..................................Cambiando Paradigmas .... Psicóloga. Verónica D. Montes ................
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miércoles, 30 de octubre de 2013

La Pedagogía Waldorf . Metodología, Fundamentos

La base de la Pedagogía Waldorf es concebir al hombre en armonía físico-mental-espiritual en la práctica educativa, partiendo de la visión antroposofica, la educación responde a las necesidades actuales y futuras del hombre.
Sus principios son pautas en la Trilogía del Organismo Social, que partió de la revalorización de los impulsos de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
En el inicio del siglo pasado, Rudolf Steiner retomó la idea de la Grecia antigua, que dividía la vida humana en diez periodos de siete años, o septenios y las fundamentó para la enseñanza aplicada a la Pedagogía Waldorf.

Del periodo entre la infancia y adolescencia se da importancia a los tres primeros , en las franjas de 0 a 7 años, de 07 a 14 años y de 14 a 21 años (las edades son aproximadas debido a factores que anticipan algunos acontecimientos), periodo en que el niño y el joven reciben educación en la escuela.

Los Setênios:
De 0 a 07 años (madurez escolar)
- El niño está abierta al mundo;
- Tiene confianza ilimitada;
- Recibe impresiones sensoriales;
- No elabora juicio o análisis;
- Está en la fase del desarrollo motor;
- Las percepciones inadecuadas son almacenadas en el inconsciente (no comprende el pensamiento de los adultos);
- Aprendizaje por imitación;
- El educador Waldorf debe ser digno de ser imitado, pues en esa imitación inconsciente estará fundamentando su moralidad futura. 

- Característica: El bueno.
De 07 a 14 años (madurez sexual)
- Desarrollo anímico;
- Emancipación de la vida corporal;
- Interacciona y reacciona a los estímulos que recibe;
- Necesita de explicaciones conceptuales;
- Interés por la admiración que las cosas causan;
- Vivencia en el área de los sentimientos (sale sentido entra sentimiento);
- Pubertad (12/14 años) perturba la armonía anímica;
- El profesor Waldorf debe saber el que es bueno o no para su alumno y entusiasmarlo, debe tener "autoridad amorosa"; 

- Característica: El bello.
De 14 a 21 años (madurez social)
- Libertad de las fuerzas anímicas;
- Desarrollo del lógico, analítico y sintético;
- Se separa del mundo (ve el mundo de fuera);
- Quiere explicaciones conceptuales e intelectuales;
- Quiere ser comprendido;
- El profesor Waldorf debe ser digno de respeto.
- Característica: El verdadero.
Las características del proceso evolutivo del aprendizaje y transmisión del conocimiento requieren un gran conocimiento por parte del profesor Waldorf, y la acción pedagógica debe ser el agente facilitador de este proceso, pues cuando las respuestas a las expectativas de los estudiantes son atendidas el aprendizaje tiene carácter significativo.
El estudiante debe tener un acompañamiento de su desarrollo íntegramente, pues pasa de la infancia a la adolescencia en la escuela.
Es la educación trascendiendo la transmisión de conocimiento y cultivando despacio y con cariño el intelecto y la sensibilidad humana.
La Pedagogía Waldorf nos enseña a trabajar la formación del individuo, que es: el llegar, hacer y ser. Tener más sabiduría que conocimiento

La Escuela Waldorf
El currículo de la Pedagogía Waldorf, de acuerdo con La Antroposofía, tiene como base las fases del desarrollo del niño, y cabe a la escuela proveer estas necesidades independientemente de la imposición de gobiernos o fuerzas económicas, también debe incentivar la creatividad para tener un niño con pensamiento libre que se tornará un joven con madurez social.
Jardín de la Infancia :
Siguiendo los principios de los Setênios, el foco está en el juguetear imitativo y en la imaginación para que se desarrolle el pensamiento crítico, preparándolas para el segmento escolar.
El niño es tratado con individualidad siendo respetado el desarrollo de su talento y capacidad. Los profesores trabajan con el objetivo de crear en la escuela un ambiente armónico incentivando la creatividad, y para que eso ocurra, las actividades propuestas son: cuidar del jardín, crear juguetes, hacer pan para la merienda, formas libres con materiales naturales. 

Enseñanza Fundamental :
Además de poseer el mismo currículo de otras escuelas, pero vuelto para los objetivos de la educación Waldorf, el joven es preparado para el ejercicio de la ciudadanía plena y cultivando en el niño él el espíritu científico investigativo, dando significado al aprendizaje.
Las actividades que complementan el currículo son: música, trabajos manuales, actividades artísticas, euritmia, astronomía, filosofía, geometría, jardinería, inglés y alemán.
Las materias son revistas varias veces, dando una nueva y más profunda visión del contenido para que se respete el desarrollo del niño.

Bachillerato :
La preocupación es con una formación amplia e integrada las solicitudes del mundo actual con un pensamiento objetivo y crítico.
Los alumnos del Bachillerato de las Escuelas Waldorf han conseguido éxito en selectividades, probando que el contenido curricular atiende las necesidades de los alumnos en la búsqueda de la graduación.
En las Escuelas Waldorf no hay repeticiones de año y ni atribución de notas, la evaluación es hecha en una especie de informe con observaciones del desarrollo del alumno.
En los ocho primeros años, cada clase tiene un profesor responsable para acompañar el desarrollo del niño, y del noveno al décimo-segundo año, el acompañamiento de los jóvenes es hecho por tutores y los profesores de las demás disciplinas.
En el décimo segundo año, cuando finalizan sus estudios en las Escuelas Waldorf, los jóvenes presentan un trabajo de búsqueda con un tema de su preferencia, como en una monografía.

La primera escuela Waldorf nació en un momento histórico muy importante, al finalizar la Primera Guerra Mundial. Respondía al impulso, sentido también en los años 20 por otros muchos pedagogos, por modernizar la enseñanza base de cualquier desarrollo social cuando muchas viejas formas y estructuras exigían un cambio profundo. Rudolf Steiner , creó la pedagogía Waldorf basándola en un conocimiento profundo del hombre y del mundo. Partiendo del pensamiento de Goethe, desarrolló un método de observación e investigación científica que hace posible conocer al hombre total y al hombre que va creciendo, por etapas, en cada niño. Rudolf Steiner, que conocía bien los problemas sociales y la vida cultural de principios de siglo, no solamente quería mejorar las escuelas existentes, sino que se propuso dar una nueva fundamentación a la escuela sobre la base de una concepción antropológica y cultural que denominó Antroposofía.
La Escuela Waldorf de Stuttgart, creada en Septiembre de 1919 para los hijos de los obreros de la fábrica de cigarrillos Waldorf Astoria, tenía unos claros fines sociales. Rudolf Steiner daba también clases nocturnas a los obreros de la fábrica y se encargó asimismo de preparar y formar a los maestros fundadores de la Escuela.

La Vida En La Escuela Waldorf:
La Comunidad Escolar
Una Escuela Waldorf necesita para existir una relación fructífera con la sociedad. Para ello, la característica fundamental, que debe vivirse es la Libertad.
Los intereses de partido, los grupos de poder y presión, las leyes económicas basadas en el beneficio y las directrices confesionales de los Estados no deben limitar la libertad del quehacer pedagógico.
Las escuelas Waldorf son escuelas libres, formadas exclusivamente «por el trabajo conjunto y colegiado de los profesores y por el estrecho contacto y participación de los padres que forman parte de la Asociación de padres y maestros, que colaboran en la administración de la escuela y participan en el proceso educativo y formativo de los escolares».
Un vínculo de confianza recíproco entre padres y maestros se cultiva intensamente en reuniones periódicas, visitas a las casas de los niños y en el trabajo común por la escuela. 
Esta particularidad no lleva a la formación de «ghettos», sino más bien al contrario, ya que además de los lazos que se establecen con instituciones públicas o privadas, la relación padres-maestros y el conocimiento, por parte de éstos últimos, de los factores sociológicos del entorno hacen posible el «puente» entre escuela y sociedad.
Bajo el principio de que la vida cultural debe vivir la libertad, el profesor es libre ante su clase porque conoce a cada niño y sabe cómo propiciar su desarrollo. 

