalescencia prolongada, a raíz de hacer desaparecer la fiebre prematuramente, sin combatir la enfermedad en sí en forma curativa. 
Además, extinguiendo la fiebre antes de tiempo, el organismo, con frecuencia, no genera inmunidad alguna contra esa determinada afección, de modo que, por ejemplo, una escarlatina cortada con antibióticos puede reincidir varias veces. Y es que el cometido real del médico no debe consistir en mitigar la fiebre, sino que sus esfuerzos deben dirigirse a la vigilancia de su evolución biológica, permitiéndole ejercer su función de factor beneficioso. 
Se sobrentiende que toda enfermedad puede presentar una evolución grave. En esos casos la naturaleza del tipo de fiebre pone en manos del médico importantes indicios para diagnosticar precozmente tales situaciones. Por lo tanto, es necesario consultar al médico cuando se presenten temperaturas altas, con el fin de que vigile el curso de la fiebre.
Sin embargo, es imprescindible que la persona que está al cuidado del enfermo esté persuadida de la acción benéfica de la fiebre y sepa que una potente reacción febril ayuda al paciente a restablecer la armonía perdida entre los procesos que tienen lugar en su organismo.
La inquietud interior inherente al temor a la fiebre y sus complicaciones, de las que quizás se haya oído hablar en alguna oportunidad, se transmite lamentablemente con demasiada rapidez al paciente, dificultando con ello los procesos de curación.
Estas consideraciones son aplicables muy en especial a los estados febriles de los niños. Hay niños vigorosos que presentan temperaturas hasta de 41 grados y a los dos o tres días están completamente sanos. Los padres que tienen experiencia ya han aprendido a recibir con agrado los estados de alta fiebre que acompañan a las afecciones agudas, como la gripe, anginas, o las enfermedades infecciosas infantiles ?principalmente el sarampión y la escarlatina. Reconocen en ellos el gran vigor con el que sus hijos se defienden de la enfermedad.
Igual que todas las crisis por las que se atraviesa en la vida, también la fiebre viene frecuentemente acompañada de manifestaciones desagradables. Puede causar una considerable afluencia sanguínea al cerebro con dolores de cabeza bastante fuertes. 
Se sobrentiende que, o bien el médico o bien la madre, intentarán detraer la sangre de la cabeza, ya sea con compresas frías en las pantorrillas, o poniéndole al niño medias mojadas, o haciéndole lavados de agua tibia con vinagre.
También hay que tener en cuenta el hecho de que algunas enfermedades se tornan sólo peligrosas cuando presentan alguna inflamación sin la alta fiebre correspondiente. 
La fiebre es, por consiguiente, una exteriorización plena de sentido de la vitalidad del enfermo. 

El sarampión
Los padres que observan con atención el desarrollo de sus hijos tienen experiencia de que toda enfermedad infantil, siempre que se sobrelleve de modo adecuado, redunda en beneficio del niño. En el sarampión es donde se observa con mayor claridad. Un sarampión fuerte se presenta con una especie de esponjamiento de la piel y las mucosas, lo que produce constipado o catarro, conjuntivitis, tos con secreción de flemas y, sobre todo, un ablandamiento de las facciones. Los rasgos se tornan borrosos, de modo que a menudo se observa una transformación hacia una fisonomía casi grotesca. Pero, una vez transcurridos dos o tres días, la hinchazón desaparece y, tanto la fiebre como las manifestaciones catarrales de ojos, nariz y bronquios, disminuyen. Paulatinamente, pero siempre con mayor claridad, aparece una expresión hasta entonces desconocida en el rostro del niño y, transcurrido un tiempo, a los padres alertas les llama la atención que hasta el parecido al padre o a la madre, que había tenido hasta entonces el niño, ha disminuido también y que ha surgido un rostro nuevo de expresión más individual. Se observan también otros cambios en el niño y desaparecen particularidades y dificultades que se habían observado hasta entonces en su carácter. 
Evidentemente el niño ha entrado en una nueva fase de su desarrollo. 
Para expresarse con toda exactitud podría decirse: ?El niño ahora está mejor encarnado: su cuerpo y su alma han llegado a una mejor compenetración?. 
Sólo es posible hallar una explicación más precisa para estos sucesos si se profundiza en el estudio de la más íntima relación entre los procesos que ocurren en el ser humano. Con ayuda del proceso febril, el niño ha conseguido vencer ciertas características adoptadas por transmisión hereditaria, logrando así encontrarse a sí mismo. 
Su propio ser, aquello que representa su propia personalidad, se ha impuesto. -con la ayuda del sarampión y la cooperación de la fiebre-.
Con esto nos hemos acercado a la comprensión del verdadero sentido de este tipo de enfermedades: el Yo del niño, es decir, su propio ser, que actúa dentro de él mismo, hace uso del aumento de temperatura al que nosotros llamamos fiebre para lograr su realización. 
Es a través de esa experiencia como consigue hacerse dueño y señor dentro de su propio reino. 

