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..................................Cambiando Paradigmas .... Psicóloga. Verónica D. Montes ................
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domingo, 7 de septiembre de 2014
viernes, 22 de marzo de 2013
Reset Intestinal
El ayuno trae múltiples beneficios: descanso
digestivo, autofagia que permite una gran desintoxicación y curar todas
las enfermedades. Para diferentes cuadros se necesitan diferentes
programas de ayuno los que, en algunos casos son muy largos...
La limpieza Reset Intestinal nos reporta en medio día un beneficio que se obtiene en una ayuno prolongado, de unos 7 o más días con enemas diarias; me refiero a la limpieza intestinal, que además de toxinas, barre parásitos, alcaliniza, limpia de mucosas y excretas de años. Esta limpieza cura el cáncer.
Combina un yoga kriya (técnicas de limpieza orgánica) que se hace bebiendo agua de mar o salada y la teoría de Tulio Simoncini sobre el cáncer, la cual comparto.
Técnica:
Al levantarte, en ayunas se bebe una botella* de agua* con 11 cucharaditas* de Bicarbonato de sodio (NaHCO3), luego, al rato otra botella con 9 cucharaditas y luego otra con 7. A partir de ahí seguimos tomando botellas de sólo agua hasta defecar agua limpia, lo cual tomará toda la mañana.
Es importante beber varias botellas de sólo agua, mínimo 3, para eliminar no sólo las excretas sino también el bicarbonato.
Botella:750 ml
Agua: desclorada (reposada, de filtro, etc.)
Cucharaditas: de las de té al ras.
El bicarbonato aumentará el movimiento peristáltico procurando evacuarlo, arrastrando las excretas y parásitos a su paso. Se puede experimentar hinchazón por un rato hasta que los sólidos se abran paso por los intestinos. Si éstos están cargados o hay constipación, el agua puede no avanzar a tiempo y estaríamos bebiendo con el agua aún en el estómago lo que provocará deseos de vomitar.
Es conveniente realizar movimientos estomacales cómo el uddiyana bandha o movimientos ondulatorios cómo los de la danza del vientre para favorecer el tránsito intestinal.
Conviene hacer unos días previos de alimentación que favorezca el tránsito intestinal (hojas verdes y otras verduras, frutas, semillas) Eliminar productos de origen animal, lácteos y refinados.
Resulta genial cómo forma de vaciar los intestinos al comenzar un ayuno, cuando se experimenta dispepsia, gases, constipación crónica y cómo terapia contra el cáncer.
Esta técnica no reemplaza la terapia colónica que puede ser más eficaz a la hora de limpiar excretas de años, mucosas, parásitos y costras endurecidas que tapizan los intestinos, causadas por la ingesta sostenida de lácteos, harinas refinadas, carnes, alimentos cocidos y, en el caso de lxs fumadorxs endurecidas cómo yeso por la nicotina.
Tempoco reemplaza los múltiples beneficios del ayuno que limpia a nivel sanguíneo, histológico y celular.
Dragon Ecologista ( http://www.dragonecologista.com.ar )
La limpieza Reset Intestinal nos reporta en medio día un beneficio que se obtiene en una ayuno prolongado, de unos 7 o más días con enemas diarias; me refiero a la limpieza intestinal, que además de toxinas, barre parásitos, alcaliniza, limpia de mucosas y excretas de años. Esta limpieza cura el cáncer.
Combina un yoga kriya (técnicas de limpieza orgánica) que se hace bebiendo agua de mar o salada y la teoría de Tulio Simoncini sobre el cáncer, la cual comparto.
Técnica:
Al levantarte, en ayunas se bebe una botella* de agua* con 11 cucharaditas* de Bicarbonato de sodio (NaHCO3), luego, al rato otra botella con 9 cucharaditas y luego otra con 7. A partir de ahí seguimos tomando botellas de sólo agua hasta defecar agua limpia, lo cual tomará toda la mañana.
Es importante beber varias botellas de sólo agua, mínimo 3, para eliminar no sólo las excretas sino también el bicarbonato.
Botella:750 ml
Agua: desclorada (reposada, de filtro, etc.)
Cucharaditas: de las de té al ras.
El bicarbonato aumentará el movimiento peristáltico procurando evacuarlo, arrastrando las excretas y parásitos a su paso. Se puede experimentar hinchazón por un rato hasta que los sólidos se abran paso por los intestinos. Si éstos están cargados o hay constipación, el agua puede no avanzar a tiempo y estaríamos bebiendo con el agua aún en el estómago lo que provocará deseos de vomitar.
Es conveniente realizar movimientos estomacales cómo el uddiyana bandha o movimientos ondulatorios cómo los de la danza del vientre para favorecer el tránsito intestinal.
Conviene hacer unos días previos de alimentación que favorezca el tránsito intestinal (hojas verdes y otras verduras, frutas, semillas) Eliminar productos de origen animal, lácteos y refinados.
Resulta genial cómo forma de vaciar los intestinos al comenzar un ayuno, cuando se experimenta dispepsia, gases, constipación crónica y cómo terapia contra el cáncer.
Esta técnica no reemplaza la terapia colónica que puede ser más eficaz a la hora de limpiar excretas de años, mucosas, parásitos y costras endurecidas que tapizan los intestinos, causadas por la ingesta sostenida de lácteos, harinas refinadas, carnes, alimentos cocidos y, en el caso de lxs fumadorxs endurecidas cómo yeso por la nicotina.
Tempoco reemplaza los múltiples beneficios del ayuno que limpia a nivel sanguíneo, histológico y celular.
Dragon Ecologista ( http://www.dragonecologista.com.ar )
viernes, 15 de marzo de 2013
DESVINCÚLATE DE LAS HERIDAS DE TU PASADO
La inclinación a vincularnos con nuestras heridas, en
lugar de dejarlas atrás, hace que experimentemos constantemente la sensación de
no ser dignos.
Una persona que haya experimentado acontecimientos traumáticos
en la vida, como una violación sexual, la muerte de seres queridos,
enfermedades traumáticas, accidentes, rupturas familiares, drogadicciones y
otras cosas similares, puede llegar a vincularse con los dolorosos
acontecimientos del pasado y rememorarlos para llamar la atención o despertar
lástima en los demás.
Esas heridas de nuestras vidas parecen darnos una gran
cantidad de poder sobre los demás.Cuanto más les hablamos a otros sobre
nuestras heridas y sufrimientos, tanto más creamos un entorno de compasión por
nosotros mismos.
Nuestro espíritu creativo permanece tan conectado con los
recuerdos de nuestras heridas que no puede dedicarse a transformar y
manifestar.
El resultado de ello es la sensación de desmerecimiento, de no ser
digno de recibir todo aquello que se desea.
La tendencia a vincularnos con las heridas de nuestras
vidas nos recuerda lo poco merecedores que somos de recibir nada de lo que
realmente nos gustaría tener, debido a que permanecemos sumidos en un estado de
sufrimiento.
Cuanto más se recuerdan y se repiten estas historias dolorosas,
tanto más tiene garantizado esa persona que no atraerá la materialización de
sus deseos.
Quizá la frase más poderosa que puedas llegar a memorizar
en este sentido sea: «Tu biografía se convierte en tu biología». A la que yo
añadiría: «Tu biología se convierte en tu ausencia de realización espiritual».
Al aferrarte a los traumas anteriores de tu vida, impactas literalmente sobre
las células de tu cuerpo.
Al examinar la biología de un individuo, es fácil
descubrir en ella su biografía.
Los pensamientos angustiosos, de autocompasión,
temor, odio y otros similares, cobran un peaje sobre el cuerpo y el espíritu.
Al cabo de un tiempo, el cuerpo es incapaz de curarse, debido en buena medida a
la presencia de esos pensamientos.
El apego al dolor sufrido en los primeros años de la vida
procede de una percepción mitológica según la cual «tengo derecho a una
infancia perfecta, libre de dolor. Utilizaré durante el resto de mi vida
cualquier cosa que interfiera con esta percepción. Contar mi historia será mi poder».
Lo que hace esta percepción es darle permiso al niño herido que llevas dentro
para controlarte durante el resto de tu vida. Además, te proporciona una fuerte
sensación de poder ilusorio.
Tenemos que ser muy cuidadosos para evitar explicar
nuestra vida actual en términos de una historia traumática anterior.
Los
acontecimientos dolorosos de nuestras vidas son como una balsa que se utiliza
para cruzar el río. Debes recordar bajarte una vez que hayas llegado a la otra
orilla.
Observa tu cuerpo cuando has sufrido una herida. Una
herida abierta se cierra en realidad con bastante rapidez. Imagina cómo serían
las cosas si esa herida permaneciera abierta durante mucho tiempo. Se
infectaría y, en último término, acabaría por matar a todo el organismo. El cerrar
una herida y permitir que cure puede actuar del mismo modo en los pensamientos
de tu mundo interior.
Así pues, no lleves contigo tus heridas.
Afróntalas y pide
a la familia
y a los amigos que sean compasivos mientras te recuperas. Luego, pídeles que te
lo recuerden amablemente cuando se convierta en una respuesta predecible.
Quizá
en cuatro o cinco ocasiones tus amigos y personas queridas te dirán: «Sufriste
una experiencia trágica y comprendo perfectamente tu necesidad de hablar de
ello. Me importa, te escucho y te ofrezco mi ayuda si eso es lo que deseas».
Después de varias situaciones de este tipo, pídeles que te recuerden
amablemente que no debes repetir la historia con el propósito de obtener poder
a través de la compasión de los demás.
Al retroceder en tu camino y reavivar continuamente tu
dolor, incluyendo la descripción de ese dolor y la calificación de ti mismo
(superviviente de un incesto, alcohólico, huérfano, abandonado), no lo haces
para sentirte más fuerte. Lo haces debido a la amargura que estás
experimentando. Esa amargura se pone de manifiesto en forma de odio y cólera al
hablar de esos acontecimientos, con lo que no haces sino alimentar literalmente
el tejido celular de tu vida a partir de tu cosecha de acontecimientos del
pasado.Eso hace que se extienda la infección e impide
la curación. Y lo mismo
sucede con el espíritu. Esta cosecha de amargura te impide sentirte merecedor.
Empiezas a cultivar entonces una imagen sucia, de criatura desafortunada,
desmerecedora y difamada, y eso es lo que envías al universo, lo que inhibirá
cualquier posibilidad de atraer el amor y la bendición a tu vida.