En el «organismo escolar» también está presente la vida económica, en una Asociación sin ánimo de lucro, autogestionada por padres y maestros y con una intención común en lograr lo «mejor» en la educación de sus hijos, sería difícil no encontrar la «ley» que debe manifestarse en esta parcela: 
La vida económica debe vivir en la solidaridad o fraternidad. ¿Cómo lograr esta solidaridad?
Cada escuela busca la fórmula más adecuada, pues en algunos países estos centros están subvencionados por el Estado. Sin embargo, un principio fundamental es que cada familia participe y fije su «cuota» según sus posibilidades económicas.
Ningún niño tiene vedada su entrada en estas escuelas por motivos económicos (y en algunos casos, en los folletos de información se indica este detalle). 
También los profesores reciben un sueldo de acuerdo con sus necesidades o en proporción a ellas, sin tener en cuenta si posee títulos, si es profesor de jardín de infancia o docente comun. Esta manera de tratar lo económico exige naturalmente una mayor conciencia y responsabilidad. La vida de las relaciones humanas también se intercala entre la cultural y la económica.
Estas relaciones están basadas en el respeto a la dignidad humana.
Todos los hombres tenemos los mismos derechos y distintas obligaciones en base a nuestra responsabilidad.
La vida de las relaciones humanas debe vivir en la igualdad. En una escuela Waldorf confluyen personas de medios sociales muy distintos, pero que en la comunidad escolar se encuentran para trabajar por un objetivo común. 
Toda escuela Waldorf, aunque se organiza de acuerdo con las características sociológicas y culturales del país o ciudad donde se sitúe, tiene una particularidad notable: es un organismo vivo con tres «escuelas», la de niños y chicos, la de padres y la de maestros.
Las tres «escuelas» realizan un proceso continuo de aprendizaje, teniendo en cuenta, naturalmente, las diferentes áreas de desarrollo y conciencia en el organismo escolar.
La Escuela De Maestros:
El Reciclaje Continuo
En todas las escuelas Waldorf, el «Claustro» reúne una vez por semana a todas las personas que trabajan en el colegio: Profesores de los distintos niveles, secretaría y administración, jardineros, etc, etc. Durante cuatro o cinco horas se tratan temas pedagógicos, aportaciones especiales de alguna persona, problemas de organización, planificación, problemas especiales de algún niño (todo ello indica la calidad de esta asamblea), etc. 
También los profesores de los diferentes ciclos y áreas tienen otras reuniones de programación, etc.
En el seno de este «Claustro» se nombra, previo ofrecimiento, de forma rotativa, a un equipo directivo que tiene la máxima responsabilidad en los aspectos educativos para la vida de la escuela. El Consejo de administración delega en esta Junta de Profesores toda la gestión cotidiana, aunque los padres sean los encargados de «ejecutar» las decisiones necesarias para el sostenimiento del centro. Del trabajo del «Claustro» y de la «Junta de Profesores» verdadero corazón de toda la escuela Waldorf— surge la actitud de libertad y respeto con la que el profesor se enfrenta en su trabajo cotidiano de clase. Por otro lado, los profesores participan una o dos veces al año en cursillos internacionales con otros colegas y en grupos de trabajo con profesores de escuelas públicas o privadas. 

La Escuela De Padres:
Una Participación Viva
Una escuela Waldorf, como ya se ha dicho más arriba, la forma una «Asociación conjunta de padres y maestros». El «Consejo de Administración», elegido rotativamente, administra y gestiona el colegio. Diferentes comisiones de padres asesoran y colaboran con este Consejo, asumiendo funciones y responsabilidades dentro del colegio: representación ante entidades públicas, mantenimiento, obras, asuntos sociales, talleres de artesanía, organización de fiestas, etc. Por otro lado, los padres participan también en la elaboración del programa escolar: hay reuniones mensuales con los padres de cada clase. Las explicaciones de los maestros ayudan a los padres a comprender los porques de la metodología Waldorf y, del mismo modo, las sugerencias de los padres son atendidas por los maestros.

La Escuela Waldorf.
Un Centro Cultural
En una institución Waldorf, las actividades culturales se unen a las pedagógicas: conferencias sobre temas muy diversos, cursillos de arte (pintura, modelado, euritmia) y talleres (metales, carpintería, tejido, juguetería y artesanía), etc, están abiertos a padres, amigos y vecinos del colegio. Otros actos culturales, como conciertos de la orquesta del colegio o recitales de solistas, representaciones de teatro y euritmia atraen por su calidad, la atención de muchas personas que viven en la zona.

Hay tres actividades particulares de los Colegios Waldorf: 
  1. • Las representaciones mensuales de teatro, en las que los chicos del colegio muestran a los padres alguna experiencia pedagógica realizada durante el mes en la clase.
  2. • La puesta en escena de un clásico por la clase de 8º de EGB con varias funciones públicas para padres y amigos.
  3. • Los mercadillos de Navidad, donde participan intensamente los padres en la preparación, venta y organización. 
El fruto de los diversos talleres de trabajo se ofrece a la venta junto con productos naturales, y teatrillos, conciertos y charlas se suceden en un día o dos de «puertas abiertas». Con todo ello queremos dar una idea de la vida que late en estas escuelas que, al mismo tiempo, se insertan en el medio geográfico y humano. 
Hay escuelas Waldorf en áreas rurales, en núcleos urbanos, en ciudades pequeñas y en zonas industriales, en países ricos y en países pobres. Un ejemplo de esta adaptación al medio lo muestra claramente la Escuela Waldorf de Hibernia situada en la cuenca del Ruhr, en Herne. Cuenta con más de 1.000 alumnos y cerca de 80 docentes. 

Es una escuela integral que reúne distintos tipos de escuelas: Jardín de Infancia, enseñanzas primaria y secundaria, formación preparatoria profesional, formación profesional técnica, de ciencias sociales, escuelas técnicas de metalurgia, electricidad, madera, textil, asistencia social y bachillerato. 
Esta escuela, que tuvo sus orígenes en los talleres de la Sociedad Minera Hibernia, es autogestionada por padres y maestros, está reconocida oficialmente y representa una alternativa de planificación escolar y educativa con respecto a las reformas escolares impuestas «desde arriba». Según un estudio realizado recientemente, el 70% de los padres son obreros con diversas cualificaciones, el 18,5%, empleados y funcionarios y el 9% de ellos ejercen profesiones liberales. Un principio de esta escuela consiste en concebir el trabajo práctico como medio de formación general, encaminado a conseguir una nueva calidad de aprendizaje.
Todo movimiento social es un «proceso de aprendizaje», por lo cual el potencial innovador de una sociedad reside en su capacidad de aprender. 
Esta capacidad de aprender autónomamente sólo puede desarrollarse mediante una pedagogía que conciba la educación como ayuda a la autorrealización del individuo. Así, en las escuelas Waldorf, mediante la cooperación de padres, docentes y demás personas o instituciones implicadas en los procesos educativos, se intenta que las experiencias pedagógicas y culturales generen nuevas formas de participación en concepciones, decisiones y responsabilidades tanto individuales como sociales.

La meta primera de un maestro Waldorf es la de «despertar las facultades individuales del niño».
Obviamente, el criterio del rendimiento del alumno se acepta sólo parcialmente. «El éxito del alumno como única medida de su rendimiento y como criterio de selección, conduce, más que a un fomento auténtico de sus dotes intelectuales, a una explotación de las mismas».
El pedagogo Waldorf sabe que, a cada proceso de aprendizaje y en cada «rendimiento», actúan conjuntamente un número grande de fuerzas psíquicas y espirituales. 
No se da sólo importancia a una asignatura concreta sino a la acción conjunta de las aptitudes que se desarrollan en los diversos campos de la enseñanza.
La ínterinfluencia de las distintas disciplinas hace posible un crecimiento armónico de las facultades psíquicas y su adecuada metamorfosis en las diferentes etapas evolutivas.
En este sentido, con el programa Waldorf se pretende equilibrar la adquisición de conocimientos intelectuales con la constante práctica de actividades artísticas y artesanales.
Las diferentes asignaturas y actividades se integran en un conjunto coherente y orgánico. De esta manera, el profesor, que conoce las facultades psíquicas potenciales del niño, trabajará diariamente para la coordinación entre la esfera consciente de las percepciones sensoriales y representativas, en la esfera semiconsciente de la sensibilidad, la emotividad y la memoria, y la inconsciente de la voluntad, con el objetivo de equilibrar esas tres fuerzas interiores del hombre:
las del pensamiento, las del sentimiento y las de la voluntad.

La programación escolar Waldorf se hace en función del desarrollo fisiológico y psíquico del niño.
Es decir, el plan de estudios tiene en cuenta las diferentes etapas evolutivas del niño (las aceleraciones provocan a la larga daños irreversibles) y la realidad social del entorno.
El plan escolar no puede ser fijo sino que debe recrearse en cada momento y adaptarse a cada niño, lo que exige la continua preparación del profesor.
De aquí que el mismo profesor acompañe a la misma clase desde 1º a 8º de Básica, lo cual ayuda a conocer profundamente a los alumnos. 
Este profesor de las materias intelectivas es acompañado a su vez por un equipo de profesores que dan asignaturas artísticas o artesanales (euritmia, pintura, educación física, carpintería, forja, etc.).
El profesor-tutor trabaja sus asignaturas intelectivas por el «método de períodos» en la llamada «clase principal». Durante 3-4 semanas se trabaja en una asignatura cada mañana por espacio de 2 horas; después vienen las asignaturas artísticas, rítmicas y artesanales, que se dan en días fijos en forma continuada. Se pueden enumerar otras características de las escuelas Waldorf: por ejemplo, el hecho de que no existan notas. El trauma del «fracaso escolar» y del cultivo de la competitividad no se produce aquí.
El profesor de «clase principal», que conoce bien a sus alumnos, elabora a final de curso un boletín que caracteriza las facultades de cada chico y su situación real, en qué debe mejorar, etc.
Los chicos de un grupo continúan juntos los 13 años de formación de EGB y BUP y, al final, unos van a la Universidad y otros a la Formación Profesional o artística. 
Lo decisivo es que el joven, ya sea como enfermera, intelectual o artesano, puede situarse en la vida con una amplia formación cultural. (A este respecto existe un estudio elaborado por el Ministerio de Educación alemán donde se detallan porcentajes sobre profesiones de diversas promociones de alumnos Waldorf: Der Spiegel nº 51/81).
En todos los cursos, los alumnos elaboran los libros de texto de todas las asignaturas. La Biblioteca de clase es un elemento principal para fomentar la consulta y la lectura.
Desde 1º de Básica se estudian de manera viva dos lenguas extranjeras y los chicos y chicas participan en todos los trabajos artesanales. Las materias se enseñan de forma que los chicos vivan los procesos, descubran las leyes de la naturaleza y se despierte su interés por el mundo, los seres y las cosas. 