La fiebre escarlatina
Todavía no se reconoce suficientemente que en el organismo humano toda manifestación fisiológica no es tan solo un fenómeno químico, sino que simultáneamente, es también un instrumento de los procesos anímico ? espirituales. 
Esto queda demostrado brevemente en el ejemplo de la fiebre escarlatina.
Cuando en su senda hacia una alta meta, que considera digna de esfuerzo, al hombre se le presentan obstáculos difíciles de superar, a veces exclama montando en cólera: "Estoy que exploto!" 
Es decir, está que "se sale de sus casillas", de su envoltura, en la que se siente aprisionado. Su rostro enrojecido, la vena frontal hinchada, demuestran que su conmoción se extiende también a todo su cuerpo físico. 
Su energía volitiva acumulada quizás se descargue dando un puñetazo en la mesa, y así como en una exteriorización volitiva de esta especie los músculos del brazo son los instrumentos de un alma con voluntad propia que se levanta en cólera, así reside también, por ejemplo en la cavidad muscular del corazón, o sea, en cada uno de sus latidos, la voluntad espontánea de vivir que se genera en nuestra alma. 
Sí, efectivamente todo proceso térmico fisiológico generado en nuestro cuerpo es un transmitir de las fuerzas ocultas espontáneas de nuestro ser espiritual y anímico, siempre y cuando disponga de carácter volitivo. 
El calor es el portal a través del cual nuestra voluntad de vivir, que tiene su origen en el núcleo de nuestro ser, invade nuestro cuerpo, anidando en nuestro mundo emocional.
Por eso no establecemos simplemente una comparación al darle a la fiebre la denominación de cólera o ira orgánica, instintiva o espontánea. 
En realidad, cada uno de los procesos febriles es motivado por un incremento de nuestra voluntad de vivir. 
El enfermo de escarlatina se libera literalmente de su "envoltura", de su piel enrojecida que frecuentemente cae a jirones en un justificado ataque de ira y toma posesión de su cuerpo, de esa corporeidad que puede oponerle más de un obstáculo y más de una traba oculta a la ocupación del alma y del espíritu. 
Ese enfermo está tratando con vehemencia de poner en consonancia con sus necesidades el "modelo" que le ha impuesto su corriente hereditaria, ya que no siempre le viene bien. Precisamente una enfermedad dramática como ésta nos ilustra sobre el motivo oculto anímico-espiritual de la fiebre. 
Por lo tanto, toda ingerencia violenta en los procesos febriles representa al mismo tiempo un choque para el ser espiritual del hombre, significa debilitar su voluntad de vivir.
La reincidencia de los perjuicios provocados al eliminar la fiebre de manera inadecuada, en lugar de guiarla con inteligencia, ejerce, especialmente en los organismos en desarrollo, una acción perniciosa sobre la evolución de la personalidad, creando disposiciones a la abulia, o sea, a debilitar la voluntad y a cohibir la iniciativa vital, pudiendo llegar incluso a conducir a estados de melancolía y depresiones en la edad madura. 
Ocurre exactamente lo contrario con aquellos seres humanos que, en su infancia, han logrado poner en consonancia su individualidad con el "instrumento cuerpo" en formación, valiéndose de los procesos patológicos que haya exigido el giro de su destino. Estos seres seguirán siendo más sanos físicamente y más elásticos anímicamente. 

Con respecto al problema de las vacunaciones
 
Partiendo de lo expuesto, nos encontramos ante un nuevo aspecto de la gran responsabilidad que debemos asumir al vacunar, sin reflexionar, a nuestros niños contra todas clase de enfermedades infantiles. 
Nuestro concepto de que cada una de las enfermedades infantiles desempeña una profunda misión en el destino evolutivo de la personalidad, demuestra que el eliminar artificialmente las posibles enfermedades no es tan beneficioso, y de ningún modo tiene aspectos tan positivos, como se desea ver hoy en día. 
Sin embargo, si con continuas vacunaciones evitamos al organismo del niño la típica controversia con las enfermedades infantiles, tan beneficiosa en la mayoría de los casos, asumimos en pago -según Rudolf Steiner-, en nuestra función de médicos y de educadores, la obligación de activar y armonizar las fuerzas anímicas de nuestros niños con medidas pedagógicas adicionales, tal como se hace por ejemplo en la pedagogía de las Escuelas Waldorf.
Por otra parte, el educador deberá tener conciencia de que toda medida pedagógica provoca reacciones. 
Así como, por ejemplo, los accesos de cólera de un padre, o la educación exclusivamente intelectual del colegio, debilitan y perjudican el organismo infantil, la formación del individuo dirigida a cultivar y desarrollar su intelecto en equilibrio armonioso con su centro emocional y su voluntad, actúa fortaleciendo la relación entre el cuerpo y el alma y acrecienta con ello la resistencia del organismo contra las tendencias patológicas. 
No se ha reconocido aún lo suficiente la benéfica influencia que desempeña a este respecto, por ejemplo, la euritmia, adaptada al organismo en desarrollo y cuya aplicación es ya posible en la edad preescolar.
Nos limitamos aquí al ejemplo del sarampión y la escarlatina para exponer el sentido oculto de las enfermedades infantiles. 
Aquél que comprenda el encadenamiento fundamental aprenderá a ver los maravillosos procesos de la fiebre con otros ojos. 
Los observará con esmero y atención, pero ya no tratará de intervenir prematuramente y de manera abrupta en el curso de la curación partiendo de estrechos temores. 
El lugar del temor lo ocupará la admiración hacia estos sabios procesos de la naturaleza, así como la confianza en las fuerzas vivas de cada ser humano en desarrollo, que está tratando de abrirse paso hacia su corporeidad de las más variadas e individuales maneras. 