Aquello que te permitirá desvincularte de tus heridas es
el perdón. El perdón es lo más poderoso que puedes hacer por tu fisiología y
por tu espiritualidad, a pesar de lo cual sigue siendo una de las cosas menos
atractivas para nosotros, debido en buena medida a que nuestros egos nos
gobiernan de un modo inequívoco.
Perdonar se asocia de algún modo con decir que
está bien, que aceptamos el hecho perverso. Pero eso no es perdón.
Perdón
significa llenarse de amor e irradiar ese amor hacia el exterior, negándose a
transmitir el veneno o el odio engendrado por los comportamientos que causaron
las heridas.
El perdón es un acto espiritual de
amor por uno mismo, y envía
a todo el mundo ,
incluido tú mismo, el mensaje de que eres un objeto de amor y que eso es lo que
vas a impartir. En eso consiste el verdadero proceso de desvinculación de las
heridas, de no seguir aferrándose a ellas como preciadas posesiones.
Significa
renunciar al lenguaje de la culpa y la autocompasión, y a no seguir adelante
con las heridas del pasado.
Significa perdonar íntimamente, sin esperar que
nadie lo comprenda.
Significa dejar atrás la actitud del ojo por ojo, que sólo
causa más dolor y la necesidad de más venganza, sustituyéndola por una actitud
de amor y perdón.
Esta forma de actuar es alabada en la literatura espiritual
de todas las religiones.
Sentirse digno es esencial para poder atraer aquello que
se desea.
Es, simplemente, una cuestión de sentido común.
Si no tienes la
sensación de merecer algo, ¿por qué te lo va a enviar la energía divina que
está en todas las cosas? Así pues, tienes que cambiar y saber que tú y la
energía divina sois una sola cosa, y que es tu ego el que se confabula para
impedirte utilizar este poder en tu propia vida.
A continuación se indican
algunas de las grandes actitudes y comportamientos que puedes incorporar
a tu conciencia para
facilitar el crecimiento de tus sentimientos de merecimiento.
UN PLAN QUE TE AYUDARÁ A VER QUE ERES DIGNO DE RECIBIR Y
ATRAER
Las siguientes sugerencias representan un plan paso a paso
para intensificar tu receptividad al poder de la manifestación en tu vida. Si
lo pones en práctica, no cabe la menor duda de que te sentirás digno de la
bendición del espíritu divino que lo abarca todo.
* La palabra «inspiración» significa literalmente «estar
infundido de espíritu», o en el espíritu, si se quiere.
* Practica hacer aquello que te guste, y procura que te
guste lo que haces cada día. Si vas a hacer algo, concédete el beneficio de no
quejarte y, en lugar de eso, muestra cariño por esa actividad. Tu lema aquí ha
de ser: «Me gusta lo que hago, y hago lo que me gusta». Eso te sitúa «en el
espíritu» y te proporciona literalmente el entusiasmo para ser un receptor
digno de la gracia de Dios. La palabra entusiasmo procede de la raíz griega
entheos, que significa, literalmente, «estar lleno de Dios».
* Haz todos los esfuerzos posibles por eliminar de tu
vocabulario y de tu diálogo interior los hábitos internos de pesimismo,
negatividad, juicio, quejas, murmuraciones, cinismo, resentimiento y crítica
destructiva. Sustitúyelos con optimismo, amor, aceptación, amabilidad y paz
como forma de procesar tu mundo y a las personas que hay en él.
* Al margen de lo mucho que te sientas tentado de retroceder
hacia hábitos cínicos, recuerda que ésa es la energía que estás enviando al
mundo, y que con ello transmites un mensaje que bloquea la energía que te
devolverá lo que deseas. Si estás lleno de negatividad, te encuentras
desequilibrado y tus resentimientos indican que no te sientes digno o preparado
para aceptar la energía amorosa que deseas.
* Procura encontrar cada día un momento de tranquilidad
para erradicar los sentimientos de indignidad. Ese tiempo de oración o
meditación, o de experimentar simplemente el silencio, alimentará tu alma y
eliminará finalmente todas las dudas que puedas abrigar acerca de no merecer el
ser beneficiario de la abundancia del universo.
* Lee literatura espiritual y poesía, y escucha música
clásica suave siempre que te sea posible. He descubierto que el simple hecho de
leer la poesía de Walt Whitman, de Rabindranath Tagore o de Rumi, hace que todo
se sitúe en una perspectiva más sagrada para mí.
* Leer las grandes enseñanzas
de los maestros es como
realizar una tarea espiritual en casa. Entre ellas se incluyen el Nuevo
Testamento, Curso de milagros, la Torah, el Corán y el Bhagavad Gita. Estas
grandes obras son una forma de estar en el espíritu (inspirado) y de disolver
las dudas sobre si mereces o no materializar en tu vida aquello que
deseas.
* Procura rodearte, en la medida de lo posible, de cosas
bellas.
* Practica la amabilidad para contigo mismo y para con los
demás, con toda la frecuencia que te sea posible.
* Abandona tu necesidad de tener razón y de ganar; en vez
de eso, sé amable, y pronto conocerás la bendición de
la paz interior. Recuerda
que tu yo superior sólo desea paz. Al practicar la amabilidad, la paz aparece
inmediatamente. Al estar en paz contigo mismo y con tu mundo, sabes que eres un
digno receptor de todo lo que se cruza en tu camino. Empiezas a confiar
entonces en la energía que aporta la realización de tus deseos.
* Sí te encuentras en un estado de confusión y, en
consecuencia, te preocupa ganar o perder, te hallas a merced de tu propio ego,
al que le encanta la
confusión. Toda esa confusión interna hace que te cuestiones
a ti mismo y tu valía en comparación con otros. Y eso trae consigo la duda
acerca de si eres o no digno de recibir y manifestar.
* Ponte la meta de ser cada día amable con los demás, al
menos una vez, y extiende ese mismo privilegio hacia ti mismo, tanto como te
sea posible. Siempre tienes una alternativa acerca de cómo va a reaccionar tu
espíritu. La alternativa de la culpabilidad, la preocupación, el temor o el juicio
no es más que un pensamiento que se transfiere a tu fisiología. Cuando tu yo
físico se ve desequilibrado por estas emociones, te sientes demasiado enfermo e
infeliz como para pensar siquiera en participar en el acto de la co-creación de
una vida bienaventurada. Te saboteas a ti mismo, y todo por la falta de
voluntad para ser amable contigo mismo y con los demás.
* Empieza a considerar el universo como un lugar amistoso,
antes que enemistoso. Sitúa en la categoría de «lecciones» todas las heridas de
las fases anteriores de tu vida. Deja de verte condicionado por esas heridas y
de convertirlas en un brazalete identificativo.
* Desvincúlate de la actitud de que este mundo es maligno,
está lleno de gente mala, y empieza, hoy mismo, a buscar el bien en la gente
con la que te encuentres. Recuerda que, por cada acto de maldad, hay millones
de actos de amabilidad. Este universo funciona con la energía de la armonía y
el equilibrio. Inspira para absorber esa energía y elimina de tu mente y tu
corazón la idea de que eres una víctima. Toda vinculación con tus traumas crea
una toxicidad celular en tu cuerpo y un envenenamiento espiritual de tu alma.
Repítelo una y otra vez, hasta que quede bien grabado:
«Soy lo que soy, y soy digno de la abundancia que hay en
el universo, y de todo lo que hay en él, incluido yo mismo».Te encuentras ahora
en el camino de saber que eres merecedor de atraer y manifestar en tu
mundo.Eres consciente de tu yo superior. Confías en ti mismo y en la sabiduría
divina que te ha creado.Sabes que no estás separado de tu entorno, y que dentro
de ti existe el poder para atraer.
por Waine
Dyer
sábado, 9 de febrero de 2013
DEL AUTORITARISMO A LA PERMISIVIDAD
Hoy en día la forma habitual de relacionarse entre padres e hijos ya no es la estrictamente autoritaria, en el sentido tradicional en el que los padres imponían su punto de vista y el niño tenía que acatarlo sin discusión.
Los padres eran dueños de hacer lo que consideraban oportuno con sus hijos, de la misma forma en que una mujer «pertenecía» a su marido.
Las sociedades actuales han empezado a regular los derechos del niño porque crece la convicción de que tener hijos no implica la posesión de sus vidas y de sus mentes. Los padres y el Estado saben que tienen que tomar ciertas decisiones en nombre del niño no para adoctrinarlo, sino para dotarlo de herramientas que le permitan crecer desarrollando sus facultades en plenitud.
Aunque tradicionalmente no se tenían en cuenta como necesarias la paciencia, contención y amor que necesitan los niños, las investigaciones del psiquiatra Lloyd de Mause develan que cada generación adelanta poco a poco en este sentido:
«La educación del niño se ha ido convirtiendo en un proceso que exige no tanto la
conquista de su voluntad como su entrenamiento».
conquista de su voluntad como su entrenamiento».
Los padres han adquirido de forma progresiva conciencia de la importancia de respetar no sólo las necesidades físicas del niño, sino también sus necesidades psicológicas y emocionales.
Resulta ilustradora en este sentido la vida del psicoanalista inglés John Bowlby, cuya aportación a la comprensión del desarrollo de la afectividad infantil ha marcado generaciones posteriores de educadores y pensadores.
Bowlby nació en Inglaterra en una familia de clase acomodada y, de acuerdo a las costumbres de su época y de su clase social, fue criado por una niñera. Generalmente el pequeño Bowlby solía ver a su madre una hora al día, después de la hora del té. Como muchas otras personas de su época, ella consideraba que la atención parental y el afecto eran peligrosos para el correcto desarrollo del niño. Cuando Bowlby cumplió 4 años su amada niñera dejó su empleo. Tiempo después Bowlby describió esa separación como algo tan trágico como la pérdida de una madre. A los 7 años ingresó en un internado, cuyos recuerdos dolorosos relató en sus posteriores escritos, como, por ejemplo, Separación: ansiedad y angustia.
Estas experiencias traumáticas de niñez lo ayudaron a desarrollar una inusual empatía frente al sufrimiento emocional infantil.
El sentido patriarcal y autoritario de la educación también se tambalea a medida que la familia tradicional se disuelve y requiere, por tanto, una regulación externa.
Éste es un movimiento imparable a todas luces. ¿A qué responde? Probablemente tiene un impacto determinante en esta nueva conformación social y familiar un creciente deseo de felicidad personal perdurable que abarque nuestra vida entera. La vida se alarga y se crean así nuevas necesidades para los adultos, una vez agotada la fase de crianza básica del niño. Ya no se trata de vivir simplemente para superar los problemas propios de la supervivencia, sino de disfrutar de la vida. A veces este deseo existe en función de criterios individualistas, posiblemente egoístas, y choca con las necesidades de los demás.