Todas las asignaturas tienen la misión de despertar facultades y la presentación que de la materia hace el profesor y su actitud depende de la etapa evolutiva en que se encuentren los alumnos. Podríamos añadir otras características, pero la descripción total del programa o plan de estudios no tiene cabida en este corto artículo. Para concluir, reseño lo que un profesor ha dicho de la Escuela Waldorf: 

«Nosotros vemos en la enseñanza misma y en la educación un proceso artístico. De ese modo, la actividad pedagógica se entiende como una promoción de las facultades de comprensión, de la creatividad y de la responsabilidad social que se despliegan en el individuo. Así la pedagogía se convierte en una participación creadora en el proceso de cada hombre y de la sociedad». 

El perfil de un Maestro de Unidad Educativa posee un perfil de características comunes ya que su amor incondicional al trabajo, no se limita a "trabajar de maestro" sino que viven su profesión con total entrega, entusiasmo e ilusión.
Estas características deberían ser comunes en todos los profesionales de la enseñanza a niños, pero gran parte de ellos sólo son funcionarios con un título que les acredita para trabajar y recibir una remuneración por su trabajo, el cual cumplen impecablemente rigiéndose a un plan o método que establece metas globales a conseguir por sus alumnos en una etapa periódica, que incluye exámenes y pruebas evaluatorias para todos los alumnos por igual, mismas que determinan el hecho de que el alumno sea quien se adapte al método y no al contrario. Afortunadamente esto esta cambiando.

En Bolivia, en la ciudad de El Alto, tenemos como un inicio de una pedagogía Sociocrítica en la Unidad Educativa “Mariscal Sucre” iniciada en 1998 - 2002 por un personal dirigido por el Mtro. Eddy Justo Cusicanqui Flores Su certeza total de que su trabajo no implica "saberlo todo" y así erigirse en la fuente de respuestas inagotable para las expectativas de unas mentes ávidas de aprender cosas nuevas.
Son conscientes de que, si bien son necesarias unas metas globales a conseguir por el colectivo de niños de la misma edad, también lo son que hay niños que necesitan una especial atención para que su interés por el aprendizaje no le resulte ni monótono ni competitivo.

Holistica:
Es un proceso evolutivo para descubrir y comprender los puntos esenciales del Ser Humano de manera global, a fin de facilitar su crecimiento y su desarrollo integral en armonía con cada una de sus dimensiones y manifestaciones.
Holística, es una palabra que procede de la voz griega “holos” que se expresa como un prefijo hol u holo y significa “todo o totalidad”. Indica también “integro y organizado”.
El término íntegro procede del latín “integer”, significa totalidad, entereza o unidad intacta. La holística es un adjetivo que se refiere a la manera de ver las cosas enteras, la “integridad del todo en su relación armónica con sus partes” 

El propósito del enfoque Holístico es aplicar con eficiencia la sabiduría práctica, de manera que el Ser Humano aplique de inmediato el conocimiento para el persistente fomento de su bienestar y se permita ser cada día más útil, saludable y feliz.
Es de resaltar que la Holística no pertenece a ninguna corriente filosófica, científica o religiosa.
Es un proceso libre y universal como lo es el aire que respiramos, la energía solar o el método científico. Es un proceso sistemático para la comprensión o creación integral de cada una de las dimensiones y manifestaciones del Ser humano de manera global en su proceso evolutivo. Cualquier concepto, principio filosófico, principio científico o procedimiento tecnológico donde se aplique la Holística, se caracteriza por cumplir el criterio principal de la eficiencia. Este consiste en que sea simple, sencillo y práctico de comprender, aplicar y evaluar. Por ello este proceso es considerado la fuente de la sabiduría práctica. Se basa en el principio: “el conocimiento es la fuente de la sabiduría, el no aplicar el conocimiento para el fomento de nuestro bienestar, es no conocer todavía”.
En la visión holística de la interacción del ser humano consigo mismo y con el entorno se tiene presente que el propósito fundamental de la filosofía, la ciencia y la tecnología, en conjunto con los avances científicos y culturales, es el de fomentar el pleno desarrollo integral de cada una de las dimensiones del Ser humano para que consolide el máximo potencial de bienestar o salud holística.
Para consolidar y mejorar continuamente este propósito se tiene presente la integración complementaria y simbiótica de los más eficientes y versátiles principios o fundamentos de la ciencia y de la tecnología. Entendiéndose como complementario una asociación de dos o más eventos para mejorarse o perfeccionarse y como simbiótica, a la relación reciproca ganar – ganar, donde todos salgan bien satisfechos.

Educación Holística es un proceso evolutivo global que se aplica al proceso enseñanza-aprendizaje, integrándose de manera complementaría y simbiótica los más eficientes y versátiles avances de la ciencia, el arte y la didáctica.
Integrándose de manera complementaria para mejorarse o perfeccionarse y con seguridad, consolidar el desarrollo del máximo potencial del Ser humano o su Salud Holística.

Educar para la vida es facilitar con amor, paciencia y persistencia la sabia aplicación de las herramientas en el proceso evolutivo del Ser humano para que desarrolle todas sus potencialidades, cultive su sabiduría y deje fluir con seguridad el crecimiento y desarrollo del máximo potencial de todas sus dimensiones manifestándose con sabiduría y amor.

Eddy C Flores . Psicólogo

domingo, 19 de mayo de 2013

La Vida en septenios


En una biografía, el desarrollo de los septenios guarda estrecha relación con la transformación de los cuerpos constitutivos del hombre. De esta manera, estas transformaciones darán origen a las sucesivas etapas biográficas o septenios.
Recordemos que la Antroposofía es una cosmovisión del hombre, la cual nos permite conocer cada uno de los cuerpos que lo conforman. 
Estos cuerpos son:

  • Cuerpo físico,  lo visible y conocido.
  • Cuerpo etérico o vital, impregna el cuerpo físico y le da vida.
  • Cuerpo astral o cuerpo de sensaciones,  permite que el hombre sienta.
  • Yo o individualidad, aquello que nos hace inéditos y distintos a todos.
Sobre estos cuatro cuerpos se desarrollan los septenios o la biografía humana. 


Clasificación de los septenios
 
Básicamente, podemos hacer una triestructuración: 


Septenios del cuerpo Del nacimiento hasta los 21 años
Septenios del alma Desde los 21 años hasta los 42 años
Septenios del espíritu Desde los 42 años hasta los 63 años



Aproximadamente, cada siete años se produce la transformación de cada uno de los cuerpos que componen al hombre.
Así como los chinos dicen: "Aprender, luchar y ser sabio"; en Antroposofía, se habla de:

  • maduración física,
  • maduración anímica y
  • maduración espiritual.

Esto quiere decir que se emplean veintiún años en consolidar la estructura del cuerpo físico.
Los primeros tres septenios se llaman septenios del cuerpo, durante los cuales se producen la mayor cantidad de cambios y dando como resultado la fisonomía correspondiente a esta etapa. 



  Primer Septenio Desde el nacimiento a 7 años Cuerpo Físico
Septenios del Cuerpo Segundo Septenio Desde 7 años hasta 14 años Cuerpo Etérico
  Tercer Septenio Desde 14 años hasta 21 años Cuerpo Astral


Alrededor de esta edad, el cuerpo deja ya de crecer y comienza una transformación de lo que llamamos el alma, el mundo interior. A los 21 años, se produce el nacimiento del Yo y el cuerpo astral es donde se expresa el Yo. Un niño recién nacido no tiene conciencia, tiene conciencia cósmica. El Yo no está totalmente presente; a medida que el niño crece, el Yo se acerca cada vez más.

El septenio central, que transcurre entre los 28 y los 35 años, es el período donde el Yo está más cerca de la organización física, período denominado alma racional. Aquí, el Yo se refleja con mayor fuerza en la personalidad. La persona privilegia el pensamiento y trae, también, el reflejo de la individualidad; puede ser el momento de mayor orgullo, de máxima ambición y soberbia.

En el septenio de la maduración física, desde el nacimiento a los 21 años, el individuo conoce o empieza a conocer la vida; 
en el septenio de la maduración anímica, de 21 a 42 años, el individuo acepta la vida y, 
en el tercer ciclo, el septenio de la maduración espiritual, de 42 a 63 años, recapitula sobre lo vivido. 
Teóricamente, esto es lo que va sucediendo, cuando no hay alteraciones en los procesos.
 