Artículo publicado en Perceval - Revista Espiritual de Occidente Nº 4  - Editorial Antroposófica

Las enfermedades en la infancia.. medicina antroposófica

Todavía hoy recuerdo con claridad el paño rojo sobre la lámpara. A pesar de haber transcurrido más de 40 años desde mi sarampión, aún persisten imágenes nítidas de aquellos momentos. Estar transitando una enfermedad eruptiva en aquella época era todo un acontecimiento en el que se mezclaban momentos de fastidio por la enfermedad y otros esperados como la visita de las tías que siempre traían revistas nuevas o algún juguete.
Por aquellos años no teníamos televisor, y cuando me sentía mejor y ya había leído todas las revistas, ejercitaba mi imaginación con las manchas de humedad de la pared.
Todas estas vivencias formaron parte de mi infancia, siempre bajo la figura tranquilizadora de mamá, quien pacientemente alargaba los pantalones después de cada fiebre, porque en aquella época la fiebre y las enfermedades eruptivas eran parte de la infancia de todos los niños.
Hoy, en el siglo XXI, parecería que los progresos científicos de las ultimas décadas, que permitieron evitar el padecimiento de ciertas enfermedades a través de las vacunas, han producido una nueva clasificación de las mismas y, con una visión estrecha, se podría concluir que si es posible evitarlas es porque son malas y sus complicaciones más graves de lo que parecen. En esta línea de pensamiento se tiende a combatir los síntomas naturales de defensa del organismo como si fueran la verdadera enfermedad, por ejemplo la fiebre.
Como padres, nada nos genera más angustia que ver a un hijo enfermo. Ver a nuestro pequeño en aparente estado de indefensión debiendo soportar el trance de la infección hace que nos invada un sentimiento de impotencia y, si pudiéramos, seriamos capaces de tomar su lugar para evitarle el sufrimiento.
Ante este cuadro muchos padres, presionados por el miedo e influenciados por la costumbre de eliminar los síntomas, tratan desesperadamente de bajarle la fiebre al niño a cualquier precio y le practican baños de agua fría, compresas heladas y utilizan medicamentos antitérmicos, a veces más de uno y en altas dosis, para asegurarse que la temperatura se normalice lo mas rápido posible.
Así, en la desesperación, eliminan la primera respuesta efectiva del organismo ante la infección, como si a ese pequeño que está intentando balbucear sus primeras palabras lo hicieran callar violentamente.
Debemos comprender que la fiebre es un mecanismo inicial de respuesta, común a todas las infecciones, que permite defenderse al organismo mientras comienza a organizarse la respuesta específica de los anticuerpos que a veces puede tardar varios días en ser efectiva. La ciencia ha comprobado en trabajos de investigación que por cada grado de elevación de la temperatura corporal la replicación viral disminuye exponencialmente.
Para la medicina de concepción antroposófica las enfermedades infantiles acompañadas de fiebre cumplen un rol fundamental en el desarrollo del niño. El desafío de tener que enfrentarse a organismos ajenos a su individualidad obligan al niño a ejercer acciones de defensa en las que interviene su Yo a través de una voluntad orgánica que no es consciente pero que fortalece y afianza la Voluntad (consciente) en cada triunfo sobre la enfermedad, preparándolo para los desafíos y dificultades que se le presentarán en la vida futura.
En la lucha contra las enfermedades infecciosas, se activan procesos en el cuerpo, como la fiebre y la inflamación, que producen destrucción y eliminación de proteínas. Este hecho representa para el niño la oportunidad de renovar su constitución corporal formada a partir de las proteínas que aportaron sus padres en la concepción, y así construir su cuerpo con nuevas proteínas que posean un exclusivo sello propio. Por lo tanto, un niño con sus procesos febriles cambia sus proteínas y llega a los 7 años con un cuerpo renovado, totalmente adecuado a esa personalidad única e irrepetible.
Si miramos al Ser Humano desde la visión antroposófica, en su estructuración cuaternaria, con un Cuerpo Físico o térreo, con un Cuerpo Vital o acuoso, con un Cuerpo Astral o cuerpo de sensaciones sustentando en el organismo aéreo y un Espíritu u Organización para el Yo manifestado en el organismo calórico, comprenderemos mejor la acción del Yo en la fiebre, como también la participación de éste en el sistema inmunológico que representa lo más elevado de nuestra individualidad corporal, capaz de discernir eficientemente lo que es propio de lo que es ajeno. Si consideramos los procesos febriles en toda su magnitud y actuáramos respetándolos como hechos naturales con consecuencias trascendentes estaríamos contribuyendo al desarrollo adecuado de nuestros hijos.
La práctica médica diaria nos muestra que los niños de los últimos años poseen menos defensas naturales; bastaría comparar el recuento de glóbulos blancos de niños sanos actuales con registros de hace 20 años y veremos una marcada disminución en los primeros.
Vivir en la sociedad del siglo XXI implica gozar de grandes beneficios pero también resignar ciertas libertades. Por un lado, el desarrollo tecnológico nos permitió mejorar cada vez más la calidad de vida y extender las expectativas de vida. Por otro lado, estamos obligados a vivir en un ambiente cada vez más artificial y contaminado, además debemos cumplir con programas de vacunación obligatorios para nuestros hijos que los privan de la posibilidad de contraer las enfermedades infantiles habituales que representaban un antes y un después en su desarrollo.
Debemos considerar también el tipo de alimentación que podemos ofrecer, con frutas y hortalizas, carnes y cereales tratados para su conservación, con lo que se pierde muchas veces la condición de producto fresco. Hasta la leche, el clásico alimento de los niños, se comercializa esterilizada (libre de bacterias); y si pretendemos aportarles lactobacilos debemos comprarlos por separado en yogures y alimentos probióticos que están adicionados con edulcorantes y conservantes químicos. De esta manera, reducimos drásticamente el ingreso al organismo de pequeñas cantidades de bacterias contenidas en los alimentos naturales que son útiles para estimular las defensas a través del intestino.
Si a ese panorama sumamos el abandono precoz de la lactancia materna y el ingreso temprano de bebes muy pequeños a los jardines maternales, exponiéndolos así a infecciones virales frecuentes antes de que estén capacitados para defenderse, obtendremos como resultado a niños inmunológicamente débiles con una muy aumentada probabilidad de padecer enfermedades alérgicas, asma y enfermedades autoinmunes, siendo también más propensos al cáncer durante la vida adulta.
Para quienes vivimos en la ciudad resulta casi imposible escapar de esta realidad, entonces debemos tratar de reducir los impactos negativos sobre la inmunidad de nuestros hijos con acciones simples pero concretas. Por ejemplo:
  • Ofrecer una alimentación lo más natural posible, eligiendo alimentos frescos y si es posible orgánicos; con un mínimo contenido de aditivos. Recomendamos leer la composición de los alimentos envasados.
  • Prolongar la lactancia materna hasta mas allá del año de vida.
  • Desalentar el consumo de golosinas, jugos artificiales y comida chatarra.
  • Retrasar el ingreso de niños muy pequeños a jardines maternales.
  • Respetar la evolución natural de las enfermedades febriles evitando el uso de antitérmicos, dando así al organismo la posibilidad de crear defensas adecuadas.
  • Evitar el uso indiscriminado de antibióticos; recordemos que más del 90 % de las enfermedades infantiles son virales y no son necesarios.
  • Evitar la aplicación de vacunas fuera de las estrictamente obligatorias. Reclamar al medico la aplicación de toda nueva vacuna que aparece es distraer la inmunidad del niño, y en algunos casos, quitarle la oportunidad de padecer enfermedades benignas en la infancia que pueden ser graves en el adulto. Ninguna nueva vacuna garantiza inmunidad de por vida; por lo tanto, si evitamos un padecimiento para el cual está preparado en la infancia lo desprotegeremos en la vida adulta. La única inmunidad duradera es la que se adquiere con la enfermedad.
  • Estimular las actividades que impliquen contacto con la naturaleza, evitar la vida sedentaria moderando el tiempo de exposición ante computadoras y televisores.
  • No fomentar las actividades intelectuales en niños pequeños, ya que desgastan la vitalidad que necesitan para sus defensas y su crecimiento.
Sabemos que podemos considerar muchas medidas más, pero si comenzamos a poner en practica las que están a nuestro alcance, estaremos orientando ya a nuestros hijos hacia un futuro más saludable.
Miguel Ángel Fernández (médico pediatra de orientación antroposófica)