Éste es un movimiento imparable a todas luces. ¿A qué responde? Probablemente tiene un impacto determinante en esta nueva conformación social y familiar un creciente deseo de felicidad personal perdurable que abarque nuestra vida entera. La vida se alarga y se crean así nuevas necesidades para los adultos, una vez agotada la fase de crianza básica del niño. Ya no se trata de vivir simplemente para superar los problemas propios de la supervivencia, sino de disfrutar de la vida. A veces este deseo existe en función de criterios individualistas, posiblemente egoístas, y choca con las necesidades de los demás.
En este contexto social y familiar inestable resulta urgente dotar a las personas de herramientas emocionales sólidas, como por ejemplo el desarrollo de la empatía y de la responsabilidad, para ayudarles a tomar las decisiones más ecuánimes en cada momento.
Esta época de transición descoloca a muchas personas, porque desde el rechazo al autoritarismo muchos padres se han convertido en educadores permisivos.
Esta posición permisiva suele responder al miedo de dañar al niño, fruto de la gran cantidad de información, a veces indiscriminada, que brota de todas partes: medios de comunicación, vecinos, amigos, familiares...
Los estudios demuestran, sin embargo, que muchas creencias populares respecto a la educación de los hijos y de las relaciones humanas están sesgadas, cuando no equivocadas. La educación permisiva otorga una plataforma segura al niño, pero descoloca a los padres, que, temerosos y débiles, pierden su columna vertebral, aquella que sostiene su sentido de autoridad y que no debiera confundirse con el autoritarismo.
En lugar de ayudar y de guiar al niño, los padres permisivos lo cargan con decisiones impropias de su edad.
Entregan el poder de decisión a un niño inmaduro, que sufre las consecuencias del desconcierto de sus padres
¿Cuándo es aceptable la permisividad?
El psicólogo Haim Ginott, autor de libros tan influyentes como Between Parent and Child, sugería que la permisividad es aceptable cuando implica respetar la naturaleza infantil de los niños: los niños prefieren correr a andar, se ensucian con facilidad y ponen caras divertidas frente al espejo. Si permitimos que los niños se comporten de la forma espontánea que les es inherente, les animamos a que expresen con mayor soltura y confianza sus emociones y sus pensamientos.
La permisividad mal entendida significa, en cambio, que aceptamos actos indeseables, como por ejemplo comportamientos agresivos o destructivos.
Este tipo de permisividad genera ansiedad y demandas cada vez menos razonables, que los padres, y más adelante la sociedad, no podrán conceder.
La psicóloga Diana Baumrind detectó, en estudios llevados a cabo ya en la década de 1970, que los hijos de padres autoritarios tendían a ser conflictivos e irritables, mientras que los hijos de padres permisivos solían mostrar comportamientos impulsivos, con pocos recursos personales y baja capacidad para lograr sus metas.
Las investigaciones posteriores han confirmado estos patrones heredados. Si decimos a nuestros hijos qué deben sentir, les enseñamos a desconfiar de sus propios sentimientos. Todos los comportamientos no son aceptables, pero todas las emociones y los deseos lo son.
Los padres deberían, por tanto, imponer ciertos límites sobre los comportamientos, pero no sobre las emociones y los deseos.
Existe una educación consciente, a medio camino entre el autoritarismo y la permisividad.
La educación es cuestión de equilibrio, un equilibrio que se ha de buscar de forma constante porque todos los días no son iguales y las circunstancias cambian y oscilan, a veces sutilmente. En este equilibrio el niño tiene su propia vida emocional, sus preferencias, su lugar; y el adulto también. Es un camino de doble sentido entre todos los miembros de la familia: «Yo te respeto y tú me respetas».
Lo que debe guiarnos no son reglas rígidas sino unos pocos criterios básicos que conocemos desde que somos capaces de estudiar las emociones: entre ellos destacan el amor incondicional, el desarrollo de la autoestima, enseñar al niño a responsabilizarse de sus actos y el respeto hacia las necesidades de los demás (basado en el desarrollo de la empatía).
Los hijos de padres que aplican estos criterios de inteligencia emocional muestran más disposición a ser cooperativos, enérgicos, sociables y capaces de alcanzar metas.
El aprendizaje de criterios educativos equilibrados y emocionalmente inteligentes por parte de los padres tiene una repercusión enorme sobre los hijos. Sabemos, por ejemplo, que los hijos de padres emocionalmente inteligentes suelen elegir amigos cuyos padres también son emocionalmente inteligentes. De esta forma nuestro estilo educativo tiene repercusiones incluso sobre los amigos que elijen nuestros hijos.
Explica John Gottman, catedrático de Psicología de la Universidad de Washington, que el primer paso que han de dar los padres para educar a sus hijos con inteligencia emocional es comprender su forma particular de enfrentarse a las emociones y el impacto que esto tiene sobre sus hijos.
Básicamente los padres tienden a uno de cuatro estilos educativos:
-despreciativo,
-condenatorio,
-no intervencionista o
-emocionalmente competente.
-emocionalmente competente.
Con los padres condenatorios o despreciativos los niños aprenden que sus sentimientos son inapropiados o no son válidos. Pueden llegar a creer que hay algo innato que está mal en ellos por cómo se sienten.
Los padres no intervencionistas, en cambio, están llenos de empatía por sus hijos y les
aseguran continuamente, de acto y de palabra, que pase lo que pase, ellos lo aceptan. Pero no parecen capaces o dispuestos a enfrentarse a las emociones negativas. Esto puede infundir miedo a un niño pequeño porque no tiene la experiencia o el conocimiento para escapar del «agujero» de las emociones. Estos niños no aprenden, por tanto, a regular sus emociones; les cuesta concentrarse y mantener o formar amistades con los demás niños.
aseguran continuamente, de acto y de palabra, que pase lo que pase, ellos lo aceptan. Pero no parecen capaces o dispuestos a enfrentarse a las emociones negativas. Esto puede infundir miedo a un niño pequeño porque no tiene la experiencia o el conocimiento para escapar del «agujero» de las emociones. Estos niños no aprenden, por tanto, a regular sus emociones; les cuesta concentrarse y mantener o formar amistades con los demás niños.
Los padres emocionalmente competentes, asegura Gottman, también aceptan de manera incondicional los sentimientos y las emociones de sus hijos. Sin embargo, a diferencia de los padres no intervencionistas, saben que las emociones pueden cumplir un papel útil en sus vidas. Valoran las emociones negativas de sus hijos como oportunidades para la intimidad emocional: escuchan, empatizan, ayudan al niño a definir sus emociones, ponen límites y enseñan tácticas de resolución de conflictos. Son sensibles a los estados emocionales del niño, aun cuando éstos sean sutiles. No se burlan de las emociones del niño ni le dicen cómo debería sentirse. Los hijos aprenden a confiar en sus sentimientos, a regular sus emociones y a resolver problemas.
La labor de los padres es alentar al niño para que desarrolle sus habilidades.
Existen diversos obstáculos en esta tarea, pensamientos que albergamos porque nos dijeron alguna vez que eran ciertos y no los cuestionamos; o porque creemos desear lo mejor para nuestros hijos y en función de nuestros temores intentamos convertirles en personas que no son. Las expectativas a veces nos impiden percibir quién es, realmente, la persona que tenemos a nuestro lado, niño o adulto. Si mantenemos nuestras expectativas abiertas, aceptaremos que los demás son seres independientes, que no nos pertenecen y que tienen su propio camino. Otro peligro en este sentido radica en la humillación. Humillamos a los demás cuando nos burlamos de ellos o cuando les decimos frecuentemente frases o coletillas en apariencia inofensivas:
«Eres un bobo», «Menudo despistado...».
Existen diversos obstáculos en esta tarea, pensamientos que albergamos porque nos dijeron alguna vez que eran ciertos y no los cuestionamos; o porque creemos desear lo mejor para nuestros hijos y en función de nuestros temores intentamos convertirles en personas que no son. Las expectativas a veces nos impiden percibir quién es, realmente, la persona que tenemos a nuestro lado, niño o adulto. Si mantenemos nuestras expectativas abiertas, aceptaremos que los demás son seres independientes, que no nos pertenecen y que tienen su propio camino. Otro peligro en este sentido radica en la humillación. Humillamos a los demás cuando nos burlamos de ellos o cuando les decimos frecuentemente frases o coletillas en apariencia inofensivas:
«Eres un bobo», «Menudo despistado...».
Las etiquetas son otro de los obstáculos que deben evitarse: «Eres torpe», o incluso etiquetas supuestamente positivas, como «¡Clarita es tan buena!», ayudan al niño a fijar de forma rígida su incipiente idea de quién es.
Es fácil, por cierto, fijar los defectos del niño a través de las etiquetas.
Lo evitaremos si mantenemos una mirada generosa sobre el otro y si eliminamos las palabras «jamás», o «nunca», porque éstas cierran todas las puertas a un posible cambio.
Comparar a nuestros seres queridos con algo o con alguien también es negativo, porque implica que su valor varía según las circunstancias.
En cuanto a la crítica constante, debilita el esfuerzo de las personas. Un esfuerzo grande puede arrojar un resultado pequeño, pero la persona que lo ha llevado a cabo merece respeto y apoyo.
Todas estas trampas sutiles de la convivencia y la educación tienen consecuencias dañinas y duraderas para el desarrollo emocional de aquellos que nos rodean, tanto niños como adultos, y conviene que seamos conscientes de ellas para desterrarlas de nuestra forma de relacionarnos con los demás.
Elsa Punset
Etiquetas:
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Vuélvete maestro de tu mundo emocional
"La desolación puede darte muchas cosas
que la felicidad no puede. De hecho, la
felicidad te quita mucho. Te quita todo
lo que siempre has tenido, lo que siempre has sido. ¡La felicidad te destruye! La desolación nutre tu ego y la felicidad es
básicamente un estado de ausencia de ego.
Ese es el problema, el verdadero
meollo del asunto. Es por eso que la
gente encuentra muy difícil ser feliz. Es por eso que millones de personas en
el mundo han decidido vivir en la desolación.
Te da un ego muy, muy cristalizado.
Miserable, eres. Feliz, no
eres.
En la desolación hay cristalización; en la felicidad te vuelves difuso. Si se entiende esto las cosas se vuelven muy claras.
En la desolación hay cristalización; en la felicidad te vuelves difuso. Si se entiende esto las cosas se vuelven muy claras.