Septenios del Cuerpo

  • Primer septenio, desde el nacimiento hasta los 7 años

Cuando es concebido, el hombre como embrión, aún no está organizado, no está constituido por los cuatro cuerpos. En el seno materno, ya es físicamente visible; esto es posible gracias a la ecografía. La madre aporta vitalidad y, a medida que se alimenta, forma sustancia viviente. Esto es un milagro, nadie puede hacerlo como quiere y, así, decimos que la vida no es nuestra sino que recibimos vida.
Tanto el embrión como el niño recién nacido no tienen conciencia; el recién nacido no sabe quién es. En el nacimiento, el hombre no sólo es muy parecido a un animalito sino que es mucho más débil que cualesquiera de los animales de la creación. Los estudios nos muestran que, desde el momento del nacimiento hasta la manifestación del Yo, el hombre podría funcionar como un animal porque posee sólo tres cuerpos: cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral. 
Físicamente, el Yo demora más o menos un año en manifestarse. 
El hombre sostiene su cabeza a los tres meses; se sienta, a los seis meses; se pone de pie, a los nueve meses y camina a los doce meses aproximadamente; ésta es la influencia del Yo. Poder caminar significa que la columna vertebral del hombre se yergue como consecuencia de la acción del Yo. Merced a su propio Yo, el hombre puede erguirse y comenzar el trabajo de sostenerse.
Como hemos visto, los cuerpos constitutivos del ser humano no están totalmente formados ni están todos presentes en el momento de nacimiento. 
Así, describimos la vida de siete en siete años, ya que éste es el tiempo que necesitan los cuerpos para madurar. 

Por lo tanto, cada siete años se producen crisis que generan cambios importantes.
Nuestro primer planteo es determinar qué pasó en los tres primeros septenios y cómo ellos se reflejarán en el resto de nuestras vidas. 
Las experiencias por las que atraviesa un ser humano en las primeras etapas de su vida se reflejarán en los últimos años de la misma. 
Lo importante de este planteo es descubrir los procesos de enfermedad o las situaciones problemáticas que surgen, determinar cuáles son sus raíces y tratar de analizar estas cuestiones desde otros puntos de vista, más allá de un enfoque estrictamente psicológico.
Después de nueve meses de embarazo, el niño no está totalmente formado; son necesarios, aproximadamente, treinta y tres meses para hablar de una evolución mínima completa. 
En ese tiempo culmina la formación del sistema nervioso. Todo lo que es normal para un niño antes de los dos años resulta patológico en el adulto: sus reflejos, la circulación sanguínea; todo esto necesita una transformación.
En los primeros siete años, el niño conforma y consolida su cuerpo físico; a partir de ahora, su cuerpo físico está completo. Éste es, además, el septenio durante el cual aparecen las enfermedades infantiles. 
El niño, al nacer, trae el cuerpo vital de la madre, al cual quemará con las altas temperaturas de las enfermedades infantiles. La fiebre que se manifiesta, en estos primeros años de vida, no tiene nada que ver con la fiebre que se desarrolla en los otros períodos de la vida.
Las enfermedades infantiles tienen el propósito de que el niño desarrolle su propio cuerpo vital, a partir de los siete años, abandonando el cuerpo vital donado por su madre. Esto es el principio de su proceso de individualización. Por lo tanto, es importante no interrumpir estas enfermedades cuando aparecen. 
Entonces, a los siete años se produce una transformación muy importante: el niño ha completado la formación de sus órganos; la formación de su cuerpo. 
A partir de ahora, las fuerzas que estaban dedicadas al crecimiento se liberan, transformándose en fuerzas del pensamiento; es decir, las fuerzas vitales que ayudaron al crecimiento formarán la conciencia del niño y, desde este momento, podrá pensar. 
Por esta razón, es muy importante no interrumpir la evolución física del niño aplicando estas fuerzas del crecimiento al pensar. 

Septenios del Cuerpo

  • Segundo septenio, desde los 7 a los 14 años
Desde los siete a los catorce años, se desarrolla el septenio del cuerpo vital. Este nuevo nacimiento, invisible para nosotros, está señalado por dos hechos fundamentales:

  • se completa el proceso de cambio de dientes
  • el sistema nervioso ya está conformado

A partir de los siete años, el niño está más despierto al mundo, ya ha desarrollado su capacidad de aprendizaje y, así, podrá iniciar su vida escolar. 
Esto es posible porque las fuerzas formadoras del cuerpo vital o cuerpo etérico se liberan de la tarea de configurar órganos y sistemas, correspondientes al cuerpo físico, y se transforman en fuerzas de pensamiento 
El cuerpo vital es la base del temperamento, razón por la cual el segundo septenio se caracteriza, también, por la manifestación de los temperamentos. 
Son cuatro los temperamentos, a saber:

  • temperamento melancólico, con preponderancia del cuerpo físico, se expresa en el predominio de los órganos de los sentidos, tendiendo a los sabores ácidos
  • temperamento flemático, con preponderancia del cuerpo etérico, se expresa en el predominio del sistema glandular, tendiendo a los sabores salados
  • temperamento sanguíneo, con preponderancia del cuerpo astral, se expresa en el predominio del sistema nervioso, tendiendo a los sabores dulces
  • temperamento colérico, con preponderancia del Yo, se expresa en el predominio del sistema sanguíneo, tendiendo a los sabores amargos

El temperamento es una cuestión de destino; es decir, el hombre, a lo largo de su biografía, deberá trabajar su temperamento. 
Cada ser humano tiene, en su interior, los cuatro temperamentos, predominando, en él, uno de ellos. 
En el suceder de la vida y con el trabajo del Yo, debiera lograrse la armonía de los cuatro temperamentos.
Durante el desarrollo de este septenio, el niño tiene la posibilidad de adquirir hábitos, no sólo los hábitos de comer, dormir, sino también hábitos de conducta, como: no criticar, respetar a los otros, saber perdonar. 
Por lo tanto, la labor de los educadores, no sólo la de los maestros sino también la de los padres, adquiere fundamental importancia. 

Septenios del Cuerpo

  • Tercer septenio, desde los 14 a los 21 años

A los catorce años ha terminado la escolaridad primaria y se prepara para ingresar en uno de los septenios más dramáticos que tendrá que vivir: el tercer septenio, que transcurre entre los catorce y los veintiún años.
A partir de los catorce años, aparecen las formas corporales características y determinantes de ambos sexos: la menstruación, en las niñas; la aparición del vello; el cambio de voz, en los varones. 
Algunos hablan de bisexualidad otros de asexualidad; se diría que los sexos se confunden, estableciéndose amistades muy profundas e íntimas entres seres del mismo sexo. 
Es una etapa durante la cual no hay una clara discriminación sexual.
En el embrión, hasta los dos meses de gestación, están los esbozos genitales del hombre y de la mujer; luego, uno de los sexos se atrofia, desarrollándose el restante. 
Por lo tanto, venimos de un mundo espiritual en el cual no hay diferenciación sexual. Lo sexual aparece después, en el plano físico. 
Las fuerzas espirituales son las que promueven el funcionamiento glandular con la secreción hormonal, determinando que ese ser, que ha encarnado, sea hombre o mujer. 
Por consiguiente, un ser humano, por el hecho de ser mujer, segregará hormonas femeninas y su condición femenina guarda una estrecha relación con las experiencias a desarrollar en su vida terrenal. 
El código genético es el resultado del plan que se trae del mundo espiritual, tiene relación con el Yo, con la individualidad, y no con el cuerpo físico. Es el resultado del destino del ser.
Durante este septenio tan difícil, se desarrolla el cuerpo astral o cuerpo de sensaciones; es decir, el ser humano comienza a tener nuevos sentimiento y sensaciones. 
Básicamente, comienza el aprendizaje para quererse o para distinguirse a sí mismo. El joven se encuentra inmerso en un mar de sensaciones y, así, frente al mundo, actuará según su gusto o disgusto; es decir, aparecen las polaridades. 
El joven de esta edad vive el deseo. 

A partir de los veintiún años, esta situación se modifica porque nos acercamos al nacimiento del Yo. 


Septenios del Alma

  • Desde los 21 hasta los 42 años

A partir de los veintiún años, nos acercamos al nacimiento del Yo. Todo este proceso conduce a separar al joven de la madre.
A través de las distintas etapas de la vida del niño, la madre lo siente de diferente manera. 
La madre percibe al niño y ese estar percibiéndolo es una conexión vital. 
A los siete años, cuando nace el cuerpo vital del niño, la madre va desconectándose un poco del niño, proceso necesario para su desarrollo y crecimiento. 
A los catorce años, surge el cuerpo anímico del niño y, a partir de este momento, la madre percibe a su hijo de una manera diferente; hasta puede dudar de si ese ser es verdaderamente su hijo. 
Esta sensación se acrecienta al llegar a los veintiún años, cuando la madre puede sentir que desconoce totalmente al joven que tiene a su lado. 
Cuando la madre dice conocer mucho a su hijo; en realidad, sólo conoce al embrión de ese ser, conoce los pasos previos necesarios para que ese ser llegue a ser la individualidad que ahora es con sus veintiún años. 
A partir de este momento, podremos observar quién es en verdad la persona que comienza a manifestarse, un personaje que la madre aún no conoce. 
Los padres, como constituyentes del medio que rodea al niño, influyen pero no pueden conocer los impulsos que recién aparecen a los veintiún años. 
Esto es lo nuevo para cada uno de ellos.
Alrededor de los veintiún años, muchos jóvenes sufren crisis violentas relativas a su propia identidad. Muchos jóvenes sienten que deben liberarse de las imágenes fuertes de su padre o su madre, para lo cual abandonan la casa paterna.
En este septenio, la mayoría de las personas inicia su carrera profesional, iniciando una etapa de experimentación, una etapa en la cual se adquieren experiencias de vida. 
Es una etapa de gran creatividad, de una gran satisfacción por vivir y probar todo aquello que fue aprendido, especialmente, en la fase anterior. 
El joven está abierto hacia su entorno, sus capacidades todavía son ilimitadas y, por lo tanto, todo es posible para él.
El desafío que debe enfrentar el joven, en esta etapa de su vida, es tratar de alcanzar el equilibrio interno, su seguridad interna, independientemente del medio que lo rodea.
Estos son los tres septenios centrales de la Biografía Humana, aquellos que corresponden a la conformación del alma. Pueden ser descriptos como los septenios de la vida anímica ya que, desde los veintiún años, el Yo se hace presente plenamente en la vida de nuestras sensaciones. 
El alma es nuestro mundo interno al cual sólo nosotros tenemos acceso.
Existen tres niveles en la conformación del alma que llamaremos

  • Alma sensible, se desarrolla entre los veintiún y los veintiocho años;
  • Alma racional, se desarrolla entre los veintiocho y los treinta y cinco años;
  • Alma consciente, se desarrolla entre los treinta y cinco y los cuarenta y dos años.