viernes, 22 de marzo de 2013

Reset Intestinal

El ayuno trae múltiples beneficios: descanso digestivo, autofagia que permite una gran desintoxicación y curar todas las enfermedades. Para diferentes cuadros se necesitan diferentes programas de ayuno los que, en algunos casos son muy largos...
La limpieza Reset Intestinal nos reporta en medio día un beneficio que se obtiene en una ayuno prolongado, de unos 7 o más días con enemas diarias; me refiero a la limpieza intestinal, que además de toxinas, barre parásitos, alcaliniza, limpia de mucosas y excretas de años. Esta limpieza cura el cáncer.
Combina un yoga kriya (técnicas de limpieza orgánica) que se hace bebiendo agua de mar o salada y la teoría de Tulio Simoncini sobre el cáncer, la cual comparto.

Técnica:
Al levantarte, en ayunas se bebe una botella* de agua* con 11 cucharaditas* de Bicarbonato de sodio (NaHCO3), luego, al rato otra botella con 9 cucharaditas y luego otra con 7. A partir de ahí seguimos tomando botellas de sólo agua hasta defecar agua limpia, lo cual tomará toda la mañana.
Es importante beber varias botellas de sólo agua, mínimo 3, para eliminar no sólo las excretas sino también el bicarbonato.

Botella:750 ml
Agua: desclorada (reposada, de filtro, etc.)
Cucharaditas: de las de té al ras.


El bicarbonato aumentará el movimiento peristáltico procurando evacuarlo, arrastrando las excretas y parásitos a su paso. Se puede experimentar hinchazón por un rato hasta que los sólidos se abran paso por los intestinos. Si éstos están cargados o hay constipación, el agua puede no avanzar a tiempo y estaríamos bebiendo con el agua aún en el estómago lo que provocará deseos de vomitar.
Es conveniente realizar movimientos estomacales cómo el uddiyana bandha o movimientos ondulatorios cómo los de la danza del vientre para favorecer el tránsito intestinal.
Conviene hacer unos días previos de alimentación que favorezca el tránsito intestinal (hojas verdes y otras verduras, frutas, semillas) Eliminar productos de origen animal, lácteos y refinados.