La desolación te vuelve especial. La felicidad es un fenómeno universal, no
tiene nada de especial.
Los árboles son felices y las bestias son felices y los pájaros son felices. Toda la existencia es feliz excepto el hombre. Al estar desolado, el hombre se vuelve muy especial, extraordinario.
Los árboles son felices y las bestias son felices y los pájaros son felices. Toda la existencia es feliz excepto el hombre. Al estar desolado, el hombre se vuelve muy especial, extraordinario.
La desolación te permite atraer la
atención de la gente. Siempre que estás
desolado tienes atención, te tratan amigablemente, te quieren. Todos empiezan a cuidarte. ¿Quién quiere lastimar a una persona
desolada? ¿Quién siente celos de una
persona desolada? ¿Quién quiere estar en
contra de una persona desolada? Sería
demasiado vil.
La persona desolada es cuidada,
querida, atendida. Se invierte muchísimo
en la desolación. Si la esposa no está
desolada, el esposo simplemente tiende a olvidarla. Si está desolada, el esposo no puede darse
ese lujo. Si el esposo está desolado,
toda la familia, (la esposa, los niños), está a su alrededor, preocupada por
él; eso reconforta mucho. Uno siente que
no está solo, que tiene familia, amigos.
Cuando estás enfermo, deprimido y en la desolación,
tus amigos van a visitarte, a reconfortarte y a consolarte. Cuando eres feliz, esos mismos amigos sienten celos de ti. Cuando realmente seas feliz, encontrarás que todo el mundo está en tu contra.
A nadie le gusta una persona feliz, pues
hiere los egos de los demás. Los demás
empiezan a sentir: “Te has vuelto feliz y nosotros seguimos arrastrándonos en
la oscuridad, la desolación. “¡Cómo te
atreves a ser feliz cuando todos nosotros estamos en esta desolación!”.
Por supuesto, el mundo está compuesto
por gente desolada y nadie es lo suficientemente valiente como para dejar que
el mundo se ponga en su contra; es demasiado peligroso y arriesgado.
Es mejor colgarte de la desolación que te mantiene siendo parte de la multitud.
Sé feliz y serás un individuo; si es estás desolado serás parte de una multitud: hinduista, mahometana, cristiana, india, árabe, japonesa.
Es mejor colgarte de la desolación que te mantiene siendo parte de la multitud.
Sé feliz y serás un individuo; si es estás desolado serás parte de una multitud: hinduista, mahometana, cristiana, india, árabe, japonesa.
¿Feliz? ¿Sabes lo que es la felicidad? ¿Es hinduista, cristiana, mahometana?
La felicidad es simplemente felicidad.
Uno es transportado a otro mundo donde deja de ser parte del mundo que ha creado la mente humana, del pasado, de la historia terrible.
Uno deja de ser parte del tiempo por completo.
La felicidad es simplemente felicidad.
Uno es transportado a otro mundo donde deja de ser parte del mundo que ha creado la mente humana, del pasado, de la historia terrible.
Uno deja de ser parte del tiempo por completo.
Cuando
realmente eres feliz, extático, el tiempo y el espacio desaparecen.
Albert Einstein dijo que en el pasado
los científicos creían que habían dos realidades: espacio y tiempo.
Pero él demostró que estas dos realidades no son dos, sino que son dos rostros de la misma realidad.
Entonces acuñó el término espacio-tiempo, una sola palabra.
El tiempo no es más que la cuarta dimensión del espacio.
Einstein no era un místico, pues si no habría introducido también la tercera realidad: lo trascendental, ni espacio ni tiempo. Eso también está ahí; yo lo llamo el testigo.
Una vez que están los tres, tienes a la trinidad completa.
Tienes el concepto de trimurti completo, las tres caras de Dios, las cuatro dimensiones. La realidad es tetradimensional: tres dimensiones de espacio y la cuarta dimensión es el tiempo.
Pero él demostró que estas dos realidades no son dos, sino que son dos rostros de la misma realidad.
Entonces acuñó el término espacio-tiempo, una sola palabra.
El tiempo no es más que la cuarta dimensión del espacio.
Einstein no era un místico, pues si no habría introducido también la tercera realidad: lo trascendental, ni espacio ni tiempo. Eso también está ahí; yo lo llamo el testigo.
Una vez que están los tres, tienes a la trinidad completa.
Tienes el concepto de trimurti completo, las tres caras de Dios, las cuatro dimensiones. La realidad es tetradimensional: tres dimensiones de espacio y la cuarta dimensión es el tiempo.
Sin embargo, hay algo más. No puede llamarse quinta dimensión porque no
es la quinta realidad; es el todo, lo trascendental.
Cuando eres realmente feliz empiezas a adentrarte en lo trascendental.
No es social, no es tradicional, no tiene nada que ver con la mente humana.
Cuando eres realmente feliz empiezas a adentrarte en lo trascendental.
No es social, no es tradicional, no tiene nada que ver con la mente humana.
Sólo observa tu desolación, mírala y serás
capaz de encontrar las razones de que exista.
Entonces observa los momentos en los que de vez en cuando te permites el
gozo de estar alegre y ve qué diferencias hay.
Te darás cuenta de que cuanto estás desolado eres un conformista. La sociedad te ama, la gente te respeta, incluso puedes llegar a convertirte en un santo, pues los santos están desolados. La desolación está escrita profundamente en sus rostros, en su mirada. Como están desolados, están en contra de toda alegría. Condenan toda alegría como hedonismo, toda posibilidad de alegría como pecado. Están desolados y les gustaría ver a todo el mundo igual. De hecho, sólo en un mundo miserable pueden ser considerados santos. En un mundo feliz tendrían que ser hospitalizados como enfermos mentales. Son patológicos.
Te darás cuenta de que cuanto estás desolado eres un conformista. La sociedad te ama, la gente te respeta, incluso puedes llegar a convertirte en un santo, pues los santos están desolados. La desolación está escrita profundamente en sus rostros, en su mirada. Como están desolados, están en contra de toda alegría. Condenan toda alegría como hedonismo, toda posibilidad de alegría como pecado. Están desolados y les gustaría ver a todo el mundo igual. De hecho, sólo en un mundo miserable pueden ser considerados santos. En un mundo feliz tendrían que ser hospitalizados como enfermos mentales. Son patológicos.
Yo he visto muchos santos y observado
las vidas de los santos de antaño. El
noventa y nueve por ciento de ellos son simplemente anormales: neuróticos o
incluso psicóticos. Además, fueron
respetados por su desolación, recuérdalo.
Los grandes santos hacían ayunos muy
largos, torturándose. Pero eso no es
algo muy inteligente. Sólo los primeros
días, la tercera semana, es difícil; la segunda semana es muy fácil; la tercera
semana se vuelve difícil comer; la cuarta semana lo has olvidado por
completo. El cuerpo disfruta comerse a
sí mismo y se siente menos pesado, obviamente, y sin problemas que
digerir. Además, toda la energía que se
utiliza para la digestión está disponible para la cabeza. Puedes pensar más, puedes concentrarte mejor,
puedes olvidar al cuerpo y sus necesidades.
Sin embargo, eso simplemente crearon
gente desolada y una sociedad desolada.
Observa tu desolación y encontrarás que hay ciertas cosas
fundamentales. Primera: te hace respetable. La gente se muestra más amigable hacia ti,
más simpática. Tendrás más amigos si
estás desolado. Es un mundo muy extraño,
hay algo de base que está mal. No
debería ser así; una persona feliz debería tener más amigos. Pero vuélvete
feliz y la gente sentirá celos de ti, ya no serán amigables. Esto es porque se sienten traicionados;
tienes algo que ellos no pueden conseguir.
¿Por qué eres feliz? Entonces a
través de las diferentes épocas de la historia hemos aprendido un mecanismo
sutil: reprimir la felicidad y expresar la desolación. Se ha convertido en nuestra segunda
naturaleza.
Debes deshacerte de ese
mecanismo.
Aprende a ser feliz y a respetar a la gente feliz, aprende a prestar más atención a la gente feliz, recuérdalo. Este es un gran servicio a la humanidad. No seas demasiado amigable hacia la gente que está desolada. Si alguien está desolado, ayúdalo, pero no seas demasiado amigable. No le des la idea de que la desolación es algo valioso. Permítele saber perfectamente bien que lo estás ayudando pero no por respeto, sino simplemente porque está desolado. No estás haciendo nada sino tratando de sacar a un hombre de su desolación, pues la desolación es desagradable. Permite que la persona sienta que la desolación es así, que estar desolado no es algo virtuoso, que no le está haciendo un gran servicio a la humanidad.
Aprende a ser feliz y a respetar a la gente feliz, aprende a prestar más atención a la gente feliz, recuérdalo. Este es un gran servicio a la humanidad. No seas demasiado amigable hacia la gente que está desolada. Si alguien está desolado, ayúdalo, pero no seas demasiado amigable. No le des la idea de que la desolación es algo valioso. Permítele saber perfectamente bien que lo estás ayudando pero no por respeto, sino simplemente porque está desolado. No estás haciendo nada sino tratando de sacar a un hombre de su desolación, pues la desolación es desagradable. Permite que la persona sienta que la desolación es así, que estar desolado no es algo virtuoso, que no le está haciendo un gran servicio a la humanidad.
Sé feliz, respeta la felicidad y ayuda
a la gente a entender que la felicidad es la meta de la vida: satchitanand.
Los místicos de Oriente han dicho que Dios tiene tres cualidades.
Es sat: es verdad, ser.
Es chit: consciencia. Y, a fin de cuentas, el punto más alto
es anand: felicidad.
Donde quiera que esté la felicidad, está Dios. Siempre que veas a una persona feliz, respétala; es santa. Cada vez que sientas una reunión alegre, festiva, piensa en ella como en un lugar sagrado.
Los místicos de Oriente han dicho que Dios tiene tres cualidades.
Es sat: es verdad, ser.
Es chit: consciencia. Y, a fin de cuentas, el punto más alto
es anand: felicidad.
Donde quiera que esté la felicidad, está Dios. Siempre que veas a una persona feliz, respétala; es santa. Cada vez que sientas una reunión alegre, festiva, piensa en ella como en un lugar sagrado.
Destantea a las rutinas de la mente
¿Te sientes triste?
Baila o párate bajo la ducha y mira cómo desaparece la tristeza de tu cuerpo conforme desaparece su calor. Siente cómo el agua que cae sobre ti se lleva la tristeza de la misma manera en que se lleva la transpiración y el polvo de tu cuerpo. Observa qué sucede.