Durante el septenio del alma sensible el ser humano comenzará a controlar su vida anímica; es el momento del autodominio. Aquellos juicios impregnados de simpatía o antipatía son tomados con mayor seguridad. El Yo aún no se constituyó en el centro del alma, pero el individuo quiere saber cómo son realmente las cosas, quiere aprender a conocer la vida y el mundo. Busca con empeño una posición en la vida, afirmarse en su trabajo o en su profesión, compartir sus días con alguien y, también, formar una familia. El joven percibe en sí una gran creatividad y satisfacción de vivir. 
El septenio del alma racional es el centro de la biografía y durante el cual el pensar actúa de manera más intensa. Lentamente, el Yo se emancipa del alma, ha disminuido la violencia de los deseos y de los impulsos. Por lo general, el individuo se torna escéptico y le es muy difícil acceder a un pensar que no sea científico ? racional. Modifica su relación con los otros, ya que terminada la juventud la vida se torna más seria. 
Durante el septenio del alma consciente se desarrolla la autoconfianza, lo cual demanda un trabajo de la voluntad. Con este septenio culmina el proceso de maduración del alma humana. A partir de este momento, el individuo siente la exigencia de ser él mismo; no es ya el simple hecho de hacer y lograr lo correcto sino de hacer y lograr aquello que tenga valor.

En el plano físico suele producirse una disminución de la vitalidad y de la capacidad de trabajo; inconvenientes que pueden superarse con el aumento de la autoexigencia, lo cual tendrá un costo en el futuro. 
Es una etapa en la cual aparece frecuentemente la sensación de vacío; vacío que predispone al encuentro consigo mismo. Es un período de aceptación de sí mismo y de los otros, constituyendo un verdadero ejercicio para lograr la autoconfianza. 


Septenios del Espíritu

  • Séptimo septenio, desde los 42 años a los 49 años

Este septenio, regido por Marte, es el septenio de la acción. Hemos llegado a los 42 años; comienza el desarrollo del espíritu. 
El hombre y la mujer se convierten en principiantes o aprendices, comenzando a recorrer el largo camino del despertar espiritual.
Esta etapa de la vida se caracteriza por la transformación consciente del Cuerpo Astral y no meramente por el hecho de haber durado una cantidad de años a partir del nacimiento físico.
Hay una gran diferencia entre el esfuerzo consciente individual que cada ser humano realiza, en un lapso aproximado de siete años, en beneficio de la transformación de uno de sus miembros esenciales, y la suposición de que cada siete años ocurren o "deben ocurrir" determinados fenómenos en la vida de un individuo. 
Si el hombre o la mujer, que se aproximan a esta etapa clave para el desarrollo de sus potencialidades espirituales, no hacen esta transformación sufrirán una gran falencia.
Nos encontramos con que el individuo debe reconocer el comienzo de la declinación físico-biológica, lo cual se puede presentar de distintas maneras:

  • Mayor desgaste físico.
  • Aumento del cansancio frente a los mismos esfuerzos.
  • Aumento de peso, ya que no es posible controlarlo como ocurría con anterioridad.
  • Posibilidad de una incipiente caída del cabello.
  • Notoria disminución de la visión.
  • Pérdida de la memoria.
  • Decaimiento de las fuerzas vitales.
  • Desequilibrios hormonales.
  • Tendencia a la sequedad de la piel; por lo tanto, aparecen las arrugas;
  • Un elemento infaltable en este período es la sensaión de vacío que acompaña a todas estas manifestaciones físicas y anímicas. Este vacío, que puede ser vivido como soledad, trata de compensarse con gratificaciones buscadas en el mundo exterior (viajes, cambio de automóvil, de casa y, con frecuencia, cambio de pareja).

No obstante el esfuerzo desmedido para sobreponerse a la disminución de las fuerzas vitales, detrás de este proceso de negación siempre está latente la posibilidad de la depresión / cáncer o de la hiperexcitabilidad / infarto, supeditada al destino individual de la persona. 
Y así, una concepción puramente materialista de la vida tornará al hombre o a la mujer en esclavos de la casualidad, el azar, la buena o la mala suerte. 
Sin embargo, cualquiera sea el concepto de vida que se tenga, a partir del séptimo septenio el mundo espiritual comenzará a llamar a la puerta y cada vez lo hará con más fuerza.
Lo descripto hasta aquí, corresponde a costumbres habituales y generales observadas en nuestra sociedad; una sociedad que lucha por sobrevivir, muy enejenada de sí misma como para poder percibir el llamado del espíritu. 
Pero afortunadamente hay, cada vez más, individuos cuyo Ser interior puede escuchar ese llamado.
El desarrollo social estará directamente relacionado con la elección del camino a seguir: la actitud podrá orientarse hacia fines realmente altruistas o podrá caer en la tentación del uso y del abuso del poder.
En los tres Septenios del Espíritu -séptimo, octavo y noveno- las tareas y las metas deberán estar comprendidas dentro de una cosmovisión total. 
Ahora, se generarán la humildad, la aceptación y el amor. 
Las realizaciones deben ser patrimonio del espíritu y no meramente de la materia. El trabajo individual se halla en el mundo físico, no podría ser de otro modo ya que somos cuerpos físicos; pero la esencia del acto de trabajar pertenece a un orden de leyes no materiales. 
En este septenio es imprescindible armonizarse con las leyes cósmicas.
 
En este primer septenio de desarrollo espiritual, el alma se pone al servicio del espíritu. El alma es lo que nos conecta la mundo físico para que el espíritu pueda expresarse. 
A su vez, el espíritu, para poder utilizar el cuerpo necesita  sentir y transformar ese cuerpo (el alma) que representa su conexión con el plano físico. Este constituirá el trabajo interior del septenio: la transformación del Cuerpo Astral; es decir, nuestro cuerpo de sensaciones, para permitir el advenimiento del Yo espiritual, el más elevado de nuestros cuerpos suprasensibles.
 
Septenios del Espíritu

  • Octavo septenio, desde los 49 años a los 56 años

En plena crisis de los 50, el hombre y la mujer se acercan a los umbrales de un nuevo proceso. Se trata de un fenómeno sociocultural y familiar muy fuerte que determina, drásticamente, la transferencia a otro grupo social: el de la tercera edad, la edad madura o, el de la vejez en desconexion.
En la mujer, el hecho biológico dominante está dado por el cese de su período menstrual o menopausia. Por supuesto, este proceso será vivenciado individualmente de manera muy diferente según sea su preparación interior y su disposición anímico-espiritual. 
En el caso del hombre, un fenómeno biológico parecido se produce merced a los problemas de la próstata, aunque éstos no son inexorables en su aparición ni poseen igual jerarquía sociocultural que la menopausia.
En la actualidad, se han desarrollado una serie de investigaciones sobre estos temas. Desafortunadamente, gran parte de las conclusiones a las que éstas arribaron desemboca en alguna sustancia química que, al emplearla en el organismo humano, reproduce los efectos producidos por la hormona o el neurotransmisor que ha comenzado a declinar naturalmente. 
Sin embargo, estas soluciones parciales para sentirse mejor  no brindan ninguna respuesta valedera a los interrogantes básicos del hombre y de la mujer de esta edad.

El problema del climaterio masculino y femenino no se resuelve en plano químico-biológico, aún cuando algunas modificaciones, en este sentido, otorguen un alivio pasajero a determinados síntomas. 
Tampoco es una cuestión estrictamente psicológica. 
Quiere decir, entonces, que se han dado respuestas al cuerpo físico en el terreno de la bioquímica; se ha dado respuesta a una parte del alma en el ámbito de la psicoterapia; pero no hay respuestas para el espíritu en el plano trascendente. 
Y éste es un trabajo individual, de perseverancia y de elevación de la propia conciencia.