Resulta genial cómo forma de vaciar los intestinos al comenzar un ayuno, cuando se experimenta dispepsia, gases, constipación crónica y cómo terapia contra el cáncer.
Esta técnica no reemplaza la terapia colónica que puede ser más eficaz a la hora de limpiar excretas de años, mucosas, parásitos y costras endurecidas que tapizan los intestinos, causadas por la ingesta sostenida de lácteos, harinas refinadas, carnes, alimentos cocidos y, en el caso de lxs fumadorxs endurecidas cómo yeso por la nicotina.
Tempoco reemplaza los múltiples beneficios del ayuno que limpia a nivel sanguíneo, histológico y celular.


Dragon Ecologista (  http://www.dragonecologista.com.ar ) 

Ku Klux Klan de la Salud

Venenos blancos que son usados cómo alimentos 
causando verdaderos estragos en nuestra salud.



 Leche y productos lácteos: 
(...)
La industria láctea es un negocio multimillonario y para sostenerlo lisa y llanamente te están mintiendo.
Con justa razón se afirma: "Hay más crueldad en un vaso de leche que en un pedazo de carne". Y adhiero a muchos autores en una controvertida consideración: “Es más peligroso para la salud humana el consumo de lácteos que el de carne”.

¿Cómo se obtiene la leche?
Para que una vaca produzca leche debe estar embarazada. En la jerga de la industria láctea el recinto donde se insemina artificialmente a las vacas se denomina "potro de violación". La vaca es encerrada y un veterinario se pone un guante de látex (¡Hasta el hombro!) e introduce su brazo completo en la vagina de la vaca. Cuando nazca su becerro, para robarle la leche en beneficio (sólo monetario) de l@s human@s, es necesario privarle, a aquel, de su alimento. Será separado de su madre, con desesperación y sufrimiento de amb@s; es sabido que el ferviente instinto materno de protección y el estrecho vínculo con su cría son una constante en la naturaleza. La cría será alimentada con una mezcla líquida e inmovilizada para evitar el desarrollo muscular. Esto le causará una Anemia Ferropénica, con lo que su "carne" será blanda y pálida y, a los pocos meses de vida, será enviada al matadero, para ser convertida en carne de ternera. Para extender el tiempo y producción de leche (hasta 10 veces lo natural), la vaca es inyectada con Hormona de Crecimiento Vacuno (prohibida en Europa por cancerígena. Ver documental La Corporación), que le causa mastitis sus mamas, que a menudo llegan hasta el suelo con forúnculos que supuran pus y sangre, experimentando mucho dolor continuo. La producción de leche merma, de todos modos, por el ciclo natural del destete y la vaca es violada otra vez, separada de su cría otra vez y así varias veces a lo largo de una penosa vida en la que pasará horas enchufada a una máquina que a menudo además de leche, no infrecuentemente arrancará de sus mamas también pus y sangre. La llamada "vaca lechera", que incluso en la India termina sus días en el matadero (Ver  documental Earthlings), será enviada enferma y exhausta al matadero cómo carne de segunda, tras 4 o 5 años de esta tortura infernal, cuando en libertad habría vivido 20.
Todo ese estrés y adrenalina es consumido por la “humanidad lactante” que paga el karma de la cosificación de la vida con sus tortuosas enfermedades. No es casual que la ingesta de lácteos esté directamente relacionada con el cáncer de mama.

Harinas Blancas: 
Son altamente mucogénicas. Te recuerdo que con harina blanca y agua formamos engrudo, también llamado cola de trigo, la cual tiene un poder de adherencia 20 veces mayor que la cola vinílica. Éste pegamento empasta la vellosidad intestinal, impidiéndonos asimilar los nutrientes de los alimentos; de tres longitudes de la vellosidad, la más cercana a la pared intestinal está dedicada a la absorción de vitaminas, con lo que al comer harinas blancas (panes, fideos, galletitas, tortas, pastas, pizzas, etc.) estamos debilitando enormemente nuestro sistema inmunológico. Ésta mucosa es sustrato y alimento ideal para que se desarrolles parásitos que comen de la energía que debería estar disponible para vos, te debilitan y te enferman.
Los órganos de depuración del cuerpo (hígado, riñón, pulmones) son cómo esponjas. ¿Te imaginás lo difícil que es limpiar una esponja llena de pegamento? Las harinas blancas aportan al cuerpo calorías vacías, requieren mucho esfuerzo de digestión y consumen las reservas de micronutrientes.
Lo mínimo es reemplazarlas por harinas integrales y mejor aún por el grano entero integral, siendo lo ideal relegar los cereales a una acotada proporción de la dieta y consumirlos germinados y crudos, pudiendo utilizarse en preparaciones deshidratadas o fermentadas, leches de semillas, etc.