Baila o párate bajo la ducha y mira cómo desaparece la tristeza de tu cuerpo conforme desaparece su calor. Siente cómo el agua que cae sobre ti se lleva la tristeza de la misma manera en que se lleva la transpiración y el polvo de tu cuerpo. Observa qué sucede.
Trata de poner a la mente en una
situación tal que no pueda funcionar como siempre. Cualquier cosa servirá. De hecho, todas las técnicas que se han
desarrollado a lo largo de siglos no son sino maneras de tratar de distraer a
la mente de los patrones establecidos.
Por ejemplo, si te sientes enojado
sólo haz algunas respiraciones profundas.
Inhala y exhala profundamente durante dos minutos y mira dónde está tu
enojo. Confundes a la mente, no puede
correlacionar ambas cosas. La mente
comienza a preguntarse: “¿Desde cuándo respira la gente profundamente cuando
está enojada? ¿Qué está pasando?”.
El punto es hacer cualquier cosa pero
nunca repetirla. Si cada vez que estés
triste te metes bajo la ducha, la mente se acostumbrará. Después de tres o cuatro veces la mente
aprende: “Muy bien, estás triste, es por eso que te metes bajo la ducha”. Entonces se vuelve una parte constitutiva de
tu tristeza. No, nunca lo repitas.
Continúa destanteando a la mente todo el tiempo. Sé innovador, sé imaginativo.
Tu pareja dice algo y tú te sientes
enojado. Siempre has querido pegarle o
aventarle algo. Ahora, cambia: ¡ve y abrázalo! ¡Dale un buen beso y destantéalo
también! Tanto tu mente como tu pareja
se destantearán. De repente las cosas ya
no serán iguales. Verás que la mente es
un mecanismo; cómo se pierde completamente si cambias la estructura; no puede
competir contra lo nuevo. Abre la
ventana y permite que entre una brisa nueva.
Cambia el patrón de enojo
Puedes librar cosas mil veces, pero si
el patrón básico no cambia, volverás a acumularlas. No hay nada malo en liberar energía. Es bueno, pero no tiene nada que ver con lo
permanente.
Los métodos orientales son totalmente
diferentes de los occidentales. No son
catárticos; por el contrario, te enfrentan con tu patrón de acción. No se preocupan mucho por la energía
reprimida. Tienen que ver con el patrón,
con los mecanismos interiores que crean la energía, que la reprimen y que hacen
que te enojes y que estés triste, deprimido y neurótico. Debe romperse el patrón.
Liberar la energía es muy sencillo; romper el patrón es difícil, es un trabajo duro. Ahora trata de hacer algo para cambiar el patrón.
Liberar la energía es muy sencillo; romper el patrón es difícil, es un trabajo duro. Ahora trata de hacer algo para cambiar el patrón.
Todos los días durante quince minutos,
en cualquier momento que te sientas bien, cierra la puerta de tu cuarto y
enójate, pero no lo liberes. Continúa
forzándolo, llega casi a enloquecer de enojo pero no lo liberes. Nada de expresión, ni siquiera una almohada
para pegarle. Reprímelo de todas las
maneras posibles, ¿entiendes? Es
exactamente lo opuesto a la catarsis.
Si sientes que surge tensión en el
estómago, como si algo fuera a explotar, jálalo hacia adentro; ténsalo tanto
como puedas. Si sientes que los hombros se están tensando, ténsalos más. Tensa el cuerpo tanto como puedas, como si
fuera un volcán sin cráter hirviendo por dentro. Eso es lo que hay que recordar: sin
liberación, sin expresión. No grites, pues
si no el estómago se liberará. No
golpees nada, pues si no los hombros se liberarán y se relajarán.
Durante quince minutos aumenta el
calor, como si estuvieras a cien grados.
Durante quince minutos aumenta la tensión hasta el clímax. Pon la alarma de un reloj y cuando suene haz
tu máximo esfuerzo. Cuando la alarma se
detenga, siéntate en silencio, cierra los ojos y observa lo que sucede. Relaja el cuerpo. Haz esto durante dos
semanas. Este calentamiento del sistema
hará que tus patrones se fundan.
Adréntate profundamente en el “no”
Practica este método cada noche
durante sesenta minutos. Primero, por
cuarenta minutos vuélvete negativo, lo más negativo que puedas. Cierra las puertas, pon almohadas por todos
lados, descuelga el teléfono y dile a todos que no te molesten durante una
hora. Coloca una nota en la puerta que
diga que deben dejarte totalmente solo durante una hora. Con una luz muy baja, pon una música triste y
siéntete muerto.
Siéntate y percíbete negativo. Repite “no” como mantra. Imagínate
escenas del pasado en las que hayas estado realmente muy mal y hayas querido
suicidarte, en las que hayas sentido que la vida no tenía sentido, y
exagéralas. Recrea toda la situación a
tu alrededor. Tu mente te
distraerá. Dirá: “¿Qué estás haciendo? ¡La noche está muy hermosa y la luna está
llena!”. No la escuches. Dile que puede regresar después, pero que por
el momento estás dedicado por completo a la negatividad. Sé religiosamente negativo. Chilla, llora,
grita o maldice; lo que se te antoje.
Sólo recuerda una cosa: no te alegres.
No permitas ninguna felicidad. Si
te sorprendes siendo feliz, ¡date inmediatamente una cachetada! Regresa a la negatividad. Golpea almohadas, pelea con ellas o bríncales
encima. ¡Sé malo! Encontrarás que es realmente muy difícil ser
negativo durante esos cuarenta minutos.
Ésta es una de las leyes básicas de la
mente: cualquier cosa que hagas no la puedes hacer conscientemente, y si la
haces conscientemente sentirás una separación.
Estás siguiendo esta ley pero sigues siendo un testigo; no te estás
dejando llevar por completo. Surge una
distancia, y esa distancia es tremendamente hermosa. No estoy diciendo que fabriques esa distancia. Es un efecto secundario, no necesitas
preocuparte por él.
Después de cuarenta minutos, sal de
repente de la negatividad. Deja las
almohadas, enciende la luz, pon alguna música hermosa y baila durante veinte
minutos.
Sólo di: “!Sí! ¡Sí! ¡Sí!”, deja que sea tu mantra. Después date un buen baño en la ducha. Eso desenraizará toda la negatividad y te dará una nueva visión respecto a decir “sí”. Te limpiará por completo.
Sin profundizar en el “no”, nadie puede llegar realmente al “sí”. Debes convertirte en un negador, entonces el decir que sí saldrá de ahí.
Sólo di: “!Sí! ¡Sí! ¡Sí!”, deja que sea tu mantra. Después date un buen baño en la ducha. Eso desenraizará toda la negatividad y te dará una nueva visión respecto a decir “sí”. Te limpiará por completo.
Sin profundizar en el “no”, nadie puede llegar realmente al “sí”. Debes convertirte en un negador, entonces el decir que sí saldrá de ahí.
Libera al tigre interior
La vida es un fenómeno tan vasto que
es imposible manejarlo, y si realmente quieres manejarlo tienes que reducirlo
al mínimo. Sólo así lo puedes
manejar. De otra forma la vida es
salvaje y libre. Es tan libre y salvaje
como las nubes, la lluvia, la brisa, los árboles y el cielo.
Realiza una meditación en la
noche. Siente como si no fueras
humano. Puedes escoger cualquier animal
que te guste. Si te gustan los gatos, un
gato está bien. Si te gustan los perros,
bien. ¡O sé un tigre, macho o hembra! Lo que te guste. Escoge el que quieras pero no lo
cambies. Conviértete en ese animal. Muévete en cuatro patas por tu cuarto y
conviértete en ese animal.
Durante quince minutos disfruta la
fantasía tanto como puedas. Ladra si
eres un perro y haz las cosas que un perro haría; ¡y hazlas realmente! Disfrútalo y no controles nada. Un perro no puede controlar nada; ser un
perro implica tener libertad absoluta, así que haz lo que venga. No traigas al elemento humano de
control. ¡Sé realmente un perro de la
manera más perruna! Durante quince
minutos ronda por tu cuarto, ladra y salta.
Haz esto durante siete días, te ayudará.
Si eres demasiado sofisticado y
civilizado, esto puede dejarte tullido.
Necesitas un poco más de energía animal.
Demasiada civilización te deja paralizado. Es buena en dosis pequeñas, pero en exceso es
muy peligrosa. Uno debe siempre
mantenerse con la capacidad de ser un animal.
Si puedes aprender a ser un poco salvaje, todos tus problemas
desaparecerán. Entonces empieza esta
noche, ¡y disfrútalo!
En caso de crisis
Siempre que hay una presión del
exterior, (lo que sucederá muchas veces en la vida), resulta difícil entrar
directamente en la meditación. Por ello,
antes de meditar tienes que hacer algo durante quince minutos para cancelar la
presión; sólo entonces puedes entrar en la meditación, y no de otra manera.
Siéntate en silencio durante quince
minutos y piensa que el mundo entero es un sueño; ¡y lo es! Piensa
en el mundo entero como si fuera un sueño y como si no hubiera nada de
importancia en él.
Por otra parte, recuerda que tarde o
temprano todo desaparecerá, incluido tú.
No has estado ni estarás siempre aquí.
Nada es permanente.
Además, recuerda que sólo eres un
testigo. Esto es un sueño, una película.
Recuerda esas tres cosas: el mundo
entero es un sueño y todo pasará, incluso tú.
La muerte se aproxima y la única realidad es el testigo, así que tú eres
sólo un testigo. Relaja el cuerpo, sé
testigo durante quince minutos y después medita. Podrás hacerlo y no habrá problema.
Sin embargo, deja de hacer esta
preparación; si no, se volverá habitual.
Debe usarse sólo en casos especiales en que sea difícil entrar a la
meditación. Si lo haces todos los días
será bueno pero te acostumbrarás y ya no tendrá efecto. Utilízala de manera medicinal. Cuando las cosas vayan mal y sean difíciles
hazla; te abrirá el camino y serás capaz de relajarte.
El T’ai Chi de la desolación
Cuando sientas que estás cayendo en la
desolación, comienza lentamente, no vayas rápido: haz movimientos lentos,
movimientos de T’ai Chi.
Si te sientes triste, cierra los ojos
y deja que las cosas fluyan en cámara lenta.
Empieza muy lentamente, con una visión de conjunto, mirando y observando
lo que sucede. Ve muy lento, de manera
que puedas ver cada acto por separado, cada fibra por separado. Si te estás enojando, enójate poco a poco.