He aquí, precisamente, lo que se abre para el ser humano tras esta nueva crisis: la época central de los tres Septenios del Espíritu. 
Lo que antes era una insinuación, en este octavo septenio, es una norma. 
Aquella vaga necesidad de una respuesta espiritual que empezó a ceñir el alma después de los 40, se transforma ahora en una presión constante sobre nuestras actividades cotidianas. 
Es el reflejo del segundo septenio (7 a 14 años), cuando se consolidaba el incipiente cuerpo etéreo individual. Así como a los 7 años se producía el nacimiento del cuerpo etéreo del hombre, ahora es necesario prepararse para transformar ese cuerpo etéreo. 
Sobre la base de aquella estructura, hemos administrado vitalidad al cuerpo físico y hemos adquirido poco a poco los hábitos y las costumbres. Aquí debemos recordar que es mucho más difícil cambiar un hábito o una costumbre -ámbito del cuerpo etéreo- que modificar una cualidad anímica -ámbito del cuerpo astral-. Es más sencillo revertir una tendencia egoísta -cuerpo astral- que el hábito de la crítica -cuerpo etéreo-. 
En este octavo septenio se produce la culminación de la reflexión y del pensar, que ya no están exigidos por la acción como en el período de 42 a 49 años.
Además este es el septenio del desarrollo moral; una verdadera transformación del cuerpo etéreo trae aparejada una profundización de lo moral. 
La moral no se fundamenta en sermones, ya que si esto fuera posible no habría inmoralidad sobre la Tierra. 
Dice Rudolf Steiner: "Saber lo que hay que hacer, lo que es moralmente correcto, es lo que menos importancia tiene en la cuestión moral; lo importante es que existan dentro de nosotros impulsos que, en virtud de su poder interior, de su fuerza interna, se conviertan en actos morales, es decir se proyecten al mundo exterior como realidad moral."

En estos tres últimos septenios, se hace cada vez más evidente la dualidad del ser humano. 
Puede manifestarse un hombre con predominio de apetencias y necesidades solamente materiales: es el hombre que "duerme" o que, simplemente, "existe" y para quien la vida es una caja de sorpresas, de casualidades ilimitadas, un continuo esquivar de obstáculos o un aprovechar la ausencia de ellos, sin que despierte en él la conciencia del aprendizaje que la vida ofrece. 
Pero también puede emerger el otro hombre: aquel en el que germinaron las semillas sembradas durante el septenio anterior cuando era un principiante en el camino espiritual y ese proceso lo conduce ahora al despertar de su maestro interior.
En esta pugna es fundamental el trabajo de autoconocimiento desarrollado por cada uno. Ahora ya no importa lo que el hombre quiera realizar sino lo que los otros necesitan de él. 
La creatividad se expande con una cosmovisión de la Totalidad. Una nueva filosofía de vida se puede instalar y, también, puede aparecer una nueva concepción del mundo.
En este septenio hay dos temas centrales: el despertar del maestro interior y la enseñanza; ambos indisolublemente ligados por su esencia. 
Ese maestro que ha despertado es el arquetipo de lo humano.  
Maestro es el que puede cambiar a los otros. 
Su despertar en nosotros hace verdad la promesa tácita de reunificación, de reencuentro con nosotros mismos. Este maestro ya no es el guía sino que es el consejero que da instrucciones para lograr la disciplina interior, a la vez que procura un decidido desarrollo del pensar. 
Y la consecuencia directa de este despertar permite la posibilidad del enseñar como ideal y de aconsejar con amor. 


Septenios del Espíritu

  • Noveno septenio, desde los 56 a los 63 años

Estamos ahora en el umbral de una nueva crisis muy especial dado el grado de conciencia que puede alcanzar el hombre a esta edad. 
La crisis puede manifestarse en el ámbito de lo humano y de lo espiritual. 
En el primer caso, la crisis se puede producir como corolario de una vida poblada de desaciertos o equivocaciones que no han podido ser reparadas. El ámbito de esta manifestación es el referido a los vínculos; es decir, la sociedad toda en la que se desarrolla cada biografía. Sobrellevar estas situaciones conflictivas suele demandar grandes esfuerzos y, si no se resuelven, una incipiente depresión puede ser la consecuencia.
La crisis espiritual se produce por una apertura de conciencia, por un despertar del espíritu que llamamos fase mística de la evolución: el individuo siente un llamado imperativo de ciertos impulsos espirituales que no logra concatenar con la vida llevada hasta es presente. Estos impulsos pueden obedecer a ideales tales como la verdad, la fraternidad, la justicia o la libertad.
A medida que el ser huamno se acerca a las últimas etapas de cada experiencia de vida, las crisis anímicas debieran ser de menor envergadura mientras crecen en importancia las experiencias vinculadas al mundo trascendente o espiritual. Tarea nada fácil y que supone un sabio desapego del mundo exterior y una marcada inmersión en el mundo interior. 
El noveno septenio es el indicado para realizar una síntesis de todo lo vivido; también, es propicio para hacer una síntesis de toda la biografía y aprehender con claridad las tres funciones anímicas: sentir, pensar y actuar. 
La comprensión puede llegar a través de un trabajo consciente o inconsciente. La comprensión inconsciente se puede lograr a través de la propia experiencia vivida y suele ser la más habitual. La comprensión consciente, en cambio, exige de la persona una participación activa, una observación atenta del mundo y de sí mismo y una concepción integral del hombre.
En este noveno septenio es importante que el hombre aprenda a tomar clara conciencia de estas actividades esenciales del alma. 
El pensamiento sirve para captar los conceptos y relacionarlos. Es una actividad subjetiva que tiene por objeto una realidad objetiva. 
El propio pensar es una actividad espiritual por excelencia por la que el hombre participa de una realidad inmaterial: el mundo de los conceptos. 
El hombre los capta, no los produce. Cuando se llega a ciertos niveles de interiorización nos damos cuenta de la poca importancia que tiene la necesidad de refutar a nuestro interlocutor con el mezquino deseo de afirmar nuestra personalidad.
Y así como tratamos de penetrar el mundo espiritual de los conceptos a través del pensar, así debemos conocer qué es el sentir en nosotros. 
En esta etapa tenemos que tener muy clara la diferencia entre lo que pensamos y lo que sentimos; debemos descubrir cuándo un deseo latente impulsa la construcción de un juicio para justificarlo. 
A esta edad, tanto los deseos como las pasiones, deben ser metamorfoseadas en sentimientos nobles y elevados. 
Lo mezquino deberá ser desplazado por sentimientos altruístas (alter = otro). 
En este septenio es muy importante la luz que emana de un ideal, como la verdad o la libertad, para que el ser humano sea guiado y logre desarrollar a pleno las grandes metas humanas que viven impresas en su espíritu. 

Si el hombre tiene clara conciencia del pensar y del sentir, le resultará más sencillo cómo debe actuar, cómo debe ser usada su voluntad, en este tramo de la biografía signado especialmente por la realización.
Pero, ¿qué es la voluntad? Es una fuerza que anida en las profundidades inconscientes del alma. Es la fuerza de la acción, es el acto volitivo. 

Podemos identificar a la voluntad a medida que se expresa en los miembros esenciales del ser humano. Su primera expresión la denominamos instinto y opera en el ámbito del Cuerpo Físico haciéndose cargo de los impulsos vitales (crecimiento, alimentación y reproducción) y, así, fue caracterizada en el primer septenio. 
Cuando esta fuerza es penetrada por el Cuerpo Etérico, se convierte en apetito o impulso. La acción repetida del impulso genera el hábito. 
En el segundo septenio, es cuando su acción se manifiesta con claridad; pero es, en el tercer septenio, cuando se hace consciente al establecer contacto con el Cuerpo Astral transformándose en deseo.
Cuando esta fuerza de lo volitivo entra en el dominio del Yo, se transforma en motivo, ocupando los tres septenios centrales, los septenios del alma. 
Y, aquí, se establece una clara diferencia con lo animal: tanto el hombre como el animal pueden tener deseos, pero sólo el hombre puede tener motivos. 
De ahí en más, en los septenios del espíritu, la voluntad adquiere connotaciones elevadas de acuerdo con el nivel que alcance cada uno de los gérmenes superiores del Yo:

  • Aspiración, en el nivel del Yo Espiritual (séptimo septenio)
  • Propósito, en el nivel del Espíritu Vital (octavo septenio)
  • Resolución, en el nivel del Hombre Espíritu (noveno septenio)

Como corolario de la conciencia de las funciones anímicas a desarrollar, en este septenio, repetimos que la comprensión del pensar, del sentir y del actuar, puede ser fruto de un trabajo inconsciente o consciente. 
Hacer el trabajo plenamente consciente nos impulsará de lleno a penetrar el conocimiento de los mundo superiores.
Este septenio está regido por Saturno; lo dominante es la resolución que se expresa a través de la realización. La realización es la fuerza para que el Yo pueda hacer lo que el espíritu quiere en mí; es la realización del acto, la posibilidad de realizar por sí mismo.
La forma física, que surgía en el primer septenio, es vivida ahora espiritualmente. 
Las que antes eran fuerzas creadoras, ahora se transforman en fuerzas de la conciencia. Ya hemos dicho que, detrás del aspecto físico visible, conformado por la sustancia, se entretejen las fuerzas espirituales propias de la materia integradas en el Cuerpo Etéreo, en el Cuerpo Astral y en la organización del Yo. 
Y, así, el cuerpo físico se transforma en un verdadero recéptaculo de fuerzas espirituales. Por supuesto que la percepción de esta metamorfosis de fuerzas dependerá del desarrollo espiritual alcazado por cada persona.