Azúcar Blanca: 
Es un psicoactivo de uso legal con el que nos drogamos y drogamos a l@s niñ@s. 
Tiene efecto ansiolítico y antidepresivo; genera euforia. Es altamente adictivo, alimento del cáncer y altamente acidificante. El azúcar común es sacarosa, un disacárido compuesto por glucosa y fructosa. Al ser desprovisto, en el proceso de refinamiento, de las enzimas, vitaminas y minerales que naturalmente lo acompañan en la caña de azúcar o la remolacha, el cuerpo realiza un esfuerzo enorme para su metabolismo, ya que requiere de todos esos micronutrientes. Al igual que el harina blanca son calorías vacías y combustible celular de absorción muy rápida, por lo que en el momento de ingerirla se genera un pico de glucosa en sangre. La híperglucemia (subidón de energía) se debe al esfuerzo del cuerpo por devolver el equilibrio, equivalente a darle un latigazo a un caballo. Los nutrientes que pasan a la sangre deben ser usados o bien almacenados. La ingesta de azúcar refinado siempre representa un exceso, ya que equivale a agregar un montón de hojas secas a una fogata, ésta arderá por un corto tiempo y luego se extinguirán las llamas. El cuerpo no puede simplemente arder aumentando el calor por lo que deberá transformar el azúcar en grasa, sobrecargando el hígado. Rápidamente vendrá el pico de hipoglucemia (bajón anímico-energético). Éstos picos de concentración de la glucosa en sangre, generan adicción. Pronto no podremos "divertirnos" o pasarla bien sin esa droga, que además genera acostumbramiento y vuelve tosco el paladar por lo que deberemos aumentar la dosis. Esa es la causa por la que muchas personas pierden el gusto por los alimentos naturales, simplemente no les sienten sabor. Así comenzamos a degenerar nuestra alimentación consumiendo todo tipo de productos llenos de aditivos químicos.
Podés empezar sustituyéndola por hojas de Estevia (Hierba dulce) que además de endulzar es una planta medicinal y ayuda a regular la glucosa en sangre. Es además no-calórico, sin las desventajas de los edulcorantes artificiales (aspartamo, acesulfame k, etc) que son cancerígenos, Frutas pasas, con las que podés elaborar una miel hidratándolas en y procesándolas con agua o Miel de ágave. 
Otros endulzantes naturales pero que han pasado por procesos calientes que han destruido sus enzimas son: Estevia en polvo o extracto, azúcar integral, chancaca (panela, rapadura, azúcar mascabo), melazas, arropes, siropes, miel de cereales... es interesante el hecho que los cosechadores de caña de azúcar, a pesar de pasarse la jornada masticándola, presentan un índice normal de glucemia en los análisis de sangre.

Lo ideal es plantear una estrategia para salir de la adicción y poder volver a disfrutar del exquisito sabor de las frutas y alimentos vegetales al natural. A tal fin, un proceso efectivo es pasar una onda encantada (13 días) sin féculas ni frutas. Pudiendo consumir verduras, proteínas vegetales y grasas vegetales (Ver clasificación en el apartado Trofología. Más sobre el azúcar: Ver libro Sugar Blues.)

¿La sal de la vida o sal asesina? 

La sal marina, flor de sal y sal del Himalaya, son algunas sales naturales, todas tienen la misma exacta proporción de minerales que nuestro plasma sanguíneo (84 minerales esenciales en contraposición con sólo dos elementos en la sal refinada) esto es simplemente porque la vida se originó en el mar. Otra opción es la “sal vegetal” obtenida de tostar y moler algas de mar. Todas estas sales naturales son alcalinizantes. 
El consumo de sal refinada es causa de diversas enfermedades tal cómo hipertensión, gota, esclerosis, celulitis, aumento del ácido úrico, cálculos en hígado y riñones, osteoporosis, artritis; es acidificante. Se utilizan químicos para blanquearla, y antiaglutinantes cómo el silicoaluminato de sodio que es causante de Alzheimer.
Es importante no cocinar la sal ni el aceite, sino agregarlos al final de la preparación y disolver la sal marina antes de agregarla, ya que si la añadimos en forma sólida gran parte no se llega a ionizar y eso nos da sed que es un síntoma de envenenamiento. La sal marina puede ser evaporada al sol o por hervor, lo ideal sería averiguar cual es la procedencia y método de evaporación y elegir la que no ha pasado por calor y constatar que no tenga proceso de refinamiento.
Otra opción es salar con agua de mar, incluso se pueden cocer alimentos en agua de mar. Hay que tener en cuenta la dosis. En un litro hay 35 gramos de sal marina. La dosis recomendada por la OMS es de 2,5 a 6 gramos por día, eso lo encontramos en 70 y 170 gr o ml de agua de mar respectivamente. Una cucharadita de sal representa 5 gr que los encontramos en 140 gr o ml de agua de mar. (También hay variación de concentración de sales entre diferentes mares y conviene averiguarlo antes. Averiguar también si la presencia de contaminantes en el lugar de donde se extraerá supera los máximos saludables).
Todas las células de todos los organismos regulan la presión osmótica con sodio, es decir que los alimentos naturalmente tienen sal y no es necesario añadirla. Sin embargo dado que la sal marina ayuda a la desintoxicación del organismo y a contrarrestar los efectos de la dieta equivocada y el medioambiente contaminado, sobre todo por su contenido en magnesio y oligoelementos, considero que podemos beneficiarnos con un uso comedido de sal natural.
Salar y condimentar los alimentos, tanto cómo las transformaciones culinarias y combinación de sabores inhibe   el centro de saciedad llevándonos a comer de más. Los alimentos deshidratados nos permiten comer sin hambre. El “hambre selectivo” no es verdadero hambre sino ansiedad o glotonería, si no tenemos hambre para una manzana significa que aunque nos apetezca y “nos entre” una galletita, no tenemos en ese momento disposición ni capacidad digestiva para beneficiarnos con ese alimento.

 Viabilidad Nutricional de la Dieta Vegana
  Sobre la dieta vegana (La cual excluye todo tipo de carnes, lácteos, huevos y miel) dice la Asociación Americana de Nutrición que, bien llevada, “Es saludable para todas las etapas de la vida”.
Debemos comprender que lo caprichoso, extremista e incluso peligroso es aferrarse al paradigma imperante y no conseguir asomarse siquiera por encima de los muros de las costumbres y puntos de vista.
Vivimos en el extremo de la artificialidad y la inconciencia...