Durante algunos días realiza
movimientos lentos en general. Por
ejemplo, si caminas, camina más lentamente que lo normal. Come más despacio y mastica más. Si normalmente comes en veinte minutos, hazlo
en cuarenta. Si generalmente abres los
ojos rápido, hazlo ahora más lento.
Báñate en el doble de tiempo que normalmente utilizas: haz todo más
despacio.
Cuando haces todo más lento,
automáticamente todo un mecanismo funciona de manera más lenta. El mecanismo es uno; es el mismo con el que
caminas, hablas, y te enojas. No hay
mecanismos diferentes, es un solo mecanismo orgánico. Así que si haces todo más lentamente, te
sorprenderás: tu tristeza, miseria, enojo, violencia... todo será más lento.
Esto provoca una experiencia tremenda:
tus pensamientos, deseos y hábitos antiguos también se hacen más lentos. Por ejemplo, si fumas, tu mano se mueve muy
lentamente: entra al bolsillo... saca un cigarro... lo pones en la boca... saca
la caja de cerillos. ¡Te mueves tan
despacio que te toma casi media hora fumar un cigarro! Te sorprenderás, serás capaz de ver cómo
haces las cosas.
Diario lunar
A veces la luna puede afectarnos
mucho, así que obsérvala y utilízala.
Lleva un registro diario durante a lo menos dos meses de acuerdo con la
luna. Empieza con la luna nueva y lleva
un registro de cómo te sientes ese día; después el día siguiente, y así todos
los días, hasta el día de luna llena.
Cuando la luna empiece a declinar, continúa con tu registro. Serás capaz de ver el ritmo, y que tu estado
de ánimo varia de acuerdo con la luna.
Una vez que conozcas tu ciclo lunar,
podrás hacer muchas cosas con él. De
antemano sabrás lo que sucederá al día siguiente y podrás estar preparado. Si vas a estar triste, disfruta la
tristeza. No habrá necesidad de pelear
contra ella. Más que pelear contra ella,
úsala, pues la tristeza también puede ser utilizada.
Jadea como un perro
Siempre que sientas un nudo en el
estómago, camina y jadea como perro.
Deja que tu lengua cuelgue. Todo
el conducto se abrirá. Jadear puede ser
muy significativo. Si lo haces durante
media hora, tu enojo fluirá de manera muy hermosa. Todo tu cuerpo estará en ello.
Hazlo algunas veces en tu cuarto. ¡Puedes usar un espejo y ladrarle y
gruñirle. Después de tres semanas
sentirás que sucede algo a un nivel muy profundo. Una vez que el enojo se haya relajado y se
haya ido, te sentirás libre.
Acepta lo negativo
También debes aprender a convivir con
tus partes negativas; sólo entonces estarás completo. Todos queremos vivir sólo con la parte
positiva. Cuando eres feliz, lo aceptas,
y cuando no eres feliz, lo rechazas.
Entonces, eres ambas cosas.
Cuando todo fluye te sientes de maravilla, cuando todo se detiene y se
estanca te sientes en el infierno. No
obstante, ambas situaciones deben aceptarse.
Así es la vida: consiste en infierno y cielo juntos. La división de infierno y cielo es
falsa. No hay un cielo arriba y un
infierno abajo: ambos están aquí. En un
momento estás en el cielo y en otro momento estás en el infierno.
Tienes que aprender también su aspecto
negativo y relajarte con él. Un día te
sorprenderás de que la parte negativa añade sabor a la vida. No es innecesaria: le da sazón a la vida. De otra manera se volvería aburrida y
monótona. Sólo piensa que te sientes más
feliz y más feliz y más feliz... ¿Qué
harás entonces? Esos momentos de
infelicidad traen chispa, búsqueda y aventura nuevamente. Recupera el apetito.
Tienes que estar con la totalidad de
tu ser. Todos los aspectos de lo bueno y
lo malo tienen que ser aceptados. No hay
manera de deshacerse de nada. Uno nunca
se deshace de nada, pero aprende lentamente a aceptar todo. Entonces surge una armonía entre la oscuridad
y la luz y es hermoso. A partir del
contraste, la vida se convierte en armonía.
Trata de vivir también estos
momentos. No te fabriques
problemas. No pienses: “¿Qué debo hacer
para no estar inquieto?”. ¡Cuando estés
inquieto, permanece inquieto! Cuando
seas feliz, sé feliz, y no te preocupes demasiado, sólo sé infeliz, ¿qué más
puedes hacer?
Es igual que el clima: es verano y
hace calor, ¿qué puedes hacer? Cuando
haga calor, ten calor y transpira, y cuando haga frío, ¡tiembla y
disfrútalo! Lentamente verás las relaciones
entre los polos opuestos, y el día que entiendas esa polaridad será un día de
gran comprensión y revelación.
En la nube nueve
La felicidad es difusa como una nube,
indefinible y cambiando continuamente.
No es temporal ni permanente. Es
eterna. Además, no está muerta: está
muy, muy viva. Es la vida misma, así que
no es estática sino dinámica. Cambia
constantemente. Esa es la paradoja de la
felicidad: que es eterna y cambiante, a cada momento nueva y siempre la
misma. En cierta manera siempre ha
existido; en cierta manera a cada momento te sentirás extático y
emocionado. Te sorprenderá a cada momento. Es muy nebulosa y no puede ser calificada
como momentánea o permanente.
Comienza a sentir una nube de
felicidad a tu alrededor. Sentado en
silencio siente una nube a tu alrededor.
Relájate en ella y después de unos días sentirás que se ha vuelto una
realidad, porque está ahí; sólo que no ha las sentido todavía. Está ahí.
Todo vive en una nube de felicidad; simplemente tienes que reconocerla,
es todo. Nacemos con ella. Es nuestra aura, nuestra naturaleza misma,
intrínseca. Otras veces siéntate en
silencio relajado, y siente que te estás perdiendo en una nube de felicidad que
te rodea, que cambia constantemente pero permanece contigo.
Conforme comienzas a perderte te
sentirás más feliz. Habrá algunos
momentos en que estés completamente perdido.
Cuando la nube es, tú no eres.
Ésos son momentos de satori o samadhi, los primeros
vislumbres, aunque lejanos, de la verdad.
Una vez que la semilla esté ahí, el árbol estará viniendo.
¡Imagínatelo!
Si tienes una imaginación fuerte y si
puedes utilizar tu capacidad conscientemente, puede ser una ayuda inmensa. Si no la usas con consciencia puede
convertirse en una barrera. Si tienes
alguna capacidad, debes utilizarla; si no, se vuelve como una piedra en el
camino. Debes pisarla y transformarla en
un escalón. Empieza a hacer tres cosas.
Primero imagínate tan feliz como sea
posible. Después de una semana empezarás
a sentir que estás muy feliz sin razón alguna; será una prueba de tu capacidad
latente. Lo primero que debes hacer por
la mañana es imaginarte inmensamente feliz.
Sal de la cama con el ánimo muy feliz: radiante, chispeante y a la
expectativa, como si algo perfecto, de valor infinito, fuera a abrirse o a
suceder. Sal de la cama con un ánimo muy
positivo y mucha esperanza, con la sensación de que ese día no será común, de
que algo excepcional y extraordinario te está esperando y está muy cerca. Recuérdalo una y otra vez durante todo el
día. Después de siete días verás que
todo tu patrón de comportamiento, tu estilo y tu vibración han cambiado.
Lo segundo es que cuando te vayas a
dormir imagínate que estás cayendo en las manos de Dios, como si la existencia
te estuviera sosteniendo, como si te estuvieras quedando dormido en su
regazo. Visualiza eso y duérmete. El punto es imaginar y dejar que el sueño
venga, de manera que la imaginación entre en el sueño y se traslapen.
Lo tercero es que no te imagines nada
negativo, pues si la gente que tiene capacidad imaginativa se imagina cosas
negativas, estas suceden. Si crees que te vas a enfermar, te enfermas. Si te imaginas que alguien viene y se porta
mal contigo, sucede. Tu sola imaginación
creará la situación. Imagina eso en la
mañana y en la noche, y recuerda no pensar en nada negativo durante todo el
día. Si algo viene, inmediatamente
vuélvelo positivo. Dile que no. Exclúyelo y deshazte de él.
Sonríe desde el vientre
Siempre que estés sentado y no tengas
nada que hacer, relaja tu mandíbula inferior y abre ligeramente la boca. Respira por la boca, pero no
profundamente. Tan sólo deja que el
cuerpo respire, de forma que la respiración sea cada vez más ligera. Cuando sientas que la respiración se ha
vuelto muy ligera y que la boca está abierta y la mandíbula relajada, sentirás
todo tu cuerpo muy relajado.
En ese momento, siente que surge una
sonrisa; no en el rostro sino en tu ser interior. Serás capaz de hacerlo. No es una sonrisa que aparecerá en los
labios; es una sonrisa de la existencia que se extiende en tu interior.
Inténtalo esta noche y sabrás lo que
es, pues no puede explicarse. No
necesitas sonreír con los labios, o el rostro, sino como si estuvieras
sonriendo desde el vientre; el vientre está sonriendo. Es una sonrisa, no una carcajada, así que es
muy suave, delicada y frágil, como una rosa pequeña abriéndose en el vientre y
su fragancia se extiende por todo el cuerpo.
Una vez que hayas conocido lo que es
esta sonrisa, podrás permanecer feliz durante veinticuatro horas. Siempre que sientas que estás perdiendo la
felicidad, cierra los ojos y observa otra vez esa sonrisa y la verás ahí. Durante el día puedes volver a ella tantas
veces como quieras. Siempre está ahí.
Derriba la gran muralla china
Durante toda su vida, muchas personas
han llegado sólo hasta cierto punto en todos los aspectos. Si estás enojado, llegas sólo hasta cierto
punto. Si estás triste, llegas sólo
hasta cierto punto. Si estás feliz,
llegas sólo hasta cierto punto. Hay una
línea sutil más allá de la cual nunca has ido; todo llega hasta ahí y se
detiene. Se ha vuelto casi automático, y
en cuanto llegas a esa línea te detienes.
Todos hemos sido educados así: se nos
permite enojo pero hasta cierto punto, pues más puede ser peligroso. Se nos permite cierta alegría pero no más,
porque podrías enloquecer. Se nos
permite estar tristes sólo un poco pero nada más, porque podría ser
suicida. Hemos sido entrenados y hay una
muralla china alrededor de ti y de todos los demás. Nunca vamos más allá de ella. Es nuestro único espacio, nuestra única
libertad, de manera que cuando empezamos a estar felices o alegres, esa muralla
china se interpone en el camino. Tienes
que estar al tanto de esto.