La presenilidad, posible en este septenio, puede acompañarse con problemas de salud, físicos o psíquicos. Si estos se hacen presentes y el individuo no ha hecho un trabajo de apertura espiritual, es muy fácil que toda su atención se centre en sí mismo, tornándose egoísta, perdiéndose para sí y para el mundo. 
Este tipo de situaciones inhiben las posibilidades de percepción espiritual y el hombre se encamina hacia un verdadero proceso de deterioro y esclerosis psicofísica.
La vivencia de la muerte es muy clara, lo cual lleva a una nueva crisis. Aparece otra depresión: la de la vejez. 
Una adecuada transformación de la fuerzas físicas en fuerzas de la conciencia es una buena prevención para este tipo de depresiones. 
En este noveno septenio, se establece una conexión con el primero; hay una iluminación de la vida infantil y una reconciliación con todas sus manifestaciones. Si el hombre o la mujer del noveno septenio no fueron buenos padres o madres, pueden descubrir ahora, como abuelos o abuelas, las delicias de esta etapa de la vida. 


Los septenios y sus transformaciones

Los tres primeros septenios (septenios del cuerpo), desde el nacimiento hasta los veintiún años, se reflejarán en los tres septenios de la madurez. 
Este será un reflejo consciente; es decir, aquí comienza a actuar la conciencia que la persona pone en marcha para que se produzcan determinados cambios en ella.
Así como a los 14 años comienza la menstruación, a los 49 años comienza la menopausia.
Así como a los catorce años, anímicamente, el joven compite, el varón y la mujer se diferencian y los grupos que forman se destruyen entre sí; a partir de los 42 años, las personas tienen, en general, otra manera de relacionarse, tienden a formar comunidades y trabajar con ideales comunes.
Así como a los 14 años, comienza la vida sexual; a los 42 años, puede empezar a caducar el interés por la sexualidad, a caducar con un sentido de transformación.
A los catorce años, todo lo relacionado con el cuerpo tiene enorme importancia, mientras que, a partir de los 42 años, este interés se transforma en algo que podemos llamar espiritual y comienza a plantearse el tema de la muerte. 


A partir de los 42 años, aparecen crisis que pueden ser físico - anímicas. 
Una crisis física consiste en sentir que el cuerpo físico ya no responde como antes y, en este caso, la persona puede reaccionar de dos maneras:

  • luchando contra esta situación, pudiendo matarse en el esfuerzo.
  • aceptando lo que le ocurre y, así, adoptar una nueva actitud frente a la vida. En este caso, surgirán las necesidades espirituales.

El septenio de los 49 años a los 56 años tiene como espejo el septenio de los siete a los catorce años.
Así como a los siete años el niño comienza su escolaridad; a partir de los cuarenta y nueve años el ser humano necesita enseñar, se transforma en maestro. 
Esta es una necesidad vital; el ser humano necesita ser escuchado, necesita transmitir algo, en suma, necesita dar.
Así como entre los 7 y los 14 años empiezan los hábitos; entre los 49 y los 56 años será muy importante trabajar sobre los hábitos adquiridos, ya que, en este septenio, se desarrolla una fuerza que nos permite cambiar nuestros hábitos. 


En el último septenio, entre los 56  y los 63 años, se producen alteraciones sobre todo en lo que respecta a la memoria. Es muy común que las personas de esta edad olviden hechos recientes; sin embargo, están revitalizando hechos que ocurrieron entre el nacimiento y los siete años, hechos que se recuerdan con gran claridad.
A partir de los cuarenta y dos años y a lo largo de los septenios que siguen es muy importante recuperar las vivencias infantiles, no sólo recuperarlas sino revitalizarlas y transformarlas. 

Una característica de la niñez es el asombro, así como también el egoísmo. 
Por lo tanto, en esta etapa de nuestras vidas es ideal percibir la necesidad del otro, desarrollar nuestra capacidad para escucharlo y, de este modo, lograr el asombro. Precisamente, gracias a estas vivencias el mundo se desplegará ante nosotros y podremos transformar el egoísmo infantil en la capacidad para reconocer al otro. 


A partir de los 42 años es fundamental comenzar un trabajo constante con el desapego y con el perdón. 
El desapego cobrará una importancia cada vez mayor a medida que pasan los años ya que con el paso del tiempo la persona tiene menos necesidades materiales. El desapego constituye una muy buena señal en el camino de la evolución personal.
El trabajo con el perdón es mucho más difícil y requiere una preparación espiritual. 



Trabajo espiritual para los Septenios del Espíritu
 

Existen cinco cualidades que se manifiestan en una evolución sana de un proceso biográfico de madurez, ancianidad y muerte.

Estas son: unicidad, desapego, amor al prójimo, agradecimiento y perdón.
 

La sensación de unicidad ocupa el centro del alma del hombre y de allí se desprenden las otras cuatro características. La idea de que la unicidad ocupa el centro del alma ha surgido al observar que, cuando la persona llega a experimentarla, las otras cualidades pueden ser alcanzadas sin dificultad.  
Ocupar el centro significa que la persona se siente ubicada allí reiteradamente y hace de esto un aspecto central de su vida.
Al hablar de la sensación de unicidad nos referimos a esa especial sensación de unidad con el Todo. Pero, ¿qué es el Todo? En realidad, no hay conceptos que puedan definirlo, ya que en el caso de lograrlo, lo definido dejaría de serlo; simplemente, el Todo Es.
Las personas, que han hecho abandono de su cuerpo físico en una situación de extremo riesgo, como un accidente o una operación quirúrgica, describen la sensación de unicidad como la sensación de no poseer un cuerpo y, a la vez, de sentirse parte del Universo. 

El cuerpo es el Cosmos mismo y la sensación de unicidad se manifiesta con la esencia de las cosas y no con las cosas en sí. 
Las cosas del mundo físico se vivencian como una consolidación material de aquella esencia. Sin embargo, no es una fusión cósmica con pérdida de conciencia; siempre existe la conciencia de sí mismo participando y gozando de esta experiencia inédita.

Cuando la experiencia cesa y se retorna al cuerpo, por lo general, se duda de lo vivido, ya que el imperio de los sentidos y nuestro condicionamiento cultural no dejan resquicios para experiencias suprasensibles. Pero lo más valioso de estas experiencias es el cambio de vida de quienes las han vivido y su necesidad de conocimiento acerca de los mundos espirituales.
Existe otra forma de acercarse a esta sensación de unicidad y es la que verdaderamente interesa en todo proceso biográfico. No se manifiesta bruscamente y no posee ni la fuerza ni la intensidad de las experiencias relatadas por las personas que atravesaron por dichas situaciones de extremo riesgo. Es un proceso que se instala lentamente, a partir de la cuarta década de la vida, debiendo ser cultivado cuidadosamente. En este caso, si la persona abre sus sentidos a esta nueva sensación de unicidad, decidiéndose a profundizarla conscientemente, se habrá iniciado el verdadero camino del principiante que aspira a la fraternidad y unidad en el camino espiritual. 
Para este proceso son de gran ayuda la meditación diaria y la observación constante de sí mismo. 
De esta manera, es posible romper con la esclavitud de la conciencia de vigilia y apreciar la causalidad. 


Al tomar conciencia de esta causalidad, que obra en nuestra existencia, nos preparamos para abordar el concepto de karma. Sólo así, la vida adquiere sentido como escuela y cada tropiezo será bienvenido por el mensaje que encierra. 
Todo hecho deberá relacionarse con la causalidad y el orden universal y, así, la persona logrará instalarse, poco a poco, en la sensación de unicidad emergente. 
Más aún, todo conocimiento adquirido debe apuntar a la unión con el Todo y aquel conocimiento antiguo deberá ser reformulado en relación con la Totalidad. 

Cuando este estado de unicidad ocupa el centro del alma se percibe una agradable sensación de paz y un germinar de sentimientos serenos de amor y fraternidad universal. 

Estas sensaciones de unidad y de paz interior suelen despertar el desapego. ¿Qué es el desapego?

  • Es un cambio de valores.
  • Es la transformación de valores materiales en valores espirituales.
  • Es un valor que está en el centro, equidistando entre la posesión y la indiferencia.

El verdadero desapego produce una sensación de paz y esta misma sensación lo incentiva. La actitud de desapego estimula en la persona la alegría de descubrir que necesita cada vez menos para estar cada vez mejor.  
Desapegarse no significa no tener, significa no depender de lo que se tiene. 
Los valores materiales susceptibles de ser trabajados internamente como actitud de desapego abarcan todos los sbjetos físicos que nos rodean, desde los más insignificantes hasta los más grandes.
Mucho más difíciles de ser abandonados son los valores anímicos, porque son más sutiles y están menos expuestos al campo iluminado de nuestra conciencia; por ejemplo, los roles que ejercemos diariamente, el prestigio alcanzado o el manejo del poder.
Las razones espirituales del desapego son casi obvias: la conciencia superior sabe de lo efímero de la existencia física; basta elevarse a otro nivel de conciencia para que el desapego del mundo físico se constituya en un hecho lógico y necesario.
 Desde el punto de vista de la conciencia de vigilia u objetiva, hay un solo acontecimiento en la vida que no resiste la menor objeción por parte de la razón, esto es la muerte del cuerpo físico. 
Es muy comprensible, entonces, que a partir de la segunda mitad de la vida esta tremenda verdad humana cobre fuerza inconscientemente en el alma. 

Todo desapego del mundo de los sentidos, antes de enfrentar la muerte física, facilitará enormemente el tránsito hacia el otro plano de conciencia y permitirá, en futuras encarnaciones, disfrutar serenamente del proceso tan temido.