En el Reino del Revés:
El paladar comanda la dieta.

Despilfarramos los tesoros de la Naturaleza para satisfacer el deseo y escapar del miedo.
En la carrera de producción y consumo consumimos también nuestra propia vida.
En EEUU el tratamiento médico es la 3ª causa de muerte evitable.

En Argentina, primer consumidor de carne del mundo (72 kg/hab/año) las muertes por enfermedades relacionadas directamente con la dieta a base de carne, tal cómo cáncer y enfermedades cardiovasculares son, por supuesto, también las que encabezan las estadísticas y  tenemos una ley nacional que obliga a suplementar el harina con hierro, porque adiviná qué:  la carne causa anemia.
 
Suiza primer consumidor mundial de lácteos es también Nº 1 en enfermedades directamente relacionadas con la ingesta de los mismos, tal cómo cáncer de mama, diabetes y osteoporosis, porque, entre otros efectos, adiviná qué: la leche descalcifica.
 
Nos acostumbramos a padecer numerosas enfermedades a lo largo de la vida, a tomar fármacos de la cuna a la tumba y que nos llegue la muerte a los 70.

Nos acostumbramos también a la infelicidad y la injusticia, la destrucción ambiental y a que mueran de hambre dos personas por segundo.

No es sorprendente, entonces, que nos resulte extremista e incomprensible la elección de la dieta vegana, estilo de vida frecuentemente motivado por sentimientos altruistas, ecologistas y de compasión. 
Pero veamos cómo es viable al tiempo que altamente deseable desde el punto de vista de la salud.
Si miramos con atención, las contradicciones y fisuras del sistema se ven por todos lados.

Empecemos con el mito de las proteínas;
 éstas tienen sobretodo carácter estructural, formando los tejidos del cuerpo. El momento de mayor requerimiento proteico de nuestra vida es, por lo tanto, cuando somos bebés, ya que estamos formando nuestro cuerpo. El alimento exclusivo diseñado por la naturaleza para esa etapa es la leche materna. Resulta impactante y esclarecedor ver que el contenido de proteínas de la leche materna es 0,9% ¡Menos del uno por ciento!
Somos primates, frugívor@s, tenemos el pulgar oponible justamente para trepar a los árboles, tomar y pelar la fruta, la cual contiene las exactas proporciones de nutrientes que necesitamos. Es un 80% agua al igual que nosotr@s y contiene alta proporción de fructosa, combustible de fácil absorción, (que no necesita de insulina para atravesar la membrana celular). Alta concentración de vitaminas, enzimas y minerales y una pequeña y adecuada cantidad de proteínas y grasas esenciales.
También demuestra nuestra condición dietaria el largo de nuestros intestinos; l@s carnívor@s lo tienen de una y media a tres veces el largo del cuerpo, lo que le permite obtener beneficio y echar fuera rápidamente las toxinas de la putrefacción, en cambio nosotr@s lo tenemos 8 veces más largo!

El exceso de proteínas es altamente acidificante y tóxico abriendo el terreno para toda clase de enfermedades cómo artrosis, gota y agota... la energía del organismo! 
Por eso incluso l@s animales carnívor@s, quienes tienen el ácido clorhídrico estomacal 2000% más concentrado que el nuestro, viven considerablemente menos que l@s no-carnívoros.
Además las proteínas no usadas para construir células deben ser quemadas cómo combustible, lo cual es altamente ineficiente ya que, deben ser convertidas a glucosa primero o bien antes de eso en grasa para ser almacenada y, en el momento de necesidad fisiológica de energía, ser entonces sí convertida en glucosa para ser metabolizada.

La grasa saturada y cocida es un cancerígeno perfecto.

Somos la humanidad lactante ¿Será por eso tanta inmadurez? 

Nunca en la naturaleza tomamos lácteos toda la vida y mucho menos de otra especie. 

A los tres años de edad dejamos de producir lactasa, la enzima que digiere el azúcar mayoritario de la leche. Tomar leche careciendo de lactasa es sinónimo de que ese azúcar será fermentado por microorganismo de la flora de nuestros intestinos, desequilibrando su balance y volviéndose patógenos. Tal es el caso de la Cándida Albicans. 
Todo muerto por cáncer presenta, al momento de su autopsia, una colonización masiva por Cándida; ésta es la enfermedad, el cáncer la estrategia del cuerpo para intentar aislarla. 
Tod@s somos intolerantes a la lactosa, sólo que unos organismos felizmente son más sensibles que otros.
La Caseína, la proteína mayoritaria de la leche, es usada en la industria cómo pegamento, por ejemplo para las etiquetas de las botellas. Ese pegamento es uno de los causantes del cáncer de colon. 
La leche de vaca tiene 1000% más caseína que la leche humana (además forma coágulos mucho más duros y difíciles de digerir.) y la vitamina B12 es sólo la quincuagésima parte (cincuenta veces menos) de la cantidad encontrada en la leche humana. La leche humana tiene dos parte de calcio por cada parte de fósforo (esta es la proporción necesaria para la absorción del calcio en human@s); en la leche de vaca encontramos una proporción de 1,3 partes de calcio por cada parte de fósforo, el cuerpo debe completar la proporción descalcificando huesos y dientes. 
En China donde tradicionalmente nunca se consumieron lácteos, la osteoporosis, padecimiento muy raro, es llamada la enfermedad de la mujer rica (la única que podía consumir lácteos importados).