Realiza un experimento que te ayudará
tremendamente. Se llama el método de la
exageración. Es uno de los métodos
tibetanos más antiguos de meditación. Si
empiezas a sentirte triste, cierra los ojos y exagera la tristeza. Entristécete lo más posible, trasciende el
límite. Si quieres quejarte, sollozar y
llorar, hazlo. Si tienes ganas de rodar
en el piso, hazlo, pero ve más allá del límite ordinario, a donde nunca has
llegado.
Exagéralo porque ese límite, esa
frontera constante dentro de la cual has vivido, se ha vuelto una rutina tal,
que a menos que la trasciendas no podrás estar consciente. Es parte de tu mente habitual, así que puedes
enojarte pero no te darás cuenta de ello a menos que trasciendas la
frontera. De pronto estas consciente de
ello porque está pasando algo que nunca había sucedido.
Hazlo con la tristeza, con el enojo,
con los celos, con cualquier sentimiento de un momento determinado, y
particularmente con la felicidad. Cuando
te sientas feliz no creas en los límites.
Simplemente ve y trasciéndelos: baila, canta o menéate. No seas avaro.
Una vez que aprendas a traspasar el
límite estarás en un mundo totalmente diferente. Entonces sabrás todo lo que te has estado
perdiendo en la vida. Chocarás contra la
muralla china muchas veces, pero poco a poco aprenderás a salir de ella, pues
realmente no está ahí, es sólo una creencia.
Crea un mundo privado
Practica este método todas las
noches. Tiene tres fases. Los primeros siete días, practica la primera
fase. Acostado o sentado en la cama,
apaga la luz y permanece en la oscuridad.
Recuerda cualquier momento hermoso que hayas experimentado en el pasado:
escoge el mejor. Puede ser algo
ordinario, pues en ocasiones las cosas extraordinarias suceden en lugares muy
ordinarios.
Estás sentado, quieto y sin hacer nada
y la lluvia cae sobre el techo. El olor,
el sonido... estás rodeado y de repente algo hace clic; estás en un momento
sagrado. Caminando un día por la calle
de pronto te llega el sol por detrás de los árboles y ¡click!, algo se abre. Por un momento eres transportado a otro
mundo. Una vez que has escogido el
recuerdo, mantenlo durante siete días.
Cierra los ojos y revívelo.
Adéntrate en los detalles. La
lluvia cae sobre el techo, el sonido rítmico, el olor, la mera textura del
momento, un pájaro canta, un perro ladra, un plato se cae; todos los
sonidos. Penetra en los detalles en
todas las direcciones, desde muchas dimensiones, a través de todos los
sentidos. Cada noche encontrarás que
estás profundizando más en los detalles, recordando cosas que tal vez se te
escaparon en el momento real pero que tu mente grabó. Independientemente de si tú te das cuenta o
no en el momento, la mente lo graba.
Empezarás a sentir matices sutiles que
no sabías que experimentaste. Cuando tu
consciencia se enfoca en ese momento, estará ahí otra vez. Sentirás cosas nuevas. Repentinamente reconocerás que estabas ahí
pero que se te habían escapado en el momento.
La mente graba todo. Es un sirviente
muy confiable, y tremendamente capaz.
Para el séptimo día podrás verlo con tanta claridad que sentirás que nunca
has visto un momento real tan claramente como ése.
Después de siete días, haz lo mismo
pero añade algo más. El octavo día
siente el espacio a tu alrededor. Siente
que el clima te rodea por todos lados, hasta un metro de ti. Siente el aura de ese momento que te
rodea. Para el día 14 casi serás capaz de estar en un mundo totalmente
diferente, aunque consciente de que un metro más allá de ti, están presentes un
tiempo y una dimensión totalmente distintos.
La
tercera semana añade algo más. Vive el momento, permanece rodeado por él y
además crea un anti-espacio imaginario.
En
este anti-espacio te sientes muy bien; por ejemplo, un metro a tu alrededor
está esa bondad, esa divinidad. Ahora piensa en una situación: alguien te
insulta pero el insulto sólo llega hasta el límite. Hay una valla y el insulto
no puede penetrarte. Entra como una flecha y rebota. O bien recuerda algún
momento triste: estás lastimado pero la herida llega a la muralla de vidrio que
te rodea y queda ahí. Nunca te alcanza. Para la tercera semana serás capaz de
ver, (si las dos primeras han ido bien), que todo llega hasta el límite de un
metro y nada te penetra.
Entonces,
a partir de la cuarta semana mantén el aura contigo. Cuando vas al mercado o
hablas con la gente tenlo siempre en mente. Estarás tremendamente emocionado.
Te moverás por el mundo teniendo tu propio mundo íntimo, siempre contigo.
Eso
te hará capaz de vivir en el presente. Continuamente eres bombardeado por miles
de cosas, y estas cosas atraen tu atención; si no tienes un aura de protección
a tu alrededor, eres vulnerable. Un perro ladra y repentinamente la mente se ve
atraída hacia esa dirección. Aparece el perro en la memoria. Ahora tienes
muchos perros en la memoria. Un amigo tuyo tiene un perro y ahora del perro
pasas al amigo, después a la hermana del amigo, de quien te has enamorado.
Empieza todo el absurdo. El ladrido de ese perro estaba en el presente pero te
llevó a alguna parte del pasado. Puede llevarte al futuro, no puede saberse.
Cualquier cosa puede llevar a cualquier otra, es muy complicado.
Por
ello necesitas un aura que te rodee y proteja. El perro sigue ladrando pero tú
permaneces en ti mismo: asentado, calmado, tranquilo y centrado. Lleva esa aura
durante unos días o unos meses. Cuando veas que ya no es necesaria, puedes
tirada. Una vez que sepas cómo estar aquí y ahora, una vez que hayas disfrutado
de su belleza, de la tremenda alegría que conlleva, puedes tirar el aura.
Pies Felices
Pies Felices
Cuando te rías, ríete con todo el cuerpo; ese es el punto que debe entenderse. Puedes reírte sólo con los labios, puedes reírte con la garganta, pero no será profundo.
Siéntate
en el piso en medio de la habitación y siente que la risa viene desde las
plantas de los pies. Primero cierra los ojos y después siente que vienen oleadas
de risa desde los pies. Son muy sutiles. Llegan al vientre y se vuelven más
visibles; el vientre empieza a temblar y a estremecerse. Lleva la risa al
corazón y el corazón se sentirá muy lleno. Después llévala a la garganta y
luego a los labios. Puedes reírte con la garganta y los
labios, puedes hacer un ruido que suene como la risa, pero no lo será ni
ayudará mucho. Será otra vez un acto mecánico.
Cuando
empieces a reírte, imagínate que eres un niño pequeño. Visualízate como un niño
pequeño. Cuando los niños se ríen, se revuelcan en el piso. Si te dan ganas,
revuélcate. Déjate llevar totalmente. Eso es mucho más importante que el
sonido. Una vez que empiece, lo sabrás. Durante dos o tres días tal vez no
puedas sentir si está sucediendo o no, pero sucederá. Sácala desde las raíces,
como una flor sale de un árbol, viene de las raíces. Va subiendo. No puedes
verla en ningún otro lugar, sólo cuando llega y florece en la copa la puedes
ver, pero viene desde las raíces, desde muy profundo. Ha viajado desde las profundidades.
Exactamente
de la misma manera la risa debe empezar en los pies y moverse hacia arriba.
Permite que todo el cuerpo sea sacudido por ella. Siente la vibración
estremecedora y coopera con ella. No permanezcas tieso: relájate y coopera.
Incluso si al principio exageras un poco, ayudará. Si sientes que la mano
tiembla, ayúdale a temblar más de manera que la energía comience a fluir y a
distribuirse. Entonces revuélcate y ríete.
Haz
esto en la noche antes de acostarte. Diez minutos bastarán, y después
duérmete. En la mañana, que sea lo primero que hagas; puedes hacerlo en la
cama. Que sea lo último en la noche y lo primero en la mañana. La risa nocturna
marcará una dirección en tu sueño. Tus sueños serán más alegres, más
alborotados, y te ayudarán a la risa matutina: crearán el ambiente. Y la risa
matutina marcará la dirección para todo el día.
Cualquiera
que sea lo primero que hagas en la mañana, marca la dirección de todo el día.
Si te enojas, se vuelve una cadena. Un enojo lleva a otro enojo y luego otro
enojo lleva a otro más. Te sientes muy vulnerable, cualquier cosa te da la
sensación de ser herido, insultado. Una cosa lleva a otra. Realmente lo mejor
para empezar el día es la risa, pero permite que sea algo completo. Durante
todo el día, siempre que se de la oportunidad, no la dejes pasar: ¡ríe!
El
mantra "sí"
Te
estoy enseñando a decirle que sí a la vida, al amor, a la gente. En efecto, hay
espinas, pero no hay necesidad de tomarlas en cuenta. Ignóralas; medita en la
rosa. Y si tu meditación profundiza en la rosa y la rosa profundiza en ti, las
espinas se irán volviendo más pequeñas. Llega un momento en que la rosa te ha
poseído por completo; ya no hay espinas en el mundo.
Empieza
a poner tu energía en el "sí"; haz del "sí" un mantra. Todas
las noches antes de acostarte, repite: "Sí... sí...", y entra en
sintonía con eso. Entra en ritmo y deja que llegue a todo tu ser, desde los
dedos de los pies hasta la cabeza. Deja que te penetre. Repite «Sí...
sí...". Deja que sea tu plegaria durante diez minutos en la noche y
después duérmete.
Temprano
en la mañana, durante al menos tres minutos, siéntate en la cama y hazlo. Lo
primero que debes hacer es repetir "sí" y adentrarte en ese
sentimiento. Durante el día, siempre que empieces a sentirte negativo, detente
donde estés. Si puedes decir en voz alta "Sí... sí...", bien; si no,
al menos repítelo en silencio. Practícalo durante tres semanas.
No estés triste: ¡enójate!
Enojo y tristeza son lo mismo. La tristeza es enojo pasivo y el enojo es tristeza activa. Es difícil que una persona triste se enoje. Si puedes hacer enojar a una persona triste, su tristeza desaparecerá inmediatamente. También es muy difícil para una persona enojada entristecerse. Si logras entristecerlo, su enojo desaparecerá de inmediato.