La sensación de unicidad y la actitud de desapego confluyen en un sentimiento muy elevado el amor al prójimo.
"Amarás al Señor, tu Señor, y al prójimo como a ti mismo" encierra una verdad oculta: el re-conocimiento de la Divinidad en el otro así como en nosotros mismos. 
Reconocer a Dios en el otro y en nosotros sólo es posible merced a una profunda devoción y reverencia que despierta en el hombre la emanación divina que vive en su Espíritu.
El amor al prójimo se cultiva y crece. Es un largo camino que parte del egoísmo para llegar al altruísmo, al otro. 
Desde un punto de vista es un proceso que, por un lado, recibe aportes de la unicidad y del desapego y, por otro lado, del agradecimiento y del perdón. 
 Es una sensación que se instala en nuestro Ser y se manifiesta como sensibilidad ante la necesidad ajena. Cuando esta sensibilidad se expande en el alma, se expresa en el mundo como acto de generosidad.
La sensación de amor al prójimo siempre despierta un sentimiento de sana alegría, un verdadero bálsamo anímico-espiritual. 

¿Y qué podemos decir del agradecimiento y del perdón? 


El agradecimiento es una sensación muy poco cultivada en el alma humana. 
El agradecimiento nace de los hechos más insignificantes, como respirar, caminar conscientemente, oir el canto de un pájaro, presenciar una puesta de sol, recostarse sobre el tronco de un árbol o acariciar a un animalito. Todo esto despierta un sentimiento de amor y fraternidad universal que incentiva el amor al prójimo, pudiendo trascenderse lo humano para llegar a lo divino.
El perdón provoca una sensación de benevolencia. Si analizamos el vocablo en detalle nos encontramos que la palabra perdón se compone de una preposición inseparable: per, que refuerza su significado y de un verbo que tiene una profunda sognificación en sí mismo como acción de desprendimiento y entrega, donar. Sin embargo, en el mismo vocablo permanece en silencio otro significado el de don. 
El sentido de la donación es el de la dádiva u ofrenda, como así también es una cualidad del ser huamno. 
Por lo tanto, el perdón es una verdadera cualidad del hombre que le permite desprenderse tanto de objetos materiales como del orgullo personal; desapego, para ofrecer una dádiva; amor al prójimo, que estimula en el espíritu la sensación de agradecimiento que lo une con el Todo, unicidad. 


Aquí hablamos del perdón como una actitud del alma en relación con el mundo; una actitud libre que, en cada momento, podemos elegir asumir o rechazar. La actitud interior de perdonar encierra un doble aspecto: anímico y espiritual. 
En el aspecto anímico produce un alivio y una liberación, es un desprenderse de algo que a su vez nos mantenía atrapados y esclavizados. Nos desprendemos de sentimientos tales como odio, humillación, dolor.
En el aspecto espiritual, el trabajo consciente del perdón nos abre las puertas del aprendizaje, nos torna flexibles y compresivos con respecto a la naturaleza humana. 
Es un excelente instrumento para cincelar aspectos oscuros del alma y nos abre el camino a la indulgencia y la compasión. La compasión se apoya en la humildad y es el profundo sentimiento de amor cristiano hacia el semejante, sin guardar relación con el sentimiento de lástima.
Saber que el otro es nuestro espejo, que los mismos errores que hoy criticamos fueron nuestras equivocaciones ayer, que en nuestro corazón y en el de nuestros semejantes brilla la misma luz, es suficiente para que se agigante el sentimiento de unicidad y amor al prójimo. 
Por estos motivos, los tres septenios de Espíritu constituyen, en cada encarnación, la oportunidad de que el Yo evolucione un poco más para acercarse a sus verdaderas metas espirituales. 

Por lo tanto, el perdón es una verdadera cualidad del hombre que le permite desprenderse tanto de objetos materiales como del orgullo personal; desapego, para ofrecer una dádiva;amor al prójimo, que estimula en el espíritu la sensación de agradecimiento que lo une con el Todo, unicidad.
 

La Vida continúa: ¿ancianidad o vejez?

A partir del noveno septenio (63 años en adelante) comienza una etapa signada por una nueva polaridad: el predominio de las tribulaciones físicas y anímicas donde “todo duele o molesta” o la aparición del sol de la sabiduría donde el agradecimiento a la Vida preside todos nuestros actos.
Es una etapa difícil, pero no imposible, para introducir cambios sustanciales en la propia vida. La muerte del cuerpo físico constituye un hito cercano; se puede optar entre la añoranza de la lozanía perdida ( himno a la decreptitud) o expandir la conciencia más allá del destino final de dicho cuerpo (himno al Amor). 
De nosotros depende seguir el camino de la ancianidad o la vejez.
El diccionario de la Real Academia presenta a los dos conceptos (ancianidad y vejez) como sinónimos, pero ofrece algunos ejemplos sutiles que llevan a la reflexión.
Lo obvio es, en este caso, también significativo: Anciano (letra A) figura al comienzo y Viejo (letra V) al final.
La palabra “anciano” deriva de “ante”, y ya se utilizaba a mediados del siglo XIII; otros sinónimos que aparecen son “patriarca” y “abuelo”, los cuales transmiten en sí mismos una sensación de ancianidad sabia y respetable.
Por su parte, la palabra “viejo” ostenta también algunos sinónimos tales como “deslucido” y “estropeado por el uso”, que hacen innecesario agregar comentario alguno. Etimológicamente deriva del vocablo “vetus”, y su evolución fue la siguiente:
En el siglo XVII, veterano
En el siglo XIX, veterinario (El significado tenía relación con las “bestias de carga”, es decir, animales viejos, impropios para montar y que necesitan de un veterinario más que los demás).
En el siglo XIX, vetusto (muy viejo)
De tal modo, si aplicamos estas reflexiones a la biografía, debe hacerse una diferenciación sustancial cuando un ser humano deviene viejo ó anciano.
Vamos a desarrollar los dos estados arquetípicos: ancianidad y vejez.
Observando el siguiente cuadro, surge con claridad la diferencia radical entre ambos arquetipos.
 
En cuanto a la vejez:

· Golpea con fuerza la conciencia de la madurez de quien la observa.
· La decrepitud, el deterioro de la forma y la desconexión con la realidad circundante se presentan ante nosotros como una pésima caricatura de lo que fue.
· El automatismo semiconsciente, el malhumor y un monótono parloteo estimulan la necesidad de ignorar la presencia del “viejo”.
· La debilidad del que grita y golpea se hace realidad ante nosotros.
· El viejo vive sumido en el egoísmo y la desconfianza.
· Tiene muchos miedos, le teme a la muerte.
· No existe la propia responsabilidad, la culpa siempre es ajena.
· Celebra su cumpleaños, o sea la cantidad de años vividos, y no sabe porqué.
· Vegeta, vive biológicamente.
· El destino es un geriátrico, al que le teme.
· La esclerosis de los órganos de los sentidos lo aísla cada vez más del mundo.
· Vive preso del cuerpo y de la vida.
· El espíritu se ha desconectado del cuerpo físico.
- Es su MUERTE.
 
En cuanto a la ancianidad:

· La imagen del anciano está unida a la sabiduría y el respeto; dos altos valores que hablan de la dignidad humana.
· La sensación de transitoriedad que deja traslucir ahora su vida, le brinda algo positivo: una conciencia cada vez más clara de lo que le pasa, de lo que es eterno. Sabiduría es aquello que surge cuando lo absoluto y lo eterno se manifiestan en la conciencia finita y transitoria arrojando luz sobre la vida.
· Su fortaleza interior le permite callar y escuchar. El anciano aprendió a escuchar y sabe cuándo debe callar.
· Cuando habla, su discurso siempre denota una cosmovisión del mundo.
· La reflexión, la prudencia y la oportunidad son sus características.
· Sabe perdonar y agradecer.
· Asume la responsabilidad de sus propios actos.
· Aprendió a confiar, y no teme que lo engañen.
· No tiene miedos.
· No le teme a la muerte, la aguarda.
· Acepta su destino y no tiene exigencias; podría vivir en un geriátrico pero nadie quiere privarse de su compañía.
· Su cuerpo envejece armónicamente, la esclerosis del cuerpo físico es soportada con nobleza; eso le otorga lozanía.
· Celebra el día de su aniversario (birthday) recordando el momento y la época en que llegó al mundo. Celebra la cualidad que posee dicha fecha en relación con su existencia.
· El espíritu sigue expresándose a través de ese cuerpo físico que envejece, expandiendo la luminosidad del Ser.
· Vive en sí mismo la libertad plena de su alma y de su espíritu.
· Es su RENACIMIENTO.
 
Características generales

Hemos hablado de la polaridad arquetípica ancianidad- vejez; sabemos que, como en toda división de lo humano en categorías, nadie se encuentra totalmente involucrado en una sola de tales polaridades. Es raro que la realidad individual sea blanca ó negra; en general, es gris claro ó gris oscuro. El proceso siempre es gris y se puede dirigir hacia la luz o hacia la oscuridad.
Por otra parte, lo expuesto, más que una descripción de lo existente es un alerta para quienes nos acercamos a esas etapas. Es ésta una semblanza espiritual de la vida después de los 63 años.
Por entonces deben existir objetivos de vida. El hombre o la mujer de esta edad puede observar que tiene por delante una gracia divina y esto estimulará su reconocimiento y veneración; no porque la vida sea tan bella sino porque puede estructurarla y analizar la existencia pasada evaluando así los distintos aspectos de la misma. 

Extracto del libro La Tierra como Escuela
 Roberto Crottogini