Deberíamos comprender que no sólo es ciencia la investigación, lo activo, racional, yang, el método hipotético-deductivo que conduce muchas veces a resultados falsos, sesgados por los puntos de vista (ad-hoc), sino también la observación pasiva de lo que empíricamente (en la práctica) funciona. 
Y lo que funciona desde siempre, aún antes que la mente humana estuviera ahí para intentar explicarlo, es la Naturaleza.

Veamos por un momento un archivo olvidado de la historia médica. En 1952, durante la presidencia de Perón, Ramón Carrillo, primer ministro de salud de Argentina, con el asesoramiento de la Asociación Naturista de Buenos Aires (Naturismo es sinónimo de vegetarianismo) implementó  un plan de salud que constaba, entre otras cosas, de divulgar en radio y diarios los beneficios de comer sin carne (De esa época data el libro “1000 recetas sin carne” de Blanca Cotta, famosa cocinera argentina) y la necesidad de que en cada comida hubiera algo crudo. 
Esto último debido al conocimiento de los trabajos de Dr. Kouchakoff quien descubrió que todo alimento cocido causa un aumento repentino de los glóbulos blancos en sangre que es una respuesta común al ingreso de cualquier patógeno o agente extraño al organismo, lo que demuestra que este nunca se adaptó a la alimentación caprichosa. 
La carne cocida genera la respuesta más violenta evidenciando el estado de envenenamiento. 
Los alimentos que naturalmente nos apetecen crudos, debido a nuestra constitución biofísico-espiritual son las frutas y las verduras. 
El Plan Carrillo consistía también en dar dieta vegetariana en los hospitales. 
El resultado fue que en pocos meses cerraron clínicas y hospitales, entre ellos el Hospital Santojani, por falta de enfermos. 
A causa (más que a pesar) del abrumador éxito, el Dr. Carrillo fue defenestrado y perseguido debiendo exiliarse en el extranjero, el Plan fue erradicado y pronto olvidado y borrado de la historia. 
Con lo cual a pocos meses las cosas volvieron a la normalidad, es decir, los hospitales volvieron a verse colapsados, abarrotados de enfermos.

Animate a asomarte por encima de tus paradigmas y a experimentar! 
Viví más, viví mejor, comiendo frutas y vegetales! 
Sanar la contradicción espiritual que conlleva contradecir nuestra empatía natural por el viejo mito del “mal necesario” te devolverá mucha energía y felicidad!

Abra-zoos y salud!
Inti Ari Sol Lunar
(Escrito para Revista Liberación Animal)
Ariel Rodriguez Bosio
Arcoiris Universal

lunes, 14 de enero de 2013

La alimentación del niño en la edad escolar, mirada antroposófica

 

La alimentación del niño en la edad escolar, mirada antroposófica 

( de Escuela Waldorf Cuarto Creciente.. cuartocreciente.edu.ar )

El niño que llega a la edad de aprendizaje escolar está más solicitado por sus órganos nerviosos y sentidos. Debe recibir una alimentación rica en raíces como zanahoria, remolacha, nabo, rabanito y ciertas nueces (especialmente avellanas). 

En la edad escolar podemos diferenciar a los niños, de acuerdo con su temperamento, en cuatro tipos fundamentales: 

1- El niño colérico – fogoso, fuerte y dominador, osado y hasta agresivo, de andar fuerte y acompasado, que reacciona a las oposiciones y es autosuficiente. Para esos niños la alimentación rica en hojas y tallos es importante; no se le debe dar avena y sí centeno y frutas. También raíces y de preferencia crudas: zanahoria, apio y nabo. Deberán recibir carne y legumbres (arvejas, porotos, lentejas) en poca cantidad. 

2- El niño sanguíneo – leve, aéreo, “burbujeante”, distraído, despierto y activo, en general sin paciencia para comer. Esos niños deberán recibir trigo, centeno, harinas, nueces y así mismo carne para que se vuelvan más ligados a la tierra. Los dulces deben ser evitados. Las sustancias amargas son adecuadas. 
 
3- El niño flemático – El niño es indolente, lento, pausado, muchas veces linfático, alegre y satisfecho de sí y de la vida, y tienen mucho interés por la comida. Para esos niños reducimos los hidratos de carbono y las grasas. Los condimentos para ellos deben ser estimulantes. La leche no es muy recomendada pero cuando se le da, debe ser acidificada. Las frutas ácidas y el limón son muy indicados; vegetales principalmente raíces y frutas (menos banana y palta). De los cereales podemos dar avena y arroz sazonado con curry principalmente. 

4- El niño melancólico – Terrestre, muy vuelto para sí, de aspecto precoz, pálido y triste, con dificultad de comunicación “sufridor” y soñador. La alimentación de ese niño deberá constar de frutos dulces, miel, cereales (usar bastante avena y cebada), vegetales de hojas, frutos y flores, condimentos, un poco de carne blanca, dieta mixta y estimulante. Una alimentación pesada no le hará bien. 

Si el temperamento es muy unilateral, podemos ayudar a equilibrarlo a través de la alimentación. 
En la edad escolar debemos principalmente tener en cuenta el ritmo de la alimentación, pues en el segundo septenio (de los 7 a los 14 años) todo se arraiga profundamente en el ser, tanto las buenas como las malas costumbres alimentarias.