En
todas nuestras emociones se guarda la polaridad básica, (hombre y mujer, yin
y yang, masculino y femenino). El enojo es masculino y la tristeza
es femenina. Si estás en sintonía con la tristeza es difícil pasar al enojo,
pero me gustaría que lo hicieras. Sácalo, actúalo. Incluso si parece absurdo,
no importa: ¡sé un bufón ante tus propios ojos pero sácalo!
Si
puedes mantenerte entre el enojo y la tristeza, ambos se vuelven igual de
sencillos. Experimentarás una trascendencia y entonces serás capaz de
observar. Puedes estar detrás de las cámaras y ver el juego y así puedes ir más
allá de ambos. De cualquier manera, primero tienes que moverte con facilidad
entre esos dos; de otra manera tenderás a estar triste, y cuando uno está
pesado la trascendencia es difícil.
Recuerda:
cuando dos energías opuestas están distribuidas equitativamente, es muy fácil
liberarse de su influencia porque están peleando y cancelándose entre sí y tú
no estás atrapado por ninguna. Si tu tristeza y tu enojo tienen la misma fuerza,
se cancelan entre sí. De repente eres libre y puedes escapar. Sin embargo, si
la tristeza tiene el setenta por ciento y el enojo el treinta, es muy difícil.
Treinta por ciento de enojo contra setenta de tristeza significa que quedará un
cuarenta por ciento de tristeza; no serás capaz de escapar con facilidad. Ese
cuarenta por ciento te atrapará.
Ésta
es una de las leyes básicas de la energía interna: permitir siempre que las
polaridades opuestas tengan la misma fuerza para poder escapar de ellas. Es
como si dos personas están peleándose y tú puedes escapar. Están tan ocupados
consigo mismos que no necesitas preocuparte y puedes escapar.
No
inmiscuyas a la mente. Sólo vuélvelo un ejercicio. Puedes convertirlo en un
ejercicio diario, olvídate de esperar a que llegue. Tendrás que enojarte a
diario, eso será más fácil. Entonces brinca, da vueltas; grita y sácalo. Una
vez que lo hayas sacado sin razón, estarás muy feliz porque tendrás libertad.
De otra forma el enojo es dominado por las situaciones, tú no lo manejas. Si no
puedes traerlo, ¿cómo vas a poder hacerlo a un lado?
En
un principio parece un poco raro, extraño o increíble, pues siempre has creído
en la teoría de que es el insulto de otra persona lo que ha creado tu enojo.
Eso no es verdad. El enojo siempre ha estado ahí; simplemente alguien te ha
dado una excusa para que salga.
Tú puedes darte
una excusa: imagínate una situación en la que te
enojarías y enójate. Háblale a la pared y di cosas, iy pronto la pared te
estará hablando! Enloquece completamente. Tienes que llevar el enojo y la
tristeza a un nivel similar, donde estén proporcionados exactamente. Se
cancelarán entre sí y tú podrás escapar.
George Gurdjieff lo llamaba el método
del tramposo: llevar a las energías internas a un conflicto tal que luchen
entre sí y se cancelen, de manera que uno tenga la oportunidad de escapar.
Nota los intervalos
Lo
realmente verdadero es el intervalo: entre dos palabras, dos pensamientos, dos
deseos, dos emociones o dos sentimientos. Siempre hay una pausa; entre el sueño
y la vigilia o entre la vigilia y el sueño. En el espacio entre cuerpo y alma,
en ese intervalo. Cuando el amor se vuelve odio, la pausa en la que ya no es
amor y todavía no es odio. Cuando el pasado se vuelve futuro, la pausa en la
que ya no está ahí y el futuro no ha llegado,
ese momento pequeñísimo, ése es el presente, eso es el ahora. Es tan
pequeño que no puede ser considerado parte del tiempo. Es tan pequeño que no
puede ser dividido. Esa pausa es indivisible y llega a cada momento de mil
maneras.
Tus
estados de ánimo cambian de uno a otro y tú pasas por ellos. En veinticuatro
horas experimentamos esos intervalos tantas veces que es un milagro que no nos
damos cuenta. Sin
embargo, nunca observamos la pausa; hemos aprendido
ese truco, a no mirarla. Es tan pequeña que
viene y se va y nunca nos damos cuenta de ella, de
que ha estado ahí. Nos damos cuenta de las cosas sólo cuando ya no están,
cuando se han convertido en parte del pasado. O bien nos damos cuenta cuando
están llegando y son parte del futuro, pero cuando realmente están aquí nos las
arreglamos para no verlas.
Cuando
estás enojado, no lo ves; después te arrepientes. Cuando es muy inminente lo
sientes y te ves perturbado porque llegue otra vez. Pero cuando está ahí, de
repente te vuelves ciego y sordo, inconsciente, no te das cuenta. La pausa es
tan pequeña que si no estás completamente alerta no la percibirás. Es muy
pequeña, sólo puedes captada si estás consciente por completo. Sólo cuando
estés totalmente ahí serás capaz de ver. Cuando un pensamiento deja de existir
y surge otro, entre ambos hay un intervalo sin pensamientos. Eso es lo verdaderamente
importante.
Te
estoy dando la clave. Ahora debes de empezar a trabajar con esa clave en tu
ser. Cuando te quedes dormido, trata de ver la pausa cuando ya no estás
despierto y todavía no estás dormido. Hay un momento, muy sutil, pero no dura
mucho. Es sólo como un golpe de brisa: está ahí y ya se ha ido. Sin embargo, si
puedes percibirlo te sorprenderás: te habrás tropezado con el tesoro más grande
de la vida.
Al
pasar por la pausa, aún sin darte cuenta, te ves beneficiado. Algo, un poco de
la fragancia, llega a tu ser aunque no te des cuenta. A partir de este momento
ponte alerta. Lentamente aprenderás a hacerlo.
Date cuenta tres veces
Los
budistas tienen un método particular al que llaman "darse cuenta tres
veces". Si surge un problema, (por ejemplo, si alguien siente de pronto
deseo sexual, ambición o enojo), tiene que darse cuenta tres veces de que está
ahí. Si hay enojo, el discípulo tiene que decir interiormente tres veces:
"enojo... enojo... enojo”, sólo para darse cuenta por completo de manera
que la consciencia tome nota.
Eso es todo; después sigue haciendo lo que estaba haciendo. No hace nada con el enojo sino que simplemente se da cuenta tres veces de que está ahí.
Eso es todo; después sigue haciendo lo que estaba haciendo. No hace nada con el enojo sino que simplemente se da cuenta tres veces de que está ahí.
Es
tremendamente hermoso. En el momento en que tomas consciencia de eso y te das
cuenta, desaparece. No puede atraparte porque sólo puede hacerlo cuando no
estás consciente. Este darte cuenta tres veces te vuelve tan consciente por
dentro que quedas separado del enojo. Puedes verlo objetivamente porque está
"ahí" y tú estás "aquí". Buda les dijo a sus discípulos que
hicieran eso con todo.
Comúnmente,
todas las culturas y civilizaciones nos han enseñado a reprimir los problemas,
de manera que poco a poco uno deja de estar consciente de ellos, incluso tanto
que los olvida, cree que no existen.
Lo
cierto es justo lo opuesto. Toma consciencia de ellos por completo, y al tomar
consciencia y enfocarte en ellos, se funden.
La ley de la afirmación
Hay
una ley espectacular llamada "la ley de la afirmación". Si puedes
afirmar algo profunda, total y absolutamente, esto comienza a volverse real. Es
por eso que la gente está en la desolación: ¡afirman la desolación! Es por eso
que la gente es feliz, pero sólo algunos, pues pocos están al tanto de lo que
hacen con su vida. Una vez que afirmas la alegría, te vuelves alegre.
Vuélvelo
una regla: deja de afirmar lo negativo y empieza a afirmar lo positivo. Después
de algunas semanas te sorprenderás de que tienes una llave mágica en las
manos.
Por
ejemplo, si te entristeces fácilmente, cada noche antes de dormirte afirma
veinte veces en silencio y profundamente para ti, (lo suficientemente fuerte
para que puedas escucharlo), que vas a ser alegre, que eso va a suceder, que ya
viene.
Has vivido tu última tristeza... ¡Adiós! Repítelo veinte veces y duérmete. En la mañana, apenas te des cuenta de que el sueño se ha ido, no abras los ojos: repítelo veinte veces.
Has vivido tu última tristeza... ¡Adiós! Repítelo veinte veces y duérmete. En la mañana, apenas te des cuenta de que el sueño se ha ido, no abras los ojos: repítelo veinte veces.
Mira
el cambio durante el día.
Te sorprenderás: a tu alrededor hay algo diferente. Después de siete días habrás afirmado algo y conocido el resultado. Entonces lenta, lentamente deshazte de todos los aspectos negativos. Escoge algún aspecto negativo para una semana y deshazte de él. Escoge un aspecto positivo y absórbelo.
Te sorprenderás: a tu alrededor hay algo diferente. Después de siete días habrás afirmado algo y conocido el resultado. Entonces lenta, lentamente deshazte de todos los aspectos negativos. Escoge algún aspecto negativo para una semana y deshazte de él. Escoge un aspecto positivo y absórbelo.
Todo
depende de nuestra elección.
El infierno es creado por tus pensamientos y el cielo también.
"Un hombre es como piensa".
Una vez que has visto esto, (que el pensamiento puede crear al infierno y al cielo), entonces puedes dar el salto definitivo hacia el no-pensamiento. Uno puede trascender tanto al infierno como al cielo, y recuerda, es más fácil trascender al cielo que trascender al infierno, así que muévete primero de lo negativo a lo positivo. Parece paradójico pero es más fácil dejar algo hermoso que algo horrible. Lo horrible se te cuelga.
El infierno es creado por tus pensamientos y el cielo también.
"Un hombre es como piensa".
Una vez que has visto esto, (que el pensamiento puede crear al infierno y al cielo), entonces puedes dar el salto definitivo hacia el no-pensamiento. Uno puede trascender tanto al infierno como al cielo, y recuerda, es más fácil trascender al cielo que trascender al infierno, así que muévete primero de lo negativo a lo positivo. Parece paradójico pero es más fácil dejar algo hermoso que algo horrible. Lo horrible se te cuelga.
Es
más fácil dejar de ser rico que pobre. Es más fácil dejar a un amigo que a un
enemigo. Es más fácil olvidar a un amigo que a un enemigo. Convierte al
infierno en cielo, (las religiones orientales nunca
han ido más allá de eso), pero Oriente lo ha inventado), y después abandona
también al cielo, pues incluso un pensamiento positivo sigue siendo un
pensamiento. Empieza a afirmar el no-pensamiento y finalmente sucederá.
Osho. Fragmento de Tonico para el Alma